Esta obra fue montada en la navidad del año 1998? Pretende ser una comedia. Me apena mi pretensión de utilizar un lenguaje inculto (no haré las correcciones), los diálogos utilizan una forma de expresión que quisiera imitar la de los campesinos del Seibo, en el Este de la República Dominicana. Y es realmente extraña, por los elementos tecnológicos que incluye y el impacto de esta situación... le puse un título que parecía más un ensayo literario "Impacto Tecnológico en el campo...". Pero que así quede para la posteridad:
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Personajes
Don Francisco: Hacendado del Seybo
María: Esposa de don Francisco
Pancho: Hijo mayor de don Francisco
Marianela: Hija de don Francisco
Ignacio: Curandero del pueblo (Haitiano)
Orlando: Sobrino de don Francisco, Ing.Sistemas
Pedro, José: Empleados de don Francisco (Campesinos)
La obra se desarrolla en la casa de Don Francisco, hacendado de la zona este del país que se dedica a la crianza de ganado, siembra y cosecha de caña. La sala, que sirve de escenario a la obra, está adornada de manera sencilla pero que muestra cierta elegancia. Es notable el ambiente pascuero, por las guirnaldas, un arbolito, etc. La sala tiene muebles, mesas, etc. Don Francisco es un hombre gruñón y está en la ciudad luchando porque "me paguen lo que con tanta lucha he hecho".
Acto I
Escena I
José : Bueno, el patrón salió para la ciudad con un "truño" y cuando ese hombre se "entruña", "jú", no "e'" fácil, a cualquiera le canta "claro y pelao'". Y esa gente del CEA, "n ' de paga '".
Pedro : Imagínate tú, si él con tantas "amarres" tiene problemas para conseguir que le paguen ¡es muy grande la cosa!.
José : No me puedo imaginar nada, a mi no me pagan para pensar. Lo que sí sé es que si a ese hombre no le pagan hoy, la que nos espera no ser fácil; ¡se armar la de no te menees...! (se escucha la yipeta de don Francisco)
Pedro : ¿Qué es eso que se oye? ¡OH, OH! llegó el momento que todos estamos esperando, si es para bien; y al que estamos huyendo si es para mal...
José : ¡Ay, cállate! no seas pájaro de mal agüero, esperemos lo mejor siempre de nuestro jefe. (Se oyen voces)
Pedro : ¿¡Hey, parece que no viene de mal humor, óyelo como viene cantando, y silbando!, bueno vamos a suspender la chercha, no vaya a ser que le coja con nosotros...
Escena II
Los sirvientes están desempolvando los muebles cuando entra don Francisco con voz estruendosamente alegre. Sus pasos fuertes, así como su figura, estremecen la casona; donde todos lo esperaban con temor impaciente.
Don Francisco: ¡María, Pancho, Nela!, ¡vengan todos!, ¿les tengo buenas noticias (ve a los criados y se les acerca ). ¿Dónde están todos?
José: Patrón, doña María está en las habitaciones, el señorito Pancho está cabalgando y la señorita Marianela se encuentra leyendo debajo del tamarindo, ¿quiere que les avise?
Don Francisco: Sí, busca a todos y da órdenes de que maten una ternera, que preparen una buena cena. Y tú (al Pedro) ve y desmonta los paquetes del yip. (v nse los sirvientes).
Don Francisco: (Sólo). ¡Qué feliz estoy, eso me tenía con un dolor de cabeza muy grande! Pero deja que les dé la noticia, que vean los regalos que les he traído. ¡Ay Pancho, cuando vea su sorpresa!, aunque no sé como me dejé engatusar de esos vendedores. Sin embargo creo que valdrá la pena. No podemos estar al margen de la tecnología (se estruja las manos con euforia y vase hacia las habitaciones gritando ¡María, María!)Acto II
Escena I
Está toda la familia reunida en la sala y comentando uno que otro tema. Sobre una de las mesas están los regalos. La sala tiene la misma decoración. Todos están alegres. Don Francisco sale de las habitaciones.
Don Francisco: ¡Dónde se habían metido, aguafiestas!
María : ¡Hombre!, ya veo que estás alegre, recé a la virgencita (se besa el pulgar derecho) por tí. Dínos, te pagaron...
Don Francisco: ¡Claro!, sólo eso podía sacarme del hoyo en que estaba metido...
Marianela : Papá , veo que nos trajiste muchos regalos, incluyendo tu sonrisa, que ya nos hacía falta, a ver ¿qué contienen?
Don Francisco: Pero, ¡si para ustedes vivo!, tomen sus regalos zapatos, vestidos, telas todo para ustedes (se acercó a la mesa tomó varios de los paquetes y los entregó). Para tí Pancho, mira lo que he traído. (Le muestra los paquetes que restan sobre la mesa).
Pancho: ¿Qué es esto? No, no déjame adivinar: un televisor, un VHS y un equipo estereofónico...(Don Francisco ríe, pero mueve la cabeza de un lado a otro negando la respuesta)
Don Francisco: Una pista. Este aparato concentra toda la inteligencia del hombre a través de la historia. Permite hacer cartas, libros, llamadas, etc.Pancho: ¡Ah, es una secretaria!
Don Francisco: No, no. Oye otra pista. Permite hacer c lculos contables y no contables también. Nos permitiría calcular lo que poseemos, y diría si estamos ganando o perdiendo.
Marianela: Entonces es un contador.
Don Francisco: ¡Chst, no, no comprenden!. Les pondré un ejemplo de lo que se puede hacer, y ver si adivinan. Si quisiermos saber la cantidad de veces que tenemos que ordeñar las vacas para obtener una buena producción lechera, incluyendo qué alimento darles; ella nos lo podría decir...
Doña María: ¡Pero querido, eso es un veterinario...!
Don Francisco: No, no, ¡no!. Miren, a todo lo que les he dicho agreguen el poder de pensar, ayudar a la toma de decisiones, resolver problemas y dar órdenes.
Pancho: Papá , sin duda estás hablando de un político, ellos hacen todas esas cosas que tú dices, y m s.
Don Francisco: ¡Esto es una computadora!
(Todos dicen Ahh!)
Pancho: ¡Claro, qué tontos somos! (se rasca la cabeza) Y ¿cómo funciona?, ¿qué permite hacer?
Don Francisco: No, tontos no, ustedes son m s brutos que el burro Tobías. ¿Cómo es posible que ni siquiera conozcan la palabra computadora, que estén tan a la espalda de la tecnología? (Aparte). ¿Y ahora qué les digo? Él vendedor ese, sólo me dio esas explicaciones, aunque me enseñó como instalarla. (A todos) Bueno, ser mejor que les haga una demostración para que entiendan con los ojos lo que no les entra por los oídos...
Escena II
La m quina está instalada, aunque no tiene el teclado conectado. Todos en la casa están observando a don Francisco, quien dar la esperada demostración del funcionamiento del aparato.
Don Francisco: (Enciende el computadora) Pues bien, observen cómo se prepara para recibir órdenes.
José: (Aparte, a Pedro) Si como el amo dice, el aparato ese hace todas esas cosas, nos va a ir mal. Nos van a "da' esa bota '"...
Pedro: No seas animal, cómo la "compota" esa puede hacer lo que nosotros, estás loco o te pica el caco.
José: Pero no oíste lo que dijo el jefe que podía hacer esto (se cruza de brazos y se queda cavilando, en ese momento vuelve a hablar don Francisco, y lo atienden).
(La computadora había encendido)
Don Francisco: Bien, estamos listos. ¡Computadora! (le habla a la computadora) esta es mi familia el es Pancho, ellas son María y Nela, y estos son mis empleados. Yo quiero que me digas (A todos) Comencemos por preguntas sencillas. (A la computadora) ¿Qué día es hoy? (Esperan respuesta, pero el computadora no responde)
Pancho: Tal vez, la pregunta es muy difícil, porque tiene mucho tiempo apagada. Hazle una m s f cil, como ¿cuál l es su nombre, edad, etc.?
Don Francisco: Tienes razón. (A la computadora) ¿Cómo te llamas? (Esperan respuesta, no responde).
Doña María: Mi amor, lo que pasa es que le estás preguntando tonterías, un aparato, que como tu dices es "muy inteligente", pensar que le quieren tomar el pelo. Pregunta algo m s complicado.
Pedro: Don Francisco, tal vez la "compota" no entiende el español, tal vez entiende otro idioma.
(Todos miraron a Pedro, convencidos como siempre del buen sentido común que tenía)
Don Francisco: Yo siempre lo he dicho, y lo oí de alguien que no recuerdo "el sentido común no es el m s común de los sentidos...", Pedro, tú tienes un sentido común que por momentos me asombra... Está bien déjame decir unas palabritas en inglés (a la computadora) "¡Jeslo consputer!", "güachu nein"... (la computadora sigue sin responder y don Francisco se pasa la mano por la cabeza con enfado)
(Se va la luz, don Francisco suspira con alivio, pero está enojado con el vendedor, pensando que lo habían engañado y refunfuña)Don Francisco: Señores, vamos a descansar, yo estoy muy cansado por mi ida a la ciudad. Cuando llegue la luz, me avisan. Sigan con los preparativos de la cena. Voy a oír un poco de radio. (V nse todos, él enciende el radio de pilas).
Radio: ¡...pues tengan cuidado, con los virus que están ya afectando hasta a las computadoras, sigan las instrucciones que hemos dado y hasta el próximo programa, amigos...!
Don Francisco: ¿Cómo es esto? ¿qué he oído? ¿que las computadoras se infectan con virus? ¿pero cómo es posible que una m quina se enferme? tal vez por eso es que ... ¡Pancho, ven acá enseguida, tenemos que llamar al curandero a ver cómo "nos santigua" el computadora, y lo pone a funcionar de una vez! ¡diantres, mientras m s conozco al aparato digo que es m s parecido en inteligencia al hombre, pero no sabía que contrajera inclusive enfermedades...!
Pancho: ¡Papá , ¿qué te sucede?! ¿te pasa algo?
Don Francisco: No mi hijo, creo que he descubierto la causa del problema del computadora, llama inmediatamente al curandero, creo firmemente que el computadora tiene un virus...
Pancho: ¡La que nos faltaba, papá pero qué te pasa! (le pone la mano en la frente a su padre). Déjalo ahí por favor, ya le dedicaremos suficiente tiempo al computadora. Podemos llamar inclusive a Orlando en la capital, tú sabes que el trabaja con algo de eso...
Don Francisco: Está bien malo, pero mientras tanto yo llamaré al curandero, la computadora está enferma y tenemos que curarla.
Acto III
Escena I
Ignacio, el curandero, ha llegado y espera a don Francisco, que está por los alrededores de la finca, supervisando unos trabajos. Él curandero está despeinado, con un sombrero sucio y andrajoso entre las manos. Tiene una bolsa llena de hojas y vestido con una camisa de estampados extravagantes. Se comporta con cierta sicosis, mirando para todos lados, temiendo a algo.
José: Ignacio, ¿cómo le va? ¿dónde se había metido?
Ignacio: No creo que sean sus problemas, si le interesara saber donde estaba me hubiera localizado. Don Francisco no sabía tampoco, y míreme aquí, me mandó a buscar.
José: ¿Y sabes por qué te mandó a buscar?
Ignacio: La verdad, no sé, supongo que alguna enfermedad le aqueja y quiere que le santigüe o dé un baño de hojas.
José: Le voy a decir. Sucede que don Francisco ha comprado un aparato al que le llaman "compota". Ese aparato no funciona bien y don Francisco jura y perjura que en el radio escuchó la noticia de que existen unos virus que afectan a esos aparatos. La verdad Pedro y yo estamos alegres que se haya enfermado el aparato ese, porque don Francisco dice que eso hace "des" todo.
(Entra don Francisco en ese momento)
Don Francisco: ¡Oh, Ignacio ya está aquí!, pase por aquí inmediatamente (lo conduce al computadora). Usted tiene que santiguarme esta computadora, no quiere responder a lo que le ordenamos. Tal vez tenga una "embrujo ", esté enferma o lo que sea, pero necesito que usted haga algo.
Ignacio: ¡Bueno, don Francisco! yo haré lo que pueda pero nunca me había topado con un caso en el que un aparato "eté embrujao'" o enfermo...
Don Francisco: Yo sé que suena extraño, pero este aparato es como si fuera hombre. Tiene su inteligencia, resuelve todos los problemas tan igualito o mejor que un hombre.
Ignacio: Pues vamos a hacer el esfuerzo.
(Saca algunos ramos de hojas, un pote de "agua de florida", el cual después de abrirlo rocía sobre la computadora "por los huecos del computadora", hace mímicas de plegarias, hace la señal de la cruz sobre el aparato y un sin número de rituales y muecas)
Ignacio: Déle este día de descanso y enciéndalo mañana en la mañana luego de cantar el gallo. Préndale una vela a San Miguel, para que él aleje los malos espíritus y la proteja; le aseguro que los "luases" han oído mi plegaria y "meter n su mano".
(Recoge todo, don Francisco le paga, y v se).
Epílogo
Don Francisco está en la sala meditando con una vela prendida frente al aparato. Canta el gallo. Llega Pancho con calma.
Pancho: Papá ¿qué te pasa, todavía con problemas con el aparato? ¿Qué te parece si llamamos a Orlando en la capital, tal vez el dé con la solución del problema...?
Don Francisco: Sí, sí, ll ma a quien tu quieras. Esto debe funcionar de alguna manera. Demasiado cuarto di yo para que se pierda así.
(Pancho se dirige al teléfono, que está al lado del computadora, marca unos números y espera)
Pancho: Por favor con Orlando... es de parte de su primo Pancho del Seybo... ¡Sí, Orlando, ¿cómo estás? ¿cu nto tiempo?!... "Mira", te llamo para pedirte por favor que vengas por acá tan r pido como puedas, siempre y cuando no tengas algún compromiso... entonces puedes venir... no si es por un computadora que compró pap , dice él que está enfermo y como tú trabajas con esas cosas, según mam ... bien, pues te esperamos...
(Tranca y tocan la puerta con insistencia, uno de los sirvientes abre).
Orlando: ¡Vine tan r pido como pude!
Pancho: A eso llamo yo rapidez, bien no hay tiempo que perder...Don Francisco: ¿Cómo estás sobrino? ¡qué bueno verte! estás hecho todo un hombre. Mira a ver qué tiene el el aparato ése, me tiene cansado.
Orlando: Con mucho gusto tío, no hay problema.
(Se acerca al computadora. Nota las velas alrededor de aparato)
Orlando: Y ¿a quién velan? se pueden mover estas velas...
Don Francisco: H ga lo que quiera sobrino, usted es quien sabe lo que puede no puede hacer.
(Pasa las velas a don Francisco. Enciende el computadora, que de inmediato explota en un corto circuito, como una explosión con cohetes chinos. Todos llegan a la s la y forman un alboroto. Orlando la desconecta.).
Don Francisco: ¿Qué ha pasado? Mis cuartos, dónde están. Sobrino, ¿qué ha hecho?
Orlando: Tío, no se qué fue lo que le echaron al computadora, agua o cualquier otra cosa.
Don Francisco: Ignacio le echó unos líquidos, sí. Agua de florida y no sé qué otras cosas.
Orlando: Este es un aparato sumamente delicado. ¡Dios quiera que no se haya dañado!.
(Abre el aparato, hace una que otra cosa. Y suspira aliviado, viendo que no es tan grave el problema. Termina, lo tapa y enciende nuevamente. Don Francisco y Pancho, observan haciendo gestos de aprobación a todo lo que hacía Orlando. Llegan todos los de la casa con murmullos, asustados por el esc ndalo de hace un momento.)Orlando: Por suerte no quedó inservible, y continuar trabajando. Vamos a ver... fíjense, para trabajar con éste equipo se debe tener conocimientos, no es cuestión de "enciende y trabaja".
Don Francisco: Pero sobrino, el vendedor me dijo que éso hacía esto, aquello y lo otro.
Orlando: No se lleve de todo lo que le digan, con tanta sencillez. Los vendedores aquí y en todo el mundo sólo quieren vender sin tener en cuenta la necesidad del cliente. Esto no es m s que una "caja negra". Lo que usted le entra es lo que obtiene. Es decir que si la llena de conocimientos e información inteligente obtendrá de ella buenos resultados, pero si la llena de basura, basura obtendrá .
José: Pero ¡señorito Orlando!, fuera hay un "saco e' comía pa' lo puejco", le podemos "ech ' pa'" que haga una "demuestración".
Orlando: ¡Por favor!, no interpreten el término "entrar" en el sentido de llenarlo de basura, ¡hasta ahí!, sino en el sentido de alimentarla con mala información, siempre con el idioma en que ella se comunica.
Pedro: ¡Pero don Francisco le habló en ingles, y ella no entendió "naíta"!.
Orlando: No es cuestión de hablar en inglés, siempre se necesita alguien que sepa manejarla.José: ¡Ahh!, pero Pichón, el chofer, maneja muy bien "loj camione' e' la finca", lo podemos ir a buscar.
Orlando: ¡Señores, ya basta!. No es cuestión de hablar inglés, no es que manejen el camión o el yip, o lo que sea. Miren los manuales que les traje.
(Les entrega manuales a don Francisco y Pancho).
José: Pero señorito Orlando, ¡si don Francisco dijo que el aparato ése hacía de todo!.
Don Francisco: Yo sólo sé que el vendedor ése me "engatusó", me "cogió de indio" y me dijo: "no necesitar m s empleados, esto hace de todo, la computadora resuelve todo eso".
Orlando: No señores, la computadora no hace que boten a nadie. (En ese momento Pedro y José, se abrazaron y rieron aliviados por la preocupación que tenían). No puede hacer el trabajo de otros. Ayuda a que el trabajo salga m s r pido, eso sí. Yo le recomiendo don Francisco, que me envíe varios días a Pancho para entrenarlo en el uso del computadora.
Don Francisco: No hay problema, lléveselo. ¡Pancho, prep rate que te ir s con el "p la capit "!. Pero ahora v mos a celebrar. Tr igan la ternera que mandé a preparar para la cena, tr igan música, animen esto. Bailemos y gocemos.(Siguieron conversando y hablando sobre todos éstos detalles, a medida que la luz se iba apagando)
Telón.
Una acepción de Fogón es "reunión de amigos junto al fuego". Dicho esto, les invito a visitar este blog que sin pretenciones hablará un poquito sobre todo tema que nos rete, nos deleite o nos amargue y me encantará conocer sus pareceres y juntos quizás aclarar el confuso caos en que vivimos.
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domingo, diciembre 26, 2010
Érase una vez, en un fin de semana en Punta Cana.
Publicado sin correcciones. Este fue escrito quizás en el 1994.
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Érase una vez, en un fin de semana en Punta Cana
En nuestros días, el, en informática o tenga una empresa que dependa de usted, desde los mas mínimos detalles. disfrutar de momentos de esparcimiento es muy loable, siempre y cuando no trabaje de medicina
Ejemplifiquemos nuestro esquema con los que trabajan en informática. Ellos no pueden, dependiendo del proyecto o la empresa en que trabajen, darse el lujo, pues es un verdadero lujo, de dormir, descansar, deleitarse con una solaz distracción, disfrutar del ocio, no importa que tipo: el ocio que consideraba Séneca era necesario para deleite de nuestro espíritu, es decir leyendo, oyendo música o filosofando sobre el devenir de nuestra vida; o el ocio holgazán de tirarnos a la bartola sobre una cama, una hamaca o cualquier mueble diseñado para el disfrute de esta acepción, muy común, del ocio.
Les digo, y créanlo de buena fuente, que el descanso no se hizo para aquellos individuos claves en la sociedad. Mucho mas descanso tendría un obrero o un empleado de zona franca, zonero , cuando lo decida por modus propio, a un ingeniero, administrador o encargado de algún proyecto empresarial en desarrollo o en etapa de adaptación.
Creemos que mientras mas conocimientos y grado intelectual tengamos, mas independientes somos en relación a los compromisos sociales y morales que nos atan a los demás. Pero, !cuanto dista esto de la realidad!. Mientras mayor es el puesto que escalamos, mayor responsabilidad asumimos con respecto a las personas que dependen de nosotros y de las que dependemos. Enfoquemos el caso de un funcionario de relativa jerarquía en una empresa bancaria relacionado con el área de informática. Espero que el breve relato que les presento sea tan elocuente como nuestro animo locuaz esta en disposición de serlo.
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Jacinto era un joven de algunos 24 años, rostro barbudo cuya barba semejaba un estropajo de cáñamo, por su desaliño y descuido; sin embargo sus señales de juventud nada tienen que envidiar a un niño, pues su piel es tan suave como tal. Alto, de fisonomía mas bien hindú que dominicana, pues presenta unas cejas hirsutas, ojos grandes y del color negro de los negros corales del caribe, color mestizo, sumamente acanelado y labios finos, delicados, dientes tan grandes y bien delineados, como el de sus antecesores taínos.
Este joven, ingeniero de sistemas, trabaja en el sector financiero. El área donde prestaba servicios era informática y desde hace unos dos años esta en los mas ambiciosos y grandes proyectos que había tenido la banca nacional hasta esos días.
Así como eran de ambiciosos estos proyectos: automatizar toda la estructura bancaria; así la vida personal se le había ido empequeñeciendo de tal manera que fines de semana, noches arduas y días desvelados venían aflorando al alrededor e interior de su vida. No decimos que sus fuerzas fueran enflaqueciendo, pues siempre, por lo menos físicamente, ha sido un tanto débil y enclenque. Pero bien, no nos desviemos de nuestro tema. El hecho es que Jacinto esta tratando desde hace algunos meses de desembarazarse de tanto estrés, monstruo de nuestros días, que se ha montado a caballo sobre las yugulares de su cuello, que se mantienen tensas en todo momento. Para ello elabora un plan que consiste en delegar sus obligaciones, en los subordinados. Pero que subordinados son esos, pues no existen? Sin embargo ha solicitado ese personal adicional, de manera que se distribuyan las obligaciones y se haga menos indispensable. Hagamos un paréntesis, y disculpe el lector si tomo tanto tiempo sin haber llegado aun al meollo de nuestro asunto, para decir que el hacerse indispensable, aunque lo aparente, no es nada bueno para los puestos en que uno se desempeña, pues antes que motivar los ascensos, se atrae el estancamiento. En el caso de nuestro amigo, la situación de indispensabilidad es motivada por la ausencia de personal adicional, antes que por motivos personales.
Bien, pues un grupo de compañeros, le han invitado a pasar un fin de semana, en uno de los magníficos resorts de la zona este de la isla. !Nadie ambiciona placer mas grande que pasar un week-end por esos lares, disfrutando de la azulada playa, el despejado cielo, la fulgente arena y magnifico tiempo. El momento seria dentro de dos semanas a partir del día de marras.
Se le ha asignado resolver la instalación de una nueva versión de uno de los sistemas de back-office : transito. Permítanme decirles, nuevamente me desvío, que hacer un sistema bien documentado y luego darle mantenimiento resulta sumamente agradable, no obstante lo contrario se convierte en una especie de migraña crónica. Si usted no se abstrae a lo que me refiero, imagínese que usted haya tenido control del archivo de clientes de una empresa, y haya mantenido la información de estos organizada por apellidos. Se hará sumamente fácil para una persona que le reemplace el que usted le diga todo esta organizado por apellidos, y existe una etiqueta que identifica alfabéticamente las letras con que inician. No así, cuando la persona anterior al puesto que usted ocupara le haya dejado ese archivo ordenado en algunos casos por nombre, otros por apellido y otros por la empresa donde trabajan. Es notorio que esta ordenado, pero es un orden muy personal al que usted sin ningún tipo de ambages podría calificar de !maldito desorden! .
Pues así ocurre en el caso nuestro. Le entregaron ese sistema, lo modifico tratando de alterar lo menos posible el orden que antes tenia. Pero así como los amantes del domino forman una línea, con ellos parados y separados a una distancia menor de lo que extendidos ocupan, de manera que al caerse no solo cae uno de ellos, sino de una forma muy simpática y jocosa, todos; asimismo cayo ese sistema. Una ligera modificación, pero demasiado inflexa para hacerse. !Imagínense lo que paso!.
Cuando el creía que su fin de semana estaba asegurado, pues los encargados de demostrar que todo estaba correcto lo demostraron, se puso en peligro ese tan ansiado y ya pagado día.
El día de instalación de esa nueva versión del sistema, todos los usuarios, !y a nivel nacional!, llamaron poniendo el !grito al cielo!. No todo era alegre para nuestro amigo.
Lo mas interesante es que la unidad técnica entrenada para este tipo de contingencias, no solo no puedo resolver el problema, sino que encima de las correcciones que estaba haciendo Jacinto, desviaron todas las llamadas recibidas hacia su extensión telefónica. Dieron el numero de su localizador, beeper o pager , como ustedes lo conozcan es lo de menos.
El endemoniado aparato telefónico campaneaba con los ojos vendados, pues no veía el charco de desesperación en que se encontraba Jacinto. El localizador sonaba con infernal pitillo, esos aparatos mas bien parecen sirenas, no por la belleza de su canto, como en los episodios odisíacos donde Ulises tuvo que amarrarse al mástil para oírlo sin peligro, !sino por que te llevan hacia los arrecifes para destruir tus nervios; !lo mas interesante es que no valen hisopos de cera que te pongas en los oídos, pues es tu obligación el oírlos y proceder a contestarlos!.
Al fin se decidió suspender el operativo, pues ni la peor de las pesadillas, podría compararse al insoportable peso del trajín de ese día.
Aun faltaba una semana para el día en que comenzaría el viaje hacia el resort .
Jacinto, decidió buscar todos los problemas ocurridos para darles solución inmediata. Tan inmediata que le tomo cuatro días encontrarla.
Las modificaciones estuvieron listas faltando tres días para el viaje de marras, donde Jacinto soñaba estar sobre las placidas aguas de la playa disfrutando del deleitoso deporte windsurf , donde el viento le golpearía con sutil desenvoltura y aterciopelada suavidad. Sentir el salado frescor del mar y el danzar alegre al compás de los ínclitos sonidos del merengue: !el destino le jugaría una pesada broma, y lo mas grande el lo presentía!.
El jueves confirmo su viaje que partiría el viernes a eso de la 1:00pm. Le dijo a sus compañeros, con tan poco placer, que mas bien aprecia una formalidad:
• Mi viaje parte a la una. Finalicen las pruebas hoy y determinen si esta todo correcto. Si algo sale mal me pueden localizar llamado al beeper . Estoy dispuesto a posponer mi viaje para el sábado, en caso de problemas.
Dicho lo cual se fue a su hogar a dormir placida y ansiosamente esperando la llegada del próximo día libre de problemas. Se levanto temprano y envuelto en los efluvios de la música de Johan Strauss, cuyos valses, le arropaban de espiritual alegría. Estaba entusiasmado y lleno de gozo, aunque latente el temor de la llamada inoportuna.
Dieron las 11:00 a.m. y aun no daban señal de problemas, cada minuto era contado con insistencia. No negaremos que sea posible la comparación de la sensación de terror acontecida entre el caso de Jacinto y el del personaje de Edgar Allan Poe en su cuento El Péndulo, cuando este, víctima de la Santa Inquisición veía, amarrado en una oscura torre a una cama de esterilla, como el péndulo cuyo extremo inferior estaba guarnecido por una aguda cimitarra, se balanceaba de un lado a otro, y en cada oscilación bajaba un par de pulgadas, con el objetivo de flagelar su cuerpo y dividirlo en dos perfectas mitades. La situación no es la misma seguramente, pero la sensación de la llamada terrorífica al infernal aparato de comunicaciones , no lo dudamos. Y Jacinto, inquieto, como quien usa de la telepatía para comunicarse con otros, atrajo con su pensamiento la llamada esperada. Tal vez era mejor, pues la angustia le corroía las entrañas, y no podría evitar posibles nauseas o malestares estomacales por la ansiedad.
Jacinto llamo, pregunto por el problema y dio la solución, pidiendo al individuo al otro lado del auricular que tratara de localizar y probar todo antes de la 1:00pm, recordando que suspendería el viaje en caso de problemas. Ninguna otra llamada volvió a recibirse. Esa ultima llamada definitivamente le quito peso a sus preocupaciones, pues el problema no aparentaba ser de ninguna envergadura.
Los compañeros de Jacinto, que iban junto a el y aun no habían llegado, llegaban. La estación de autobuses sentía el incremento en la cantidad de viajantes. Todo era entusiasmo creciente, alegría contenida e inteligible parloteo. La vestimenta de todos era de lo mas variopinta y policroma. Pues aunque todos vestían deportivamente, unos usaban colores chillones, otros colores conservadores; unos pantalones largos, otros cortos; unos camisas otros camisetas. Pero, en general, era común una actitud alegre y animada por la pronta partida.
El viaje tomo 4 horas. Atravesaron Santo Domingo, San Pedro de Macorís, La Romana e Higüey. El cielo ostentaba el mas impecable azul, el matiz de los arbustos en el camino era de un verdor amarillento, por el inicio de la sequía; no estaba muy transitada la autopista, ni había muchas personas en las afueras. El sol brillaba con incandescente intolerancia y calentaba ardientemente a la brisa. No había el menor viso de lluvia. El localizador, no sonó en ningún momento y Jacinto, por momentos impaciente, lo probaba tratando de determinar si estaba defectuoso o apagado. Es increíble la psicosis que nos hacen sentir estos aparatitos.
Una vez en el hotel, eran las 5:00pm, se empezaba a sentir relajado: si a esa hora aun no había sonado la sirena infernal , significaba que todo marchaba sobre ruedas en Santo Domingo.
Luego de las palabras de bienvenida, el registro en las habitaciones de lugar, y la toma de posesión de las habitaciones, todos se desperdigaron, acordando reunirse en el área de la piscina para así estrenarla.
• !Apaga ya el aparato ese, Jacinto y despreocúpate! -exclamaban sus compañeros que lo veían andar con el aparato en todo momento y a todo lugar.
Disfrutaron de la piscina. Esta ostentaba un azul aqua deleitante que atraía, a quien la viese, a sumergirse en sus aguas. Allí estuvieron todos disfrutando hasta alrededor de las 9:30pm, hora en que se despidieron para vestirse y cenar.
Jacinto, ya estaba tranquilo, completamente relajado y distanciado de todo lo que significase trabajo. Mentalmente estaba ya en toda disposición de prescindir del localizador desde el momento en que llegase al apartamento hasta el próximo lunes, cuando se reanudaría su trabajo.
En la habitación y en disposición de darse una ducha, para desembarazarse del cloro de la piscina y acicalarse para los actos de la noche, sonó de la manera mas inocente el teléfono de su habitación. Pensando en todo menos en problemas, y en todo menos en la posibilidad de que lo llamasen desde Santo Domingo y mucho menos a esa hora, tomo el teléfono sin el mas mínimo asomo de inquietud.
• Buenas noches!- dijo Jacinto a través del auricular.
• !Jacinto, como estas?!- respondió el director y jefe del departamento de informática, Tomas, en Santo Domingo.
A Jacinto un frío relampagueante le recorrió el cuerpo, desde la punta del pie hasta la ultima brisa de su despeinado pelo. El rostro, que en ese momento gozaba de la embriaguez del asueto y el desenfado de los que no tienen obligaciones, cambio de actitud. Hizo un silencio de un minuto, aproximadamente, pasándole por la mente todo el diccionario de palabras procaces y desaforadas, y haciendo combinación de estas con otras para crear nuevas.
• Oh, que pasa...? -pregunto Jacinto con la intención de pronunciar en los puntos suspensivos alguna frase ofensiva, destemplada y llena de ira. Mas sostuvo su intención.
• Como que pasa? -pregunta la voz remota- !aquí con mas problemas que el d...!- dijo con sutileza y con simpática ironía Tomas.
Dos horas se prolongo la asistencia de Jacinto a la gente de Santo Domingo. Luego de finalizada la asistencia estos dijeron que esperara una llamada que le desligaría de futuras posibilidades de problemas:
• No te muevas de ahí, te llamaremos para decirte cuando te vayas- ordeno la voz de Santo Domingo. -Bien, bien, no hay problema.
No daremos continuidad al relato, solo diremos que la llamada nunca llego, cosa que le lleno de tensión en el resto de los días de ese week-end deleitoso, estigmatizándolo e impediéndole disfrutar con la debida calma y aptitud de las actividades que se desarrollaron mientras duro este.
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Érase una vez, en un fin de semana en Punta Cana
En nuestros días, el, en informática o tenga una empresa que dependa de usted, desde los mas mínimos detalles. disfrutar de momentos de esparcimiento es muy loable, siempre y cuando no trabaje de medicina
Ejemplifiquemos nuestro esquema con los que trabajan en informática. Ellos no pueden, dependiendo del proyecto o la empresa en que trabajen, darse el lujo, pues es un verdadero lujo, de dormir, descansar, deleitarse con una solaz distracción, disfrutar del ocio, no importa que tipo: el ocio que consideraba Séneca era necesario para deleite de nuestro espíritu, es decir leyendo, oyendo música o filosofando sobre el devenir de nuestra vida; o el ocio holgazán de tirarnos a la bartola sobre una cama, una hamaca o cualquier mueble diseñado para el disfrute de esta acepción, muy común, del ocio.
Les digo, y créanlo de buena fuente, que el descanso no se hizo para aquellos individuos claves en la sociedad. Mucho mas descanso tendría un obrero o un empleado de zona franca, zonero , cuando lo decida por modus propio, a un ingeniero, administrador o encargado de algún proyecto empresarial en desarrollo o en etapa de adaptación.
Creemos que mientras mas conocimientos y grado intelectual tengamos, mas independientes somos en relación a los compromisos sociales y morales que nos atan a los demás. Pero, !cuanto dista esto de la realidad!. Mientras mayor es el puesto que escalamos, mayor responsabilidad asumimos con respecto a las personas que dependen de nosotros y de las que dependemos. Enfoquemos el caso de un funcionario de relativa jerarquía en una empresa bancaria relacionado con el área de informática. Espero que el breve relato que les presento sea tan elocuente como nuestro animo locuaz esta en disposición de serlo.
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Jacinto era un joven de algunos 24 años, rostro barbudo cuya barba semejaba un estropajo de cáñamo, por su desaliño y descuido; sin embargo sus señales de juventud nada tienen que envidiar a un niño, pues su piel es tan suave como tal. Alto, de fisonomía mas bien hindú que dominicana, pues presenta unas cejas hirsutas, ojos grandes y del color negro de los negros corales del caribe, color mestizo, sumamente acanelado y labios finos, delicados, dientes tan grandes y bien delineados, como el de sus antecesores taínos.
Este joven, ingeniero de sistemas, trabaja en el sector financiero. El área donde prestaba servicios era informática y desde hace unos dos años esta en los mas ambiciosos y grandes proyectos que había tenido la banca nacional hasta esos días.
Así como eran de ambiciosos estos proyectos: automatizar toda la estructura bancaria; así la vida personal se le había ido empequeñeciendo de tal manera que fines de semana, noches arduas y días desvelados venían aflorando al alrededor e interior de su vida. No decimos que sus fuerzas fueran enflaqueciendo, pues siempre, por lo menos físicamente, ha sido un tanto débil y enclenque. Pero bien, no nos desviemos de nuestro tema. El hecho es que Jacinto esta tratando desde hace algunos meses de desembarazarse de tanto estrés, monstruo de nuestros días, que se ha montado a caballo sobre las yugulares de su cuello, que se mantienen tensas en todo momento. Para ello elabora un plan que consiste en delegar sus obligaciones, en los subordinados. Pero que subordinados son esos, pues no existen? Sin embargo ha solicitado ese personal adicional, de manera que se distribuyan las obligaciones y se haga menos indispensable. Hagamos un paréntesis, y disculpe el lector si tomo tanto tiempo sin haber llegado aun al meollo de nuestro asunto, para decir que el hacerse indispensable, aunque lo aparente, no es nada bueno para los puestos en que uno se desempeña, pues antes que motivar los ascensos, se atrae el estancamiento. En el caso de nuestro amigo, la situación de indispensabilidad es motivada por la ausencia de personal adicional, antes que por motivos personales.
Bien, pues un grupo de compañeros, le han invitado a pasar un fin de semana, en uno de los magníficos resorts de la zona este de la isla. !Nadie ambiciona placer mas grande que pasar un week-end por esos lares, disfrutando de la azulada playa, el despejado cielo, la fulgente arena y magnifico tiempo. El momento seria dentro de dos semanas a partir del día de marras.
Se le ha asignado resolver la instalación de una nueva versión de uno de los sistemas de back-office : transito. Permítanme decirles, nuevamente me desvío, que hacer un sistema bien documentado y luego darle mantenimiento resulta sumamente agradable, no obstante lo contrario se convierte en una especie de migraña crónica. Si usted no se abstrae a lo que me refiero, imagínese que usted haya tenido control del archivo de clientes de una empresa, y haya mantenido la información de estos organizada por apellidos. Se hará sumamente fácil para una persona que le reemplace el que usted le diga todo esta organizado por apellidos, y existe una etiqueta que identifica alfabéticamente las letras con que inician. No así, cuando la persona anterior al puesto que usted ocupara le haya dejado ese archivo ordenado en algunos casos por nombre, otros por apellido y otros por la empresa donde trabajan. Es notorio que esta ordenado, pero es un orden muy personal al que usted sin ningún tipo de ambages podría calificar de !maldito desorden! .
Pues así ocurre en el caso nuestro. Le entregaron ese sistema, lo modifico tratando de alterar lo menos posible el orden que antes tenia. Pero así como los amantes del domino forman una línea, con ellos parados y separados a una distancia menor de lo que extendidos ocupan, de manera que al caerse no solo cae uno de ellos, sino de una forma muy simpática y jocosa, todos; asimismo cayo ese sistema. Una ligera modificación, pero demasiado inflexa para hacerse. !Imagínense lo que paso!.
Cuando el creía que su fin de semana estaba asegurado, pues los encargados de demostrar que todo estaba correcto lo demostraron, se puso en peligro ese tan ansiado y ya pagado día.
El día de instalación de esa nueva versión del sistema, todos los usuarios, !y a nivel nacional!, llamaron poniendo el !grito al cielo!. No todo era alegre para nuestro amigo.
Lo mas interesante es que la unidad técnica entrenada para este tipo de contingencias, no solo no puedo resolver el problema, sino que encima de las correcciones que estaba haciendo Jacinto, desviaron todas las llamadas recibidas hacia su extensión telefónica. Dieron el numero de su localizador, beeper o pager , como ustedes lo conozcan es lo de menos.
El endemoniado aparato telefónico campaneaba con los ojos vendados, pues no veía el charco de desesperación en que se encontraba Jacinto. El localizador sonaba con infernal pitillo, esos aparatos mas bien parecen sirenas, no por la belleza de su canto, como en los episodios odisíacos donde Ulises tuvo que amarrarse al mástil para oírlo sin peligro, !sino por que te llevan hacia los arrecifes para destruir tus nervios; !lo mas interesante es que no valen hisopos de cera que te pongas en los oídos, pues es tu obligación el oírlos y proceder a contestarlos!.
Al fin se decidió suspender el operativo, pues ni la peor de las pesadillas, podría compararse al insoportable peso del trajín de ese día.
Aun faltaba una semana para el día en que comenzaría el viaje hacia el resort .
Jacinto, decidió buscar todos los problemas ocurridos para darles solución inmediata. Tan inmediata que le tomo cuatro días encontrarla.
Las modificaciones estuvieron listas faltando tres días para el viaje de marras, donde Jacinto soñaba estar sobre las placidas aguas de la playa disfrutando del deleitoso deporte windsurf , donde el viento le golpearía con sutil desenvoltura y aterciopelada suavidad. Sentir el salado frescor del mar y el danzar alegre al compás de los ínclitos sonidos del merengue: !el destino le jugaría una pesada broma, y lo mas grande el lo presentía!.
El jueves confirmo su viaje que partiría el viernes a eso de la 1:00pm. Le dijo a sus compañeros, con tan poco placer, que mas bien aprecia una formalidad:
• Mi viaje parte a la una. Finalicen las pruebas hoy y determinen si esta todo correcto. Si algo sale mal me pueden localizar llamado al beeper . Estoy dispuesto a posponer mi viaje para el sábado, en caso de problemas.
Dicho lo cual se fue a su hogar a dormir placida y ansiosamente esperando la llegada del próximo día libre de problemas. Se levanto temprano y envuelto en los efluvios de la música de Johan Strauss, cuyos valses, le arropaban de espiritual alegría. Estaba entusiasmado y lleno de gozo, aunque latente el temor de la llamada inoportuna.
Dieron las 11:00 a.m. y aun no daban señal de problemas, cada minuto era contado con insistencia. No negaremos que sea posible la comparación de la sensación de terror acontecida entre el caso de Jacinto y el del personaje de Edgar Allan Poe en su cuento El Péndulo, cuando este, víctima de la Santa Inquisición veía, amarrado en una oscura torre a una cama de esterilla, como el péndulo cuyo extremo inferior estaba guarnecido por una aguda cimitarra, se balanceaba de un lado a otro, y en cada oscilación bajaba un par de pulgadas, con el objetivo de flagelar su cuerpo y dividirlo en dos perfectas mitades. La situación no es la misma seguramente, pero la sensación de la llamada terrorífica al infernal aparato de comunicaciones , no lo dudamos. Y Jacinto, inquieto, como quien usa de la telepatía para comunicarse con otros, atrajo con su pensamiento la llamada esperada. Tal vez era mejor, pues la angustia le corroía las entrañas, y no podría evitar posibles nauseas o malestares estomacales por la ansiedad.
Jacinto llamo, pregunto por el problema y dio la solución, pidiendo al individuo al otro lado del auricular que tratara de localizar y probar todo antes de la 1:00pm, recordando que suspendería el viaje en caso de problemas. Ninguna otra llamada volvió a recibirse. Esa ultima llamada definitivamente le quito peso a sus preocupaciones, pues el problema no aparentaba ser de ninguna envergadura.
Los compañeros de Jacinto, que iban junto a el y aun no habían llegado, llegaban. La estación de autobuses sentía el incremento en la cantidad de viajantes. Todo era entusiasmo creciente, alegría contenida e inteligible parloteo. La vestimenta de todos era de lo mas variopinta y policroma. Pues aunque todos vestían deportivamente, unos usaban colores chillones, otros colores conservadores; unos pantalones largos, otros cortos; unos camisas otros camisetas. Pero, en general, era común una actitud alegre y animada por la pronta partida.
El viaje tomo 4 horas. Atravesaron Santo Domingo, San Pedro de Macorís, La Romana e Higüey. El cielo ostentaba el mas impecable azul, el matiz de los arbustos en el camino era de un verdor amarillento, por el inicio de la sequía; no estaba muy transitada la autopista, ni había muchas personas en las afueras. El sol brillaba con incandescente intolerancia y calentaba ardientemente a la brisa. No había el menor viso de lluvia. El localizador, no sonó en ningún momento y Jacinto, por momentos impaciente, lo probaba tratando de determinar si estaba defectuoso o apagado. Es increíble la psicosis que nos hacen sentir estos aparatitos.
Una vez en el hotel, eran las 5:00pm, se empezaba a sentir relajado: si a esa hora aun no había sonado la sirena infernal , significaba que todo marchaba sobre ruedas en Santo Domingo.
Luego de las palabras de bienvenida, el registro en las habitaciones de lugar, y la toma de posesión de las habitaciones, todos se desperdigaron, acordando reunirse en el área de la piscina para así estrenarla.
• !Apaga ya el aparato ese, Jacinto y despreocúpate! -exclamaban sus compañeros que lo veían andar con el aparato en todo momento y a todo lugar.
Disfrutaron de la piscina. Esta ostentaba un azul aqua deleitante que atraía, a quien la viese, a sumergirse en sus aguas. Allí estuvieron todos disfrutando hasta alrededor de las 9:30pm, hora en que se despidieron para vestirse y cenar.
Jacinto, ya estaba tranquilo, completamente relajado y distanciado de todo lo que significase trabajo. Mentalmente estaba ya en toda disposición de prescindir del localizador desde el momento en que llegase al apartamento hasta el próximo lunes, cuando se reanudaría su trabajo.
En la habitación y en disposición de darse una ducha, para desembarazarse del cloro de la piscina y acicalarse para los actos de la noche, sonó de la manera mas inocente el teléfono de su habitación. Pensando en todo menos en problemas, y en todo menos en la posibilidad de que lo llamasen desde Santo Domingo y mucho menos a esa hora, tomo el teléfono sin el mas mínimo asomo de inquietud.
• Buenas noches!- dijo Jacinto a través del auricular.
• !Jacinto, como estas?!- respondió el director y jefe del departamento de informática, Tomas, en Santo Domingo.
A Jacinto un frío relampagueante le recorrió el cuerpo, desde la punta del pie hasta la ultima brisa de su despeinado pelo. El rostro, que en ese momento gozaba de la embriaguez del asueto y el desenfado de los que no tienen obligaciones, cambio de actitud. Hizo un silencio de un minuto, aproximadamente, pasándole por la mente todo el diccionario de palabras procaces y desaforadas, y haciendo combinación de estas con otras para crear nuevas.
• Oh, que pasa...? -pregunto Jacinto con la intención de pronunciar en los puntos suspensivos alguna frase ofensiva, destemplada y llena de ira. Mas sostuvo su intención.
• Como que pasa? -pregunta la voz remota- !aquí con mas problemas que el d...!- dijo con sutileza y con simpática ironía Tomas.
Dos horas se prolongo la asistencia de Jacinto a la gente de Santo Domingo. Luego de finalizada la asistencia estos dijeron que esperara una llamada que le desligaría de futuras posibilidades de problemas:
• No te muevas de ahí, te llamaremos para decirte cuando te vayas- ordeno la voz de Santo Domingo. -Bien, bien, no hay problema.
No daremos continuidad al relato, solo diremos que la llamada nunca llego, cosa que le lleno de tensión en el resto de los días de ese week-end deleitoso, estigmatizándolo e impediéndole disfrutar con la debida calma y aptitud de las actividades que se desarrollaron mientras duro este.
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