Publicado sin correcciones. Este fue escrito quizás en el 1994.
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Érase una vez, en un fin de semana en Punta Cana
En nuestros días, el, en informática o tenga una empresa que dependa de usted, desde los mas mínimos detalles. disfrutar de momentos de esparcimiento es muy loable, siempre y cuando no trabaje de medicina
Ejemplifiquemos nuestro esquema con los que trabajan en informática. Ellos no pueden, dependiendo del proyecto o la empresa en que trabajen, darse el lujo, pues es un verdadero lujo, de dormir, descansar, deleitarse con una solaz distracción, disfrutar del ocio, no importa que tipo: el ocio que consideraba Séneca era necesario para deleite de nuestro espíritu, es decir leyendo, oyendo música o filosofando sobre el devenir de nuestra vida; o el ocio holgazán de tirarnos a la bartola sobre una cama, una hamaca o cualquier mueble diseñado para el disfrute de esta acepción, muy común, del ocio.
Les digo, y créanlo de buena fuente, que el descanso no se hizo para aquellos individuos claves en la sociedad. Mucho mas descanso tendría un obrero o un empleado de zona franca, zonero , cuando lo decida por modus propio, a un ingeniero, administrador o encargado de algún proyecto empresarial en desarrollo o en etapa de adaptación.
Creemos que mientras mas conocimientos y grado intelectual tengamos, mas independientes somos en relación a los compromisos sociales y morales que nos atan a los demás. Pero, !cuanto dista esto de la realidad!. Mientras mayor es el puesto que escalamos, mayor responsabilidad asumimos con respecto a las personas que dependen de nosotros y de las que dependemos. Enfoquemos el caso de un funcionario de relativa jerarquía en una empresa bancaria relacionado con el área de informática. Espero que el breve relato que les presento sea tan elocuente como nuestro animo locuaz esta en disposición de serlo.
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Jacinto era un joven de algunos 24 años, rostro barbudo cuya barba semejaba un estropajo de cáñamo, por su desaliño y descuido; sin embargo sus señales de juventud nada tienen que envidiar a un niño, pues su piel es tan suave como tal. Alto, de fisonomía mas bien hindú que dominicana, pues presenta unas cejas hirsutas, ojos grandes y del color negro de los negros corales del caribe, color mestizo, sumamente acanelado y labios finos, delicados, dientes tan grandes y bien delineados, como el de sus antecesores taínos.
Este joven, ingeniero de sistemas, trabaja en el sector financiero. El área donde prestaba servicios era informática y desde hace unos dos años esta en los mas ambiciosos y grandes proyectos que había tenido la banca nacional hasta esos días.
Así como eran de ambiciosos estos proyectos: automatizar toda la estructura bancaria; así la vida personal se le había ido empequeñeciendo de tal manera que fines de semana, noches arduas y días desvelados venían aflorando al alrededor e interior de su vida. No decimos que sus fuerzas fueran enflaqueciendo, pues siempre, por lo menos físicamente, ha sido un tanto débil y enclenque. Pero bien, no nos desviemos de nuestro tema. El hecho es que Jacinto esta tratando desde hace algunos meses de desembarazarse de tanto estrés, monstruo de nuestros días, que se ha montado a caballo sobre las yugulares de su cuello, que se mantienen tensas en todo momento. Para ello elabora un plan que consiste en delegar sus obligaciones, en los subordinados. Pero que subordinados son esos, pues no existen? Sin embargo ha solicitado ese personal adicional, de manera que se distribuyan las obligaciones y se haga menos indispensable. Hagamos un paréntesis, y disculpe el lector si tomo tanto tiempo sin haber llegado aun al meollo de nuestro asunto, para decir que el hacerse indispensable, aunque lo aparente, no es nada bueno para los puestos en que uno se desempeña, pues antes que motivar los ascensos, se atrae el estancamiento. En el caso de nuestro amigo, la situación de indispensabilidad es motivada por la ausencia de personal adicional, antes que por motivos personales.
Bien, pues un grupo de compañeros, le han invitado a pasar un fin de semana, en uno de los magníficos resorts de la zona este de la isla. !Nadie ambiciona placer mas grande que pasar un week-end por esos lares, disfrutando de la azulada playa, el despejado cielo, la fulgente arena y magnifico tiempo. El momento seria dentro de dos semanas a partir del día de marras.
Se le ha asignado resolver la instalación de una nueva versión de uno de los sistemas de back-office : transito. Permítanme decirles, nuevamente me desvío, que hacer un sistema bien documentado y luego darle mantenimiento resulta sumamente agradable, no obstante lo contrario se convierte en una especie de migraña crónica. Si usted no se abstrae a lo que me refiero, imagínese que usted haya tenido control del archivo de clientes de una empresa, y haya mantenido la información de estos organizada por apellidos. Se hará sumamente fácil para una persona que le reemplace el que usted le diga todo esta organizado por apellidos, y existe una etiqueta que identifica alfabéticamente las letras con que inician. No así, cuando la persona anterior al puesto que usted ocupara le haya dejado ese archivo ordenado en algunos casos por nombre, otros por apellido y otros por la empresa donde trabajan. Es notorio que esta ordenado, pero es un orden muy personal al que usted sin ningún tipo de ambages podría calificar de !maldito desorden! .
Pues así ocurre en el caso nuestro. Le entregaron ese sistema, lo modifico tratando de alterar lo menos posible el orden que antes tenia. Pero así como los amantes del domino forman una línea, con ellos parados y separados a una distancia menor de lo que extendidos ocupan, de manera que al caerse no solo cae uno de ellos, sino de una forma muy simpática y jocosa, todos; asimismo cayo ese sistema. Una ligera modificación, pero demasiado inflexa para hacerse. !Imagínense lo que paso!.
Cuando el creía que su fin de semana estaba asegurado, pues los encargados de demostrar que todo estaba correcto lo demostraron, se puso en peligro ese tan ansiado y ya pagado día.
El día de instalación de esa nueva versión del sistema, todos los usuarios, !y a nivel nacional!, llamaron poniendo el !grito al cielo!. No todo era alegre para nuestro amigo.
Lo mas interesante es que la unidad técnica entrenada para este tipo de contingencias, no solo no puedo resolver el problema, sino que encima de las correcciones que estaba haciendo Jacinto, desviaron todas las llamadas recibidas hacia su extensión telefónica. Dieron el numero de su localizador, beeper o pager , como ustedes lo conozcan es lo de menos.
El endemoniado aparato telefónico campaneaba con los ojos vendados, pues no veía el charco de desesperación en que se encontraba Jacinto. El localizador sonaba con infernal pitillo, esos aparatos mas bien parecen sirenas, no por la belleza de su canto, como en los episodios odisíacos donde Ulises tuvo que amarrarse al mástil para oírlo sin peligro, !sino por que te llevan hacia los arrecifes para destruir tus nervios; !lo mas interesante es que no valen hisopos de cera que te pongas en los oídos, pues es tu obligación el oírlos y proceder a contestarlos!.
Al fin se decidió suspender el operativo, pues ni la peor de las pesadillas, podría compararse al insoportable peso del trajín de ese día.
Aun faltaba una semana para el día en que comenzaría el viaje hacia el resort .
Jacinto, decidió buscar todos los problemas ocurridos para darles solución inmediata. Tan inmediata que le tomo cuatro días encontrarla.
Las modificaciones estuvieron listas faltando tres días para el viaje de marras, donde Jacinto soñaba estar sobre las placidas aguas de la playa disfrutando del deleitoso deporte windsurf , donde el viento le golpearía con sutil desenvoltura y aterciopelada suavidad. Sentir el salado frescor del mar y el danzar alegre al compás de los ínclitos sonidos del merengue: !el destino le jugaría una pesada broma, y lo mas grande el lo presentía!.
El jueves confirmo su viaje que partiría el viernes a eso de la 1:00pm. Le dijo a sus compañeros, con tan poco placer, que mas bien aprecia una formalidad:
• Mi viaje parte a la una. Finalicen las pruebas hoy y determinen si esta todo correcto. Si algo sale mal me pueden localizar llamado al beeper . Estoy dispuesto a posponer mi viaje para el sábado, en caso de problemas.
Dicho lo cual se fue a su hogar a dormir placida y ansiosamente esperando la llegada del próximo día libre de problemas. Se levanto temprano y envuelto en los efluvios de la música de Johan Strauss, cuyos valses, le arropaban de espiritual alegría. Estaba entusiasmado y lleno de gozo, aunque latente el temor de la llamada inoportuna.
Dieron las 11:00 a.m. y aun no daban señal de problemas, cada minuto era contado con insistencia. No negaremos que sea posible la comparación de la sensación de terror acontecida entre el caso de Jacinto y el del personaje de Edgar Allan Poe en su cuento El Péndulo, cuando este, víctima de la Santa Inquisición veía, amarrado en una oscura torre a una cama de esterilla, como el péndulo cuyo extremo inferior estaba guarnecido por una aguda cimitarra, se balanceaba de un lado a otro, y en cada oscilación bajaba un par de pulgadas, con el objetivo de flagelar su cuerpo y dividirlo en dos perfectas mitades. La situación no es la misma seguramente, pero la sensación de la llamada terrorífica al infernal aparato de comunicaciones , no lo dudamos. Y Jacinto, inquieto, como quien usa de la telepatía para comunicarse con otros, atrajo con su pensamiento la llamada esperada. Tal vez era mejor, pues la angustia le corroía las entrañas, y no podría evitar posibles nauseas o malestares estomacales por la ansiedad.
Jacinto llamo, pregunto por el problema y dio la solución, pidiendo al individuo al otro lado del auricular que tratara de localizar y probar todo antes de la 1:00pm, recordando que suspendería el viaje en caso de problemas. Ninguna otra llamada volvió a recibirse. Esa ultima llamada definitivamente le quito peso a sus preocupaciones, pues el problema no aparentaba ser de ninguna envergadura.
Los compañeros de Jacinto, que iban junto a el y aun no habían llegado, llegaban. La estación de autobuses sentía el incremento en la cantidad de viajantes. Todo era entusiasmo creciente, alegría contenida e inteligible parloteo. La vestimenta de todos era de lo mas variopinta y policroma. Pues aunque todos vestían deportivamente, unos usaban colores chillones, otros colores conservadores; unos pantalones largos, otros cortos; unos camisas otros camisetas. Pero, en general, era común una actitud alegre y animada por la pronta partida.
El viaje tomo 4 horas. Atravesaron Santo Domingo, San Pedro de Macorís, La Romana e Higüey. El cielo ostentaba el mas impecable azul, el matiz de los arbustos en el camino era de un verdor amarillento, por el inicio de la sequía; no estaba muy transitada la autopista, ni había muchas personas en las afueras. El sol brillaba con incandescente intolerancia y calentaba ardientemente a la brisa. No había el menor viso de lluvia. El localizador, no sonó en ningún momento y Jacinto, por momentos impaciente, lo probaba tratando de determinar si estaba defectuoso o apagado. Es increíble la psicosis que nos hacen sentir estos aparatitos.
Una vez en el hotel, eran las 5:00pm, se empezaba a sentir relajado: si a esa hora aun no había sonado la sirena infernal , significaba que todo marchaba sobre ruedas en Santo Domingo.
Luego de las palabras de bienvenida, el registro en las habitaciones de lugar, y la toma de posesión de las habitaciones, todos se desperdigaron, acordando reunirse en el área de la piscina para así estrenarla.
• !Apaga ya el aparato ese, Jacinto y despreocúpate! -exclamaban sus compañeros que lo veían andar con el aparato en todo momento y a todo lugar.
Disfrutaron de la piscina. Esta ostentaba un azul aqua deleitante que atraía, a quien la viese, a sumergirse en sus aguas. Allí estuvieron todos disfrutando hasta alrededor de las 9:30pm, hora en que se despidieron para vestirse y cenar.
Jacinto, ya estaba tranquilo, completamente relajado y distanciado de todo lo que significase trabajo. Mentalmente estaba ya en toda disposición de prescindir del localizador desde el momento en que llegase al apartamento hasta el próximo lunes, cuando se reanudaría su trabajo.
En la habitación y en disposición de darse una ducha, para desembarazarse del cloro de la piscina y acicalarse para los actos de la noche, sonó de la manera mas inocente el teléfono de su habitación. Pensando en todo menos en problemas, y en todo menos en la posibilidad de que lo llamasen desde Santo Domingo y mucho menos a esa hora, tomo el teléfono sin el mas mínimo asomo de inquietud.
• Buenas noches!- dijo Jacinto a través del auricular.
• !Jacinto, como estas?!- respondió el director y jefe del departamento de informática, Tomas, en Santo Domingo.
A Jacinto un frío relampagueante le recorrió el cuerpo, desde la punta del pie hasta la ultima brisa de su despeinado pelo. El rostro, que en ese momento gozaba de la embriaguez del asueto y el desenfado de los que no tienen obligaciones, cambio de actitud. Hizo un silencio de un minuto, aproximadamente, pasándole por la mente todo el diccionario de palabras procaces y desaforadas, y haciendo combinación de estas con otras para crear nuevas.
• Oh, que pasa...? -pregunto Jacinto con la intención de pronunciar en los puntos suspensivos alguna frase ofensiva, destemplada y llena de ira. Mas sostuvo su intención.
• Como que pasa? -pregunta la voz remota- !aquí con mas problemas que el d...!- dijo con sutileza y con simpática ironía Tomas.
Dos horas se prolongo la asistencia de Jacinto a la gente de Santo Domingo. Luego de finalizada la asistencia estos dijeron que esperara una llamada que le desligaría de futuras posibilidades de problemas:
• No te muevas de ahí, te llamaremos para decirte cuando te vayas- ordeno la voz de Santo Domingo. -Bien, bien, no hay problema.
No daremos continuidad al relato, solo diremos que la llamada nunca llego, cosa que le lleno de tensión en el resto de los días de ese week-end deleitoso, estigmatizándolo e impediéndole disfrutar con la debida calma y aptitud de las actividades que se desarrollaron mientras duro este.
Una acepción de Fogón es "reunión de amigos junto al fuego". Dicho esto, les invito a visitar este blog que sin pretenciones hablará un poquito sobre todo tema que nos rete, nos deleite o nos amargue y me encantará conocer sus pareceres y juntos quizás aclarar el confuso caos en que vivimos.
domingo, diciembre 26, 2010
Crónica de un nacimiento...
Creo que este lo escribí a principios del 1996, y relata algo del nacimiento de mi querido hijo, Osvaldito!
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Crónica de Un Nacimiento
Gilberto está agitado. Se le nota un poco turbado. Estando en retraso, una semana después de la fecha del parto, no tengo otro remedio que inquietarme. Cada día amanecía más brillante. El cielo muestra un azul bajo el que fluyen, como navegando suavemente sobre un mar de superficies aplanadas, benévolos algodones nubosos. Este brillo me alteró el ritmo, lo sentía como la anunciación de su llegada.
Conseguiría dos cámara para la ocasión: La primera, del tipo filmadora, pues es necesario grabar el momento, atrapar la espontaneidad del misterio, emocionante al brotar la vida desde las oscuras cavernas del vientre. La segunda, del tipo fotográfica, para adoptar las poses del momento, felices, entusiastas y vanidosas, como testimonio.
Pero pasan los días y su impulsividad comienza a aflorar a la superficie de mi tranquilidad. Siento toda actuación como un “ir hacia”, como estar en el espacio infinito donde, describiendo círculos concéntricos, me arremolino hacia un centro que inexorablemente me atraía.
Como una Penélope, tal vez, cosiendo y descosiendo incansablemente, en actividad circular, mi ánimo hiperactivo me obligaba a realizar lo que me viniera a la mente. Si estaba frente a mi computadora programando alguna aplicación, suspendía el trabajo e iniciaba un escrito; escribía sin ton ni son hasta, llegado un momento de incansable actividad, darme cuenta que había escrito un galimatías indescifrable. Si, para disipar la tensión, iba a practicar tenis, no golpeaba la bola con control, y me evadía lanzando la raqueta a un lado para dejar el tenis e ir a practicar baloncesto. Si tomaba algún libro, al leer las primeras líneas, el pensamiento divagaba por parques poblados de niños sonriendo alegremente en sus juguetonas travesuras, o en playas llenas de castillos de arena con la brisa derrumbándolos y los niños llorando por lo malo del viento, o en el campo donde los niños montaban ponis con el temor de caer...
Y cuando en compañía de mi querida esposa tentando su vientre, haciéndole el tacto para determinar cuánto había dilatado: nunca podía abrir los dedos dentro. El desánimo y la intranquilidad se apoderaban de mí como una garra que me aprieta y, a pesar del intento, no podía evitarlo.
Para colmo de males, cada vez que me veía un rostro conocido, algún compañero de trabajo, algún amigo; me cuestionaban con un “Ya!?” que me aturdía y al que con fuerza respondía “...en cualquier momento!”.
Sin embargo esos momentos se prolongaban, y cada segundo se sumaba con reiteración para formar el minuto, y cada minuto para formar una hora, y cada hora para formar un día, y así esperando impacientemente, lo que consideraba ser una espera eterna.
Sí, el que espera desespera.
***
La distracción, de conseguirla, llegaba por momentos fugaces, pero siempre a tiempo.
Siempre llevo mi teléfono celular a cuestas. El día clave de este relato, lo olvidé en el vehículo.
Fue impartiendo clases cuando logré la distracción. Ese día las dos horas fueron tan largas como interesantes. Los estudiantes se esmeraron en preparar decenas de preguntas, afloraron cientos de inquietudes y se generaron, sin mentir, millares de comentarios. Qué si lograron distraerme!, si lo habían programado, no creo que hubiera salido tan bien.
Salí del aula alegre y encantado por esa clase. Ese detalle enorgullece a cualquier profesor. Estaba sencillamente envanecido.
8:00pm. La llamada.
Entro al vehículo y el teléfono está timbrando, lo tomo y ... como chichigua que vuela a sus anchas entre las brisas caribeñas y que al ser halada pierde vuelo, así volví nuevamente a la tierra. A poner los pies sobre la tierra.
-¡Buenas Noches!, saludos...
-(...)
-¡Y qué amorcito, cómo estás!
-(...)
-¡¿Qué...?!
-(...)
-¡A las tres de la tarde! Y, ¿por qué no me llamaste..? -Gilberto balbuceaba...
-(...)
-Cómo que no querías preocuparme...
-(...)
-Está bien, saldré para allá tan pronto busque ropa...adiós.
El tránsito se movilizaba como tirado por burros mañosos.
Tocaba bocina, intentaba desviarse, cambios de luces. Miles de palabras se agrupaban en mi mente y salían descompuestas en un movimiento silencioso de los labios y castañeante de los dientes. El pelo, peinado en ese momento, comenzó a ser acariciado con violencia por Gilberto.
Ubicuidad. Ubicuidad. Tomó el teléfono celular, tipeó a su casa.
-Virginia!, mira prepárame ropa para salir de urgencia para San Pedro, no digas nada en la casa. Ok.
8:39pm. La vorágine.
Raudo y veloz, Gilberto entra en la casa como ventisca de huracán. Se dirigió a la habitación y desvestirse, tomar la toalla, entrar al baño y echarse el primer jarro de agua en el cuerpo fue todo un coro de acciones semi-paralelas.
Ahora enfrentar reproches, restricciones, consejos sobre lo que voy a hacer...
***
Don Gilberto, bebía su cervecita acostumbrada. Lo encontró meciéndose en la legendaria mecedora, con espaldares y asientos tejidas en guano, cuyas coyunturas crispaban en cada ir o venir.
Gilberto se ha reservado para el último minuto la noticia, pero ya vestido, da voces de agitación anunciando la decisión de tomar carretera en ese instante.
Antes de salir, y en el momento de la despedida, el viejo le dice que por qué la prisa, que se sentara a su lado un momento.
-Siéntate aquí...-le decía mientras le indicaba con la mano abierta el lugar.
Al sentarse, la silla crepitó. En qué estará ella, ¿sufriendo?, debo irme pronto...
Padre, hijo se sentaron a conversar. Pero el futuro padre, se sentó con impaciencia. Ahora me dará una cátedra de comportamiento.
-¿Por qué los jóvenes son tan impulsivos? ¿Por qué tanta prisa por llegar rápido cuando llegarán de cualquier manera si lo tomaran con calma? ¿Por qué salir, sin necesidad, tan tarde a una carretera oscura, inhóspita, peligrosa?- inició a modo de exordio Don Gilberto.
Parece creer que con su perorata de razones va a convencerme. Tengo que irme y hablándome cosas, que sabiendo, no quiero oír...
-Yo también tuve tu edad -contínuó el viejo- y sabes?, me impacienté mucho al momento de tu nacimiento...
Parsimónico, y como quien recuerda, se acercó el cigarrillo humeante a la comidilla izquierda de sus labios, aspiró, y luego dejó caer la mano como un martillo sobre el pasamanos de la mecedora. No puedo soportar más, tengo que cortar este diálogo estéril...
-Y quieres que yo tenga ahora la madurez que no tuviste entonces... -le arrebató Gilberto el discurso-. Para llegar donde estás ahora primero fuiste lo que soy ahora, poco más o menos. Gracias por tu discurso elocuente y consejero, pero no tengo tiempo, adiós...
Se levantó, tomó su bulto y haciendo gestos de despedida se marchó.
***
11:00pm. Gasolina.
Tengo que echar gasolina. Entra en la estación. Déjame ir a conseguir un cafecito aromático, calientito, humeante, negro y sabroso. Apaga el vehículo.
Regresa. Paga. Enciende... algo ocurre... enciende nuevamente... : batería!.
El pelo, peinado en ese momento, comenzó a ser acariciado con violencia por Gilberto. Déjame aprovechar a ese señor...
-Señor! Présteme su ...
12:30pm. El viaje.
Sale acelerado de la estación. El velocímetro, parpadeante, despliega el incremento, 40kph, 60 kph, 80 kph, 90kph, 120kph... Timbra el teléfono.
-Dime Cariño..., acabo de salir-adivinó.
-(...)
-Sí, en media hora estoy allá. Ciao.
Sólo, en la carretera. Desprovisto de todo humano contacto que me distraiga, me quite el sueño. En el radio toca una cinta de los Valses de Strauss. Esa música me está durmiendo. Cambia. Introduce una de Juan Luis Guerra: Fogaraté.
La carretera estaba a oscuras. A la izquierda se veía como la luna llena desparramaba su luz sobre las olas. Y en esa oscuridad blanquecina, las aguas del mar reflejaban brillos estremecidos, titilantes, difusos. Los grillos iluminaban la sorda oscuridad, y a pesar de la prisa que llevaba, hasta el merengue que sonaba utilizaba sus acordes. En accesos de violencia, las olas rompían a tiempos desiguales contra las rocas y esparcía espumas invisibles alrededor impregando el cristal delantero infinitas gotas.
¡Qué mejor compañía, qué mejor sinfonía, qué mayor claridad, era necesaria para acompañarlo!.
“Los aires retozaban alrededor de él, aires mordaces y ansiosos. Ellas vienen: las olas. Los caballos marinos de blancas crines, tascando sus frenos, con brillantes riendas de viento...”
***
Al fin, parece que había una confabulación de la fortuna contra mí. Ella lo esperaba en el balcón. Se levantó sonriente y fue a su compañía.
Ahí está ella, viene hacia mí, con su gracioso caminar de pato, aunque con la cola delante. Apagó, y pensando que necesitaba la seguridad de que encendería nuevamente, intentó. Fue inútil. Desmontó, luego de asegurarse de dejar bien seguro todo.
Al encontrarse con ella, le acarició suavemente el vientre, luego rozó el revés de la mano por su rostro y le dio un beso. Sentíase aturdido. Irremisiblemente arrastrado hacia el punto donde las vidas cambian, confluyen, cobran vida, y comprende que ésta no es vida hasta producir otra vida que, como significante, le da significado.
Tomados de la mano entraron a la casa. En la habitación encontró la cuna cubierta de las ropitas azuladas, las mantas y zapatitos tejidos, y los utensilios de higiene.
La acostó y le hizo el tacto. Cinco centímetros de dilatación. ¡Aumentó!. Sus ojos brillaron y se encontraron con los de Rosario fundiéndose en olorosa intimidad.
1:30am. Apagaron la luz, se abrazaron con acaramelado entusiasmo y durmieron.
***
Gilberto tomó el sueño inmediatamente. Sobre su cabeza, en el espacio que ascendía al techo, se presentó una nube donde se proyectaba una extraña actividad.
Formas espectrales, con picos y palas sobre sí, iniciaron un areíto de horrorosos movimientos. Había un reloj de arena a media medida que comenzó a aspirar, con singular falta de respeto a la gravedad, la arena del recipiente inferior. Y contra todo sentido, sólo funcionaba cuando los espectros cavaban.
Estando en ese movimiento continuo de excavación, comenzó a salir del hoyo un vapor denso. Brumas blanquecinas que empañaron toda visión.
Cuándo se hubo disipado, aparecieron nuevos espectros con formas combinadas de animales, jamás antes vistas. Las combinaciones emulaban rostros ora de perro con orejas de elefantes, ora humanos con lenguas viperinas y labios de hienas, ora de buitres con bocas de lobo, todas confusas, todas desconocidas.
Una que no estaba en el grupo, se acercó. Parecía una forma humana femenina. Algo raro se veía titilar en su vientre. Difusa, opaca emitía una tenue luz verdácea.
Los espectros de combinaciones extrañas la rodearon, bailaron nuevamente el areíto macabro cuya coreografía expresaba significados indescifrables. En una ocasión se apiñaron alrededor del espectro femenino con la tenue luz verdácea. La solaparon, hicieron de ella su víctima, y al separarse de ella, la dejaron sin la luz que emitía. El espectro femenino quedó tirada sobre el suelo en posición prenatal, abandonada. Los otros volvieron a su danza.
Otra forma humana apareció. El espectro --aparentaba ser masculino-- se acercó sutil, y como bailando ballet, a la forma cuya luz verdácea dejó de palpitar. Luego de observar a la forma, hizo gestos que implicaban un reproche, señalaba al área de la luz apagada, y gesticulando con violencia, dio media vuelta y se fue.
Tras él, se fueron dispersando los demás espectros hasta que nuevamente la bruma blanquecina, densa, empañó nuevamente toda visión.
El reloj de arena comenzó a funcionar correctamente, es decir, dejando caer la arena. Aparecieron los espectros con pico y pala, pero en esta ocasión rellenaron el hoyo abierto, y en la medida que rellenaban la neblina, como absorbida por un extractor, y semejando un torbellino, fue tragada por el hoyo. En una pila que quedó, sobre el lugar de la excavación, cayó como desprendido el reloj de arena...
***
Han despertado.
Gilberto se pone a observar a Rosario bañándose, a través de la puerta entreabierta. Jaguas colgantes, espumas acariciantes. Termina. Rosario sale del baño. Cuánto la amo!.
Rosario, con una luna llena oculta en su vientre, rostro brillante, majestuoso, radiante, algunas gotas rodando sobre su piel suave, se acerca al tocador. Ella es una reina en este momento. Su pelo largo, castaño, caía en riachuelos como de una montaña horadada por el viento luego de una lluvia, por el frente; y por la espalda como la caída del famoso salto del Ángel. Los ojos oscuros, grandes, emitían una íntima luz picarona, seductora. Sus labios, desplegaban una sonrisa traviesa y sus mejillas, un sublime rubor. Encantador. Te amo.
-¡Gilberto, levántate! -Rogó cariñosamente Rosario-. Debemos salir ya para la clínica, las contracciones me han aumentado.
De un brinco, Gilberto cayó en la bañera, se aseó y vistió...
Ambos listos, se dirigieron a la clínica en el vehículo de la hermana de Rosario.
9:00 a.m. Llega el doctor.
-Doctor -lo embiste Rosario- ya estoy lista para dar a luz. Tengo siete centímetros.
El doctor abrió los ojos e inquieto preguntó:
-¿Cómo lo sabe? - mientras veía a Gilberto y con un manoteo agregó- no importa.
Dio instrucciones a una enfermera y se la llevaron. Se la llevan, quiero participar, quiero ver el parto. Tengo que decirle al doctor. El doctor se le acercó.
-¿Quiere estar presente..?, venga conmigo...
Gilberto le siguió los pasos.
***
9:45am. Sala de partos.
Al entrar el doctor le ofrece una bata a Gilberto. Este se la pone. ¿Cómo me pongo esto? Parece que cierra detrás. Embutió sus brazos en las mangas y luego intentó amarrarse la espalda. Vio hacia donde estaba Rosario. Creo que tendré que pedirle ayuda al doctor. Mira como me la pelaron, parece un pollo desplumado, así recostada y con las piernas sobre las perneras...
-Cariño, cómo estas? -Preguntó pero al verla comprendió por qué no respondía.
Ella lo miró con el rostro en sufrimiento, con muecas de dolor aquejada por las continuas contracciones.
-No te preocupes Rosario -dice el doctor interpretando su rostro- estás dilatando rápido, y las contracciones llevan buen ritmo. Trata de cuando te agarren, de cerrar la boca y gemir hacia dentro...
El doctor se ve tranquilito. Acostumbrado a este drama cualquiera se vuelve impasible. Y uno haciendo sufrir a su madre, lucha y sufrimiento, esa es la vida. Uno nace llorando, síntoma del sufrimiento que se vive ahí dentro y muere igualito. Sale de un hoyo para entrar a otro...
10:30am. Alumbrando la sala de partos.
-Ahhhh!...- gritó Rosario, sientiéndose desgarrada, y sujeta a Gilberto que le servía de sustento, de soporte. Él, sintiéndose impotente, intentó hacerle una caricia, que ella no agradeció.
-Cierra la boca y grita hacia dentro - dijo el doctor.
En ese momento el doctor inició un monólogo desarticulado que, como porrista, se reducía a incitar a la acción, a través de frases cortas:
Ya están los diez centímetros... puja... ahí viene... ya sale ... mírenlo, mírenlo..
Le agarró la cabecita, tan flexible como una bola de aire, con su forma pero con poco aire. Él se la agarró y lo ayudó a salir.
Puja!, puja!
Con la cabecita fuera, ahora le agarraba el cuellito, salía, como de una cueva, ascendiendo hacia la superficie.
Puja! Puja!
Ya fuera, estaba moradito.
-Gilberto, déjala un momento y ayúdame -dijo el doctor.
Y ahora qué quiere.
-Ponte unos guantes y toma esta tijera... corta! -Le pidió el doctor.
Miren esa critaturita, moradita, qué feíto: arrugado, con humores viscosos impregnados, todo un renacuajo... ¡Mi hijo!
El perinatólogo tomó una perilla y limpió las vías respiratorias, lo limpia del líquido amniótico, de la sangre. Gritó sin necesidad de palmadas. Poco a poco tomó color, hasta un rosadito tenue. Ahora sí, qué hermoso, un milagro, un milagro.
Fotos, fotos, fotos. Olvidé la filmadora.
Tiene frío. El doctor lo envolvió en una frazada, se lo dio a una enfermera, que lo vistió.
-No necesita incubadora, nació hecho un hombre -dice entusiasmado el doctor. Felicidades. Tiene usted un macho de hombre. Tómelo.
-Pero, no lo sé cargar... -balbucea, aturdido, el médico le ayuda- Ahora sí, qué lindo, es mi hijito, mi primogénito..
No puedo expresar lo que siento. No puedo seguir. Es inenarrable. Inefable. Sublime. Lo tomo, lo cargo, le hablo, le río, lo beso... mi hijo...
11:00am Radioaficionado.
-¿Qué dice esa abuela?
-(...)
-A las 10:30... Gracias
-(...)
-Dime tía, aquí está tu sobrinito bello...
Con expresiones ridículas, cursis y desusadas; transformado, envuelto en un manto de alegría y regocijo, llamó a títirimundati...
11:30am. Rosario devuelta a la habitación.
La habitación huele a alegría. Pegada a la puerta una cinta tradicional “It’s a Boy!” da la bienvenida a quien llegue. Varios arreglos primaverales llenos de pompones, rosas, claveles y orquídeas están distribuidos en distintas mesas de la habitación, que abrazan con su aroma a Rosario cuando entra.
-Cariño, te esperaba... -la reciben.
-Doctor -pregunta Gilberto- ¿puede brindar?
-Claro...
Sirven copas de un Cava que estaba esperando por el evento. Bindan, gozan, ríen.
Rosario, con el niño en los brazos, está nuevamente iluminada. Ha olvidado que segundos antes había sufrido dolores insoportables. Sonríe dulcemente. Gilberto se le acerca, la besa y, los tres, posan orgullosamente, entusiasmados, envanecidos y felices ante la cámara, dando testimonio del regocijo a la posteridad.
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Crónica de Un Nacimiento
Gilberto está agitado. Se le nota un poco turbado. Estando en retraso, una semana después de la fecha del parto, no tengo otro remedio que inquietarme. Cada día amanecía más brillante. El cielo muestra un azul bajo el que fluyen, como navegando suavemente sobre un mar de superficies aplanadas, benévolos algodones nubosos. Este brillo me alteró el ritmo, lo sentía como la anunciación de su llegada.
Conseguiría dos cámara para la ocasión: La primera, del tipo filmadora, pues es necesario grabar el momento, atrapar la espontaneidad del misterio, emocionante al brotar la vida desde las oscuras cavernas del vientre. La segunda, del tipo fotográfica, para adoptar las poses del momento, felices, entusiastas y vanidosas, como testimonio.
Pero pasan los días y su impulsividad comienza a aflorar a la superficie de mi tranquilidad. Siento toda actuación como un “ir hacia”, como estar en el espacio infinito donde, describiendo círculos concéntricos, me arremolino hacia un centro que inexorablemente me atraía.
Como una Penélope, tal vez, cosiendo y descosiendo incansablemente, en actividad circular, mi ánimo hiperactivo me obligaba a realizar lo que me viniera a la mente. Si estaba frente a mi computadora programando alguna aplicación, suspendía el trabajo e iniciaba un escrito; escribía sin ton ni son hasta, llegado un momento de incansable actividad, darme cuenta que había escrito un galimatías indescifrable. Si, para disipar la tensión, iba a practicar tenis, no golpeaba la bola con control, y me evadía lanzando la raqueta a un lado para dejar el tenis e ir a practicar baloncesto. Si tomaba algún libro, al leer las primeras líneas, el pensamiento divagaba por parques poblados de niños sonriendo alegremente en sus juguetonas travesuras, o en playas llenas de castillos de arena con la brisa derrumbándolos y los niños llorando por lo malo del viento, o en el campo donde los niños montaban ponis con el temor de caer...
Y cuando en compañía de mi querida esposa tentando su vientre, haciéndole el tacto para determinar cuánto había dilatado: nunca podía abrir los dedos dentro. El desánimo y la intranquilidad se apoderaban de mí como una garra que me aprieta y, a pesar del intento, no podía evitarlo.
Para colmo de males, cada vez que me veía un rostro conocido, algún compañero de trabajo, algún amigo; me cuestionaban con un “Ya!?” que me aturdía y al que con fuerza respondía “...en cualquier momento!”.
Sin embargo esos momentos se prolongaban, y cada segundo se sumaba con reiteración para formar el minuto, y cada minuto para formar una hora, y cada hora para formar un día, y así esperando impacientemente, lo que consideraba ser una espera eterna.
Sí, el que espera desespera.
***
La distracción, de conseguirla, llegaba por momentos fugaces, pero siempre a tiempo.
Siempre llevo mi teléfono celular a cuestas. El día clave de este relato, lo olvidé en el vehículo.
Fue impartiendo clases cuando logré la distracción. Ese día las dos horas fueron tan largas como interesantes. Los estudiantes se esmeraron en preparar decenas de preguntas, afloraron cientos de inquietudes y se generaron, sin mentir, millares de comentarios. Qué si lograron distraerme!, si lo habían programado, no creo que hubiera salido tan bien.
Salí del aula alegre y encantado por esa clase. Ese detalle enorgullece a cualquier profesor. Estaba sencillamente envanecido.
8:00pm. La llamada.
Entro al vehículo y el teléfono está timbrando, lo tomo y ... como chichigua que vuela a sus anchas entre las brisas caribeñas y que al ser halada pierde vuelo, así volví nuevamente a la tierra. A poner los pies sobre la tierra.
-¡Buenas Noches!, saludos...
-(...)
-¡Y qué amorcito, cómo estás!
-(...)
-¡¿Qué...?!
-(...)
-¡A las tres de la tarde! Y, ¿por qué no me llamaste..? -Gilberto balbuceaba...
-(...)
-Cómo que no querías preocuparme...
-(...)
-Está bien, saldré para allá tan pronto busque ropa...adiós.
El tránsito se movilizaba como tirado por burros mañosos.
Tocaba bocina, intentaba desviarse, cambios de luces. Miles de palabras se agrupaban en mi mente y salían descompuestas en un movimiento silencioso de los labios y castañeante de los dientes. El pelo, peinado en ese momento, comenzó a ser acariciado con violencia por Gilberto.
Ubicuidad. Ubicuidad. Tomó el teléfono celular, tipeó a su casa.
-Virginia!, mira prepárame ropa para salir de urgencia para San Pedro, no digas nada en la casa. Ok.
8:39pm. La vorágine.
Raudo y veloz, Gilberto entra en la casa como ventisca de huracán. Se dirigió a la habitación y desvestirse, tomar la toalla, entrar al baño y echarse el primer jarro de agua en el cuerpo fue todo un coro de acciones semi-paralelas.
Ahora enfrentar reproches, restricciones, consejos sobre lo que voy a hacer...
***
Don Gilberto, bebía su cervecita acostumbrada. Lo encontró meciéndose en la legendaria mecedora, con espaldares y asientos tejidas en guano, cuyas coyunturas crispaban en cada ir o venir.
Gilberto se ha reservado para el último minuto la noticia, pero ya vestido, da voces de agitación anunciando la decisión de tomar carretera en ese instante.
Antes de salir, y en el momento de la despedida, el viejo le dice que por qué la prisa, que se sentara a su lado un momento.
-Siéntate aquí...-le decía mientras le indicaba con la mano abierta el lugar.
Al sentarse, la silla crepitó. En qué estará ella, ¿sufriendo?, debo irme pronto...
Padre, hijo se sentaron a conversar. Pero el futuro padre, se sentó con impaciencia. Ahora me dará una cátedra de comportamiento.
-¿Por qué los jóvenes son tan impulsivos? ¿Por qué tanta prisa por llegar rápido cuando llegarán de cualquier manera si lo tomaran con calma? ¿Por qué salir, sin necesidad, tan tarde a una carretera oscura, inhóspita, peligrosa?- inició a modo de exordio Don Gilberto.
Parece creer que con su perorata de razones va a convencerme. Tengo que irme y hablándome cosas, que sabiendo, no quiero oír...
-Yo también tuve tu edad -contínuó el viejo- y sabes?, me impacienté mucho al momento de tu nacimiento...
Parsimónico, y como quien recuerda, se acercó el cigarrillo humeante a la comidilla izquierda de sus labios, aspiró, y luego dejó caer la mano como un martillo sobre el pasamanos de la mecedora. No puedo soportar más, tengo que cortar este diálogo estéril...
-Y quieres que yo tenga ahora la madurez que no tuviste entonces... -le arrebató Gilberto el discurso-. Para llegar donde estás ahora primero fuiste lo que soy ahora, poco más o menos. Gracias por tu discurso elocuente y consejero, pero no tengo tiempo, adiós...
Se levantó, tomó su bulto y haciendo gestos de despedida se marchó.
***
11:00pm. Gasolina.
Tengo que echar gasolina. Entra en la estación. Déjame ir a conseguir un cafecito aromático, calientito, humeante, negro y sabroso. Apaga el vehículo.
Regresa. Paga. Enciende... algo ocurre... enciende nuevamente... : batería!.
El pelo, peinado en ese momento, comenzó a ser acariciado con violencia por Gilberto. Déjame aprovechar a ese señor...
-Señor! Présteme su ...
12:30pm. El viaje.
Sale acelerado de la estación. El velocímetro, parpadeante, despliega el incremento, 40kph, 60 kph, 80 kph, 90kph, 120kph... Timbra el teléfono.
-Dime Cariño..., acabo de salir-adivinó.
-(...)
-Sí, en media hora estoy allá. Ciao.
Sólo, en la carretera. Desprovisto de todo humano contacto que me distraiga, me quite el sueño. En el radio toca una cinta de los Valses de Strauss. Esa música me está durmiendo. Cambia. Introduce una de Juan Luis Guerra: Fogaraté.
La carretera estaba a oscuras. A la izquierda se veía como la luna llena desparramaba su luz sobre las olas. Y en esa oscuridad blanquecina, las aguas del mar reflejaban brillos estremecidos, titilantes, difusos. Los grillos iluminaban la sorda oscuridad, y a pesar de la prisa que llevaba, hasta el merengue que sonaba utilizaba sus acordes. En accesos de violencia, las olas rompían a tiempos desiguales contra las rocas y esparcía espumas invisibles alrededor impregando el cristal delantero infinitas gotas.
¡Qué mejor compañía, qué mejor sinfonía, qué mayor claridad, era necesaria para acompañarlo!.
“Los aires retozaban alrededor de él, aires mordaces y ansiosos. Ellas vienen: las olas. Los caballos marinos de blancas crines, tascando sus frenos, con brillantes riendas de viento...”
***
Al fin, parece que había una confabulación de la fortuna contra mí. Ella lo esperaba en el balcón. Se levantó sonriente y fue a su compañía.
Ahí está ella, viene hacia mí, con su gracioso caminar de pato, aunque con la cola delante. Apagó, y pensando que necesitaba la seguridad de que encendería nuevamente, intentó. Fue inútil. Desmontó, luego de asegurarse de dejar bien seguro todo.
Al encontrarse con ella, le acarició suavemente el vientre, luego rozó el revés de la mano por su rostro y le dio un beso. Sentíase aturdido. Irremisiblemente arrastrado hacia el punto donde las vidas cambian, confluyen, cobran vida, y comprende que ésta no es vida hasta producir otra vida que, como significante, le da significado.
Tomados de la mano entraron a la casa. En la habitación encontró la cuna cubierta de las ropitas azuladas, las mantas y zapatitos tejidos, y los utensilios de higiene.
La acostó y le hizo el tacto. Cinco centímetros de dilatación. ¡Aumentó!. Sus ojos brillaron y se encontraron con los de Rosario fundiéndose en olorosa intimidad.
1:30am. Apagaron la luz, se abrazaron con acaramelado entusiasmo y durmieron.
***
Gilberto tomó el sueño inmediatamente. Sobre su cabeza, en el espacio que ascendía al techo, se presentó una nube donde se proyectaba una extraña actividad.
Formas espectrales, con picos y palas sobre sí, iniciaron un areíto de horrorosos movimientos. Había un reloj de arena a media medida que comenzó a aspirar, con singular falta de respeto a la gravedad, la arena del recipiente inferior. Y contra todo sentido, sólo funcionaba cuando los espectros cavaban.
Estando en ese movimiento continuo de excavación, comenzó a salir del hoyo un vapor denso. Brumas blanquecinas que empañaron toda visión.
Cuándo se hubo disipado, aparecieron nuevos espectros con formas combinadas de animales, jamás antes vistas. Las combinaciones emulaban rostros ora de perro con orejas de elefantes, ora humanos con lenguas viperinas y labios de hienas, ora de buitres con bocas de lobo, todas confusas, todas desconocidas.
Una que no estaba en el grupo, se acercó. Parecía una forma humana femenina. Algo raro se veía titilar en su vientre. Difusa, opaca emitía una tenue luz verdácea.
Los espectros de combinaciones extrañas la rodearon, bailaron nuevamente el areíto macabro cuya coreografía expresaba significados indescifrables. En una ocasión se apiñaron alrededor del espectro femenino con la tenue luz verdácea. La solaparon, hicieron de ella su víctima, y al separarse de ella, la dejaron sin la luz que emitía. El espectro femenino quedó tirada sobre el suelo en posición prenatal, abandonada. Los otros volvieron a su danza.
Otra forma humana apareció. El espectro --aparentaba ser masculino-- se acercó sutil, y como bailando ballet, a la forma cuya luz verdácea dejó de palpitar. Luego de observar a la forma, hizo gestos que implicaban un reproche, señalaba al área de la luz apagada, y gesticulando con violencia, dio media vuelta y se fue.
Tras él, se fueron dispersando los demás espectros hasta que nuevamente la bruma blanquecina, densa, empañó nuevamente toda visión.
El reloj de arena comenzó a funcionar correctamente, es decir, dejando caer la arena. Aparecieron los espectros con pico y pala, pero en esta ocasión rellenaron el hoyo abierto, y en la medida que rellenaban la neblina, como absorbida por un extractor, y semejando un torbellino, fue tragada por el hoyo. En una pila que quedó, sobre el lugar de la excavación, cayó como desprendido el reloj de arena...
***
Han despertado.
Gilberto se pone a observar a Rosario bañándose, a través de la puerta entreabierta. Jaguas colgantes, espumas acariciantes. Termina. Rosario sale del baño. Cuánto la amo!.
Rosario, con una luna llena oculta en su vientre, rostro brillante, majestuoso, radiante, algunas gotas rodando sobre su piel suave, se acerca al tocador. Ella es una reina en este momento. Su pelo largo, castaño, caía en riachuelos como de una montaña horadada por el viento luego de una lluvia, por el frente; y por la espalda como la caída del famoso salto del Ángel. Los ojos oscuros, grandes, emitían una íntima luz picarona, seductora. Sus labios, desplegaban una sonrisa traviesa y sus mejillas, un sublime rubor. Encantador. Te amo.
-¡Gilberto, levántate! -Rogó cariñosamente Rosario-. Debemos salir ya para la clínica, las contracciones me han aumentado.
De un brinco, Gilberto cayó en la bañera, se aseó y vistió...
Ambos listos, se dirigieron a la clínica en el vehículo de la hermana de Rosario.
9:00 a.m. Llega el doctor.
-Doctor -lo embiste Rosario- ya estoy lista para dar a luz. Tengo siete centímetros.
El doctor abrió los ojos e inquieto preguntó:
-¿Cómo lo sabe? - mientras veía a Gilberto y con un manoteo agregó- no importa.
Dio instrucciones a una enfermera y se la llevaron. Se la llevan, quiero participar, quiero ver el parto. Tengo que decirle al doctor. El doctor se le acercó.
-¿Quiere estar presente..?, venga conmigo...
Gilberto le siguió los pasos.
***
9:45am. Sala de partos.
Al entrar el doctor le ofrece una bata a Gilberto. Este se la pone. ¿Cómo me pongo esto? Parece que cierra detrás. Embutió sus brazos en las mangas y luego intentó amarrarse la espalda. Vio hacia donde estaba Rosario. Creo que tendré que pedirle ayuda al doctor. Mira como me la pelaron, parece un pollo desplumado, así recostada y con las piernas sobre las perneras...
-Cariño, cómo estas? -Preguntó pero al verla comprendió por qué no respondía.
Ella lo miró con el rostro en sufrimiento, con muecas de dolor aquejada por las continuas contracciones.
-No te preocupes Rosario -dice el doctor interpretando su rostro- estás dilatando rápido, y las contracciones llevan buen ritmo. Trata de cuando te agarren, de cerrar la boca y gemir hacia dentro...
El doctor se ve tranquilito. Acostumbrado a este drama cualquiera se vuelve impasible. Y uno haciendo sufrir a su madre, lucha y sufrimiento, esa es la vida. Uno nace llorando, síntoma del sufrimiento que se vive ahí dentro y muere igualito. Sale de un hoyo para entrar a otro...
10:30am. Alumbrando la sala de partos.
-Ahhhh!...- gritó Rosario, sientiéndose desgarrada, y sujeta a Gilberto que le servía de sustento, de soporte. Él, sintiéndose impotente, intentó hacerle una caricia, que ella no agradeció.
-Cierra la boca y grita hacia dentro - dijo el doctor.
En ese momento el doctor inició un monólogo desarticulado que, como porrista, se reducía a incitar a la acción, a través de frases cortas:
Ya están los diez centímetros... puja... ahí viene... ya sale ... mírenlo, mírenlo..
Le agarró la cabecita, tan flexible como una bola de aire, con su forma pero con poco aire. Él se la agarró y lo ayudó a salir.
Puja!, puja!
Con la cabecita fuera, ahora le agarraba el cuellito, salía, como de una cueva, ascendiendo hacia la superficie.
Puja! Puja!
Ya fuera, estaba moradito.
-Gilberto, déjala un momento y ayúdame -dijo el doctor.
Y ahora qué quiere.
-Ponte unos guantes y toma esta tijera... corta! -Le pidió el doctor.
Miren esa critaturita, moradita, qué feíto: arrugado, con humores viscosos impregnados, todo un renacuajo... ¡Mi hijo!
El perinatólogo tomó una perilla y limpió las vías respiratorias, lo limpia del líquido amniótico, de la sangre. Gritó sin necesidad de palmadas. Poco a poco tomó color, hasta un rosadito tenue. Ahora sí, qué hermoso, un milagro, un milagro.
Fotos, fotos, fotos. Olvidé la filmadora.
Tiene frío. El doctor lo envolvió en una frazada, se lo dio a una enfermera, que lo vistió.
-No necesita incubadora, nació hecho un hombre -dice entusiasmado el doctor. Felicidades. Tiene usted un macho de hombre. Tómelo.
-Pero, no lo sé cargar... -balbucea, aturdido, el médico le ayuda- Ahora sí, qué lindo, es mi hijito, mi primogénito..
No puedo expresar lo que siento. No puedo seguir. Es inenarrable. Inefable. Sublime. Lo tomo, lo cargo, le hablo, le río, lo beso... mi hijo...
11:00am Radioaficionado.
-¿Qué dice esa abuela?
-(...)
-A las 10:30... Gracias
-(...)
-Dime tía, aquí está tu sobrinito bello...
Con expresiones ridículas, cursis y desusadas; transformado, envuelto en un manto de alegría y regocijo, llamó a títirimundati...
11:30am. Rosario devuelta a la habitación.
La habitación huele a alegría. Pegada a la puerta una cinta tradicional “It’s a Boy!” da la bienvenida a quien llegue. Varios arreglos primaverales llenos de pompones, rosas, claveles y orquídeas están distribuidos en distintas mesas de la habitación, que abrazan con su aroma a Rosario cuando entra.
-Cariño, te esperaba... -la reciben.
-Doctor -pregunta Gilberto- ¿puede brindar?
-Claro...
Sirven copas de un Cava que estaba esperando por el evento. Bindan, gozan, ríen.
Rosario, con el niño en los brazos, está nuevamente iluminada. Ha olvidado que segundos antes había sufrido dolores insoportables. Sonríe dulcemente. Gilberto se le acerca, la besa y, los tres, posan orgullosamente, entusiasmados, envanecidos y felices ante la cámara, dando testimonio del regocijo a la posteridad.
La mecedora...
Publicado sin correcciones, hoy en los últimos días del año 2010.
La mecedora…
Al comenzar la tarde se sentaba el anciano en su mecedora preferida. Traía un par de botellas de ron y comenzaba el acostumbrado crepitar de la vieja mecedora al moverse:
¡CRIQUI, CRIQUI, CRIQUI, CRIQUI ...!
En esta oportunidad la soledad no era como acostumbraba a ser. Ahora tiene a su alrededor varias personas que beben junto a él, aparte del ron, el tufo de su aliento y lo estremecedoras de sus palabras. Entre el CRIQUI de la mecedora dejaba volar su mente, torpe, por los estragos del ron, buscando los mejores pensamientos para expresarlos de la manera menos pastosamente posible, pues sus labios y lengua los sentía ya pesados, ya cansados; sus ojos, en el rojo de los vasos capilares encendidos y, su negra piel grasienta fulguraba en medio de la sala.
- ¿No saben cuánto tiempo ansiaba verlos, ¡olvidaba que existían!? - dijo don Manuel, que así se llama nuestro personaje abriendo grandemente los ojos, y agrega con melancolía - ¡Verdad que es triste saber cómo es la vida!.
Sorbe un trago de la copa que contenía el ron, la cual estaba sobre la mesa que servía de centro a la sala. Lo saborea y hace una mueca. Luego prosigue:
- Yo era un gran ingeniero - en su voz se reconoce la reflexión de problemas que sólo en su experiencia se encuentran-, trabajé con Trujillo ¡El Jefe!, con Balaguer en sus doce años, con Guzmán, Jorge Blanco...
La mecedora criqueaba:
!CRIQ, CRIQ, CRIQ, CRIQ! Era sábado, los hijos estaban en casa y preparaban la comida del medio día. Hablaban poco pero su presencia en la cocina se dejaba sentir, el chocar de los trastes de cocina producía por momentos espasmos, por momentos irritación, por momentos interrupciones violentas, sonaban con fuerza:
¡CRAQUITI, CRAQUITI!
Don Manuel, cuyo pensamiento estaba afectado por el alcohol, sentía al oír el chocar de los trastes esa irritación que antes mencionamos, luego de una pausa para controlarla agregó exaltado:
- Dirán ustedes ¿si trabajaste tanto porqué estas así?, ustedes lo saben pero les voy a decir. No tengo ni un mísero céntimo, pero hace unos años me encontré ante la alternativa siguiente: "¡bueno, tengo que hacer una buena inversión con tanto cuarto, pero ¿cuál?..." de inmediato pensé en las mejores alternativas: una fábrica de bloques, una compañía de contratistas, construcción de casas, compra de solares para edificarlos, ¡esto generaba y genera aún buenos beneficios!; pensé también en comprar casas y alquilarlas, tiendas de repuestos para vehículos, compra y venta de vehículos. A todo esto di mente y fue objeto de profundo estudio.
- En ese tiempo - prosigue -, se pusieron de moda las financieras. Las financieras atraían a sus clientes ofreciendo grandes beneficios a través de las altas tasas de interés, que patrocinaba y eran defendidas por el gobierno. ¡Qué mejor inversión la de depositar ese dinero ahorrado con tanto esfuerzo, trabajando duro de sol a sol, sudando la gota gorda, ¡guayando la yuca!, haciendo sala a tantos políticos, quienes para condicionar la gestión de las contratas no tartamudeaban al pedir sus beneficios; tratando que las cubicaciones de los trabajos realizados salieran con prontitud, recuerdo con melancolía como el capataz en los momentos de mayor crisis le prendía una vela a la Virgen, pidiendo el "¡mete la mano virgencita!" para obtener los pagos con menos distancia en el terreno del tiempo...
Vuelve a criquear la silla. En esta oportunidad se levanta y dando tumbos se dirige al baño. Una vez allí se dejaba oír el murmullo del caño de orines agitar y golpear las aguas del inodoro, que no por llamarse así deja de tener un desagradable olor en momentos en que todas las execraciones son arrojadas y, por falta de agua, preocupación o simplemente por dejarlas fermentar se confabulan creando un vaho inaguantable. Se interrumpe el murmullo y vuelve a tumbos por el mismo pasillo. Su figura no era de lo más hermosa. Era flaco, pero tenía una barriga que lucía de mujer embarazada "¡la cerveza y el ron, fuentes inagotables donde ahogamos temporalmente nuestros sufrimientos!" diría él en momentos de lucidez poética. Su oscuridad aumentaba con lo sombrío del pasillo. Los dientes postizos, que siempre llevaba, parecían salirse de su boca y que los masticaba. Venía descalzo, las piernas como de flamencos flacas, los brazos como el pan francés largos. Sus manos bien parecían grandes guantes. Un cuello estrecho y largo sostenía su cana y calva cabeza, la cual fruto del sudor, brillaba ante la luz de la tarde nublada. Se sostenía de la pared, alguien que llegara no podría diferenciar si se sostenía él de ella o disimulaba para no dejarla caer. Al fin llega nuevamente a la sala, antes manda a buscar dos nuevas botellas de ron y se sienta.
La mecedora anuncia su llegada con el estrepitoso sonido de sus coyunturas:
¡CRAQUITI!
El sonido se va perdiendo entre el ¡CRIQ-CRIQ! de los movimientos periódicos y calmados del asiento.
Toma un cigarrillo de la cajetilla con dificultad, se lo acoteja entre el dedo índice y pulgar de la mano derecha, se acerca la mano a la cara, la retira y deja el cigarrillo en sus muecosos labios. Toma los fósforos, rasga un cerillo, lo acerca a la cara, mueve sus cejas y ojos, a la vez que arruga su frente, como si estuviera apuntando al cigarrillo con el cerillo, y con cuidado lo prende. Se crea una gran nube con fuerte olor a nicotina, alquitrán y pólvora quemada. Luego se retira el cigarrillo con la mano derecha y continúa su perorata con voz ora agitada, ora calmada.
- ¡Tres años, tres años sólo duró mi dicha con las financieras! - gritó con voz agitada.
- ¡Tres años solamente! - agregó con voz calmada, emotiva y llena de nostalgias, melancolías y sinsabores.
- Diversiones - prosigue -, viajes, ¡ustedes disfrutaron de esos momentos de felicidad y fiesta!, todo eso duró sólo tres años. Aún recuerdo el preludio de mis desgracias. A los dos años y medio de ser depositante de la financiera me llamaron, yo fui y me dijeron:
Financiera: Le vamos a doblar el monto de la tasa de interés.Yo: Perfecto, pero ¿cuál sería la condición?
(dicho esto privando de agudo, pero mordiendo el anzuelo)
Financiera: Únasenos como accionista, esta empresa es sólida, tiene buen nombre, y está en crecimiento; aparte de eso lo convertiremos en banco para que la inversión ofrezca más seguridad. Bien sabe que tenemos gran cantidad de depositantes, etc., etc., etc...
- ¡Señores, cuándo hablan de duplicar los intereses de tu inversión, si no eres muy despierto caes en las redes del engaño: ¡yo caí!. Firmé el contrato como accionista y comenzó mi martirio. Los tres primeros meses todo estuvo perfecto, podemos incluir en esta perfección hasta el cuarto mes, pero al quinto se atrasaron; el sexto, fue el ¡fin de la diversión!. Declararon un feriado bancario, congelando todas las operaciones que realizaba la financiera, que para este tiempo había sido convertida en banco.
Pausó un momento. Acercó su mano a la copita que contenía el ron, la tomó, levantó y con parsimonia la observó. Intentaba atravesar la transparencia del ambarino líquido con la agudeza de sus ojos, los cuales mostraban la lejanía de sus pensamientos. Sus ojos se aguaron. La ira se apoderó de él y con movimientos bruscos, ademanes ásperos, golpeaba violentamente el poco aire de la sala con sus manos. Del enojo derramó el poco ron que en la copa quedaba y que en su mano aún se encontraba.
- ¡Nunca en mi vida me sentí tan mal como en ese momento!. La sangre me hervía con tanto furor que me hizo levantar, buscar mi arma en donde estaba. La cargué con tantas balas como en ella cabían, el resto en mi bolsillo las llevé. Las manos me temblaban. El corazón latía que se me salía. La respiración no funcionaba, sentí ahogos, me faltó el aire. Fui en el carro a las oficinas del banco. La vi cerrada y llena de personas, tan desesperadas como yo, lanzaban gritos, blasfemaban, juraban contra los dueños. Me puse la pistola en el cinto donde se podía ver sin dificultad. Avancé con paso decidido a hablar con alguien ¡quién sea!, alguien tenía que dar la cara.
- ¡NADIE SALIA! - comenzó a gritar y a sufrir esos momentos -, ¡NADIE ME ATENDIA!, ¡NO ME ESCUCHABAN!, ¡ME DESESPERE, SAQUE LA PISTOLA Y COMENCE A DISPARAR CONTRA EL EDIFICIO, CONTRA LOS QUE NO ME ESCUCHABAN, LOS QUE ME ENGA§ARON, TRAICIONARON Y FUERON CULPABLE DE MI RUINA!... no sé que pasó después pues desperté en la clínica.
En ese instante tenía las manos sobre la cabeza, desconsolado, derramando lágrimas del alma, llenas de hiel, acíbar, melancolía, nostalgia. Sintiendo el amargo sabor que en esos momentos vivió. Luego, calmo y con voz profunda prosiguió:
- ...pero ¿creen que ahí terminaron mis males?. La mujer me recriminó, ¡sí, su querida hermana!, ¡¿por qué te hiciste accionista, ¡ANIMAL!?!, fue de lo poco que me dijo... caí en depresión: el ron fue mi aliado. ¡Un ingeniero, verse en la ruina de la noche a la mañana, en un simple chasquido de dedos...!
Su expresión era cada vez más patética, las muecas del sufrimiento aumentaron los pliegues en el rostro, las manos trémulas se mostraban sobre el pasamanos de la mecedora. Cabizbajo, duró así un largo rato de dos minutos en silencio... Todos hacían silencio, sólo se escuchaba el ¡CRIQ, CRIQ, CRIQ! de la mecedora al ir y venir. Era contemplado con dolor.
Añadió luego menos tenso, pero aún irritado;
- ¡Fácil hubiera sido pegarme un tiro!, ¡fácil hubiera sido arrojarme de un edificio!, ¡dejarme atropellar!, ¡estrellarme en el carro...! pero no podía. Los amigos, pasando el tiempo, se fueron alejando, la familia también: ¡el tiempo se encargó de abrir la puerta a la miseria...!. Dos años duró esa maldita crisis: ¡cuando la miseria entra por la puerta del frente, la felicidad se va por la ventana!.
Divagaba en sus razonamientos y aunque estaba tan borracho como las uvas, se expresaba con cierta lucidez misteriosa, o no tan misteriosa, pues aunque algunas veces recordar es vivir todo depende ¡qué se recuerda!.
- ¡Sí señores!, dos años buscando contratos con el gobierno para construcciones, buscando empleo ¿dónde trabajar? decía yo. El vehículo, al final, lo tuve que usar para conchar. ¡Sí conchar! Mi orgullo me lo tuve que tragar con lo salado de las lagrimas y envuelto en mi dolor... El carro se dañó, problemas con la esposa, los hijos. Ir diariamente donde los corruptos políticos y funcionarios nuestros, sólo decía "siéntese en un momento lo atiendo": el día se tomaban para recibirme; "venga mañana": así me mantenían toda una semana; "ya enviamos el proyecto, depende ahora de la presidencia"... Lo último que me pasó ¡ja!: Uno de los que me consiguió la última contrata, antes de mi desgracia, se me acercó y con aire arrepentido, me imploraba recibiera RD$ 25,000.00. Escúchenlo atentamente y créanlo. "¿Por qué?" pregunté yo asombrado y casi ofendido "no acepto limosnas" agregué; "no don Manuel - decía el -, este dinero es suyo. Me he convertido a evangélico. Necesito deshacer lo malhecho. ¡Un dolor muy hondo en mi alma tengo por haber hecho mal uso de mi posición política para enriquecerme!. Usted fue uno de aquellos a quienes yo golpeé con el mazo de la corrupción". Yo me mantuve quieto hasta que hubo terminado. Asombrado, admirado, desconcertado de como, ¡mientras a mí me quita el sueño los sufrimientos de la miseria a él se lo quitaba los de la corrupción. Simplemente lo eché de mi casa diciéndole "usted no me debe nada, dónelo si quiere, regálelo, pero por mi parte yo no tengo porqué recibirlo, ¡ya estoy pago!"... ¡mi casa será pobre, pero honrada!.
¡CRIQ, CRIQ, CRIQ!
¡Cráquiti!, sonaron los platos pues se ponía ya la mesa. Entró una fuerte brisa húmeda por la ventana, presagiando junto a lo nublado del cielo la lluvia inmediata, y lo fría que será la noche. Ya nuevos potes de ron habían llegado, fueron entregados y servidos. Don Manuel se levantó nuevamente a orinar, al regresar, como cuando iba daba tumbos y con la cara hacía muecas. Tenía al venir con una cara de pocos amigos, se veía cierta agresividad en los ojos, venía con el puño crispado, los labios fuertemente presionados uno contra otro y con voz estertórea dijo:- ¡Ahora ustedes vienen con varias botellas de ron y con una sonrisa a flor de labios! - se mantenía parado y golpeaban las manos el aire -, ¡ahora, luego de dos años de agonía, miseria y sufrimientos, se acercan donde mí a celebrar el primer pago del nuevo contrato que me aprobó el gobierno...!; ¡¿Dónde estaban ustedes cuando los necesité? ¿Dónde estaban ustedes cuando un simple "hola" me hubiera consolado? ¿Dónde estaban cuando sus visitas hubieran reducido la gran pena de la miseria que sentíamos? - los señalaba con acusación, lanzaba espumasos de saliva, nuevamente la ira se había de él apoderado - ¡la fortuna nos vuelve a sonreír, pero no gracias a ustedes!, ¡mi alegría no se basa en su amistad vacía, llena de codicia y ambición!. "En la cárcel y en la cama es donde se conoce a los amigos" así dice un refrán popular y bien dicho. La miseria nos metió en cama y no se acercaron... ¡ni siquiera llamaron!. ¡Váyanse, váyanse!.
Los levantaba y acosaba, parecía que golpearlos quería, ellos se levantaron buscando la puerta de salida temiendo mayor violencia, a la vez les gritaba:
- ¡Si mi miseria la pasé sólo a pesar de ser tan pesada, triste y dolorosa; mi buena fortuna, que no puede haber nada mejor para representar los buenos tiempos, llena de alegrías en soledad la podemos pasar!.
En estas y otras razones se mantuvo hasta que se fueron los parientes bajo la lluvia, ya estando en sus buenas ésta. Los despedía por la ventana con juramentos, blasfemias, improperios y cuánto por la cabeza le pasaba. A través de la ventana entraba con fuerza la lluvia, mojándolo sin piedad, él, inmutable se mantenía dando la merecida despedida a los parientes. Minutos después estaba callado, bebiendo a sorbos de la copita de ron, un cigarrillo en la mano, y despidiendo una humareda que llenaba el aire de un vaho a nicotina, alquitrán y ron.
El sonido de los platos ya no se oía. La comida estaba servida.
El movimiento oscilante de la mecedora producía el sonido acostumbrado:
¡CRIQ, CRIQ, CRIQ...!
La mecedora…
Al comenzar la tarde se sentaba el anciano en su mecedora preferida. Traía un par de botellas de ron y comenzaba el acostumbrado crepitar de la vieja mecedora al moverse:
¡CRIQUI, CRIQUI, CRIQUI, CRIQUI ...!
En esta oportunidad la soledad no era como acostumbraba a ser. Ahora tiene a su alrededor varias personas que beben junto a él, aparte del ron, el tufo de su aliento y lo estremecedoras de sus palabras. Entre el CRIQUI de la mecedora dejaba volar su mente, torpe, por los estragos del ron, buscando los mejores pensamientos para expresarlos de la manera menos pastosamente posible, pues sus labios y lengua los sentía ya pesados, ya cansados; sus ojos, en el rojo de los vasos capilares encendidos y, su negra piel grasienta fulguraba en medio de la sala.
- ¿No saben cuánto tiempo ansiaba verlos, ¡olvidaba que existían!? - dijo don Manuel, que así se llama nuestro personaje abriendo grandemente los ojos, y agrega con melancolía - ¡Verdad que es triste saber cómo es la vida!.
Sorbe un trago de la copa que contenía el ron, la cual estaba sobre la mesa que servía de centro a la sala. Lo saborea y hace una mueca. Luego prosigue:
- Yo era un gran ingeniero - en su voz se reconoce la reflexión de problemas que sólo en su experiencia se encuentran-, trabajé con Trujillo ¡El Jefe!, con Balaguer en sus doce años, con Guzmán, Jorge Blanco...
La mecedora criqueaba:
!CRIQ, CRIQ, CRIQ, CRIQ! Era sábado, los hijos estaban en casa y preparaban la comida del medio día. Hablaban poco pero su presencia en la cocina se dejaba sentir, el chocar de los trastes de cocina producía por momentos espasmos, por momentos irritación, por momentos interrupciones violentas, sonaban con fuerza:
¡CRAQUITI, CRAQUITI!
Don Manuel, cuyo pensamiento estaba afectado por el alcohol, sentía al oír el chocar de los trastes esa irritación que antes mencionamos, luego de una pausa para controlarla agregó exaltado:
- Dirán ustedes ¿si trabajaste tanto porqué estas así?, ustedes lo saben pero les voy a decir. No tengo ni un mísero céntimo, pero hace unos años me encontré ante la alternativa siguiente: "¡bueno, tengo que hacer una buena inversión con tanto cuarto, pero ¿cuál?..." de inmediato pensé en las mejores alternativas: una fábrica de bloques, una compañía de contratistas, construcción de casas, compra de solares para edificarlos, ¡esto generaba y genera aún buenos beneficios!; pensé también en comprar casas y alquilarlas, tiendas de repuestos para vehículos, compra y venta de vehículos. A todo esto di mente y fue objeto de profundo estudio.
- En ese tiempo - prosigue -, se pusieron de moda las financieras. Las financieras atraían a sus clientes ofreciendo grandes beneficios a través de las altas tasas de interés, que patrocinaba y eran defendidas por el gobierno. ¡Qué mejor inversión la de depositar ese dinero ahorrado con tanto esfuerzo, trabajando duro de sol a sol, sudando la gota gorda, ¡guayando la yuca!, haciendo sala a tantos políticos, quienes para condicionar la gestión de las contratas no tartamudeaban al pedir sus beneficios; tratando que las cubicaciones de los trabajos realizados salieran con prontitud, recuerdo con melancolía como el capataz en los momentos de mayor crisis le prendía una vela a la Virgen, pidiendo el "¡mete la mano virgencita!" para obtener los pagos con menos distancia en el terreno del tiempo...
Vuelve a criquear la silla. En esta oportunidad se levanta y dando tumbos se dirige al baño. Una vez allí se dejaba oír el murmullo del caño de orines agitar y golpear las aguas del inodoro, que no por llamarse así deja de tener un desagradable olor en momentos en que todas las execraciones son arrojadas y, por falta de agua, preocupación o simplemente por dejarlas fermentar se confabulan creando un vaho inaguantable. Se interrumpe el murmullo y vuelve a tumbos por el mismo pasillo. Su figura no era de lo más hermosa. Era flaco, pero tenía una barriga que lucía de mujer embarazada "¡la cerveza y el ron, fuentes inagotables donde ahogamos temporalmente nuestros sufrimientos!" diría él en momentos de lucidez poética. Su oscuridad aumentaba con lo sombrío del pasillo. Los dientes postizos, que siempre llevaba, parecían salirse de su boca y que los masticaba. Venía descalzo, las piernas como de flamencos flacas, los brazos como el pan francés largos. Sus manos bien parecían grandes guantes. Un cuello estrecho y largo sostenía su cana y calva cabeza, la cual fruto del sudor, brillaba ante la luz de la tarde nublada. Se sostenía de la pared, alguien que llegara no podría diferenciar si se sostenía él de ella o disimulaba para no dejarla caer. Al fin llega nuevamente a la sala, antes manda a buscar dos nuevas botellas de ron y se sienta.
La mecedora anuncia su llegada con el estrepitoso sonido de sus coyunturas:
¡CRAQUITI!
El sonido se va perdiendo entre el ¡CRIQ-CRIQ! de los movimientos periódicos y calmados del asiento.
Toma un cigarrillo de la cajetilla con dificultad, se lo acoteja entre el dedo índice y pulgar de la mano derecha, se acerca la mano a la cara, la retira y deja el cigarrillo en sus muecosos labios. Toma los fósforos, rasga un cerillo, lo acerca a la cara, mueve sus cejas y ojos, a la vez que arruga su frente, como si estuviera apuntando al cigarrillo con el cerillo, y con cuidado lo prende. Se crea una gran nube con fuerte olor a nicotina, alquitrán y pólvora quemada. Luego se retira el cigarrillo con la mano derecha y continúa su perorata con voz ora agitada, ora calmada.
- ¡Tres años, tres años sólo duró mi dicha con las financieras! - gritó con voz agitada.
- ¡Tres años solamente! - agregó con voz calmada, emotiva y llena de nostalgias, melancolías y sinsabores.
- Diversiones - prosigue -, viajes, ¡ustedes disfrutaron de esos momentos de felicidad y fiesta!, todo eso duró sólo tres años. Aún recuerdo el preludio de mis desgracias. A los dos años y medio de ser depositante de la financiera me llamaron, yo fui y me dijeron:
Financiera: Le vamos a doblar el monto de la tasa de interés.Yo: Perfecto, pero ¿cuál sería la condición?
(dicho esto privando de agudo, pero mordiendo el anzuelo)
Financiera: Únasenos como accionista, esta empresa es sólida, tiene buen nombre, y está en crecimiento; aparte de eso lo convertiremos en banco para que la inversión ofrezca más seguridad. Bien sabe que tenemos gran cantidad de depositantes, etc., etc., etc...
- ¡Señores, cuándo hablan de duplicar los intereses de tu inversión, si no eres muy despierto caes en las redes del engaño: ¡yo caí!. Firmé el contrato como accionista y comenzó mi martirio. Los tres primeros meses todo estuvo perfecto, podemos incluir en esta perfección hasta el cuarto mes, pero al quinto se atrasaron; el sexto, fue el ¡fin de la diversión!. Declararon un feriado bancario, congelando todas las operaciones que realizaba la financiera, que para este tiempo había sido convertida en banco.
Pausó un momento. Acercó su mano a la copita que contenía el ron, la tomó, levantó y con parsimonia la observó. Intentaba atravesar la transparencia del ambarino líquido con la agudeza de sus ojos, los cuales mostraban la lejanía de sus pensamientos. Sus ojos se aguaron. La ira se apoderó de él y con movimientos bruscos, ademanes ásperos, golpeaba violentamente el poco aire de la sala con sus manos. Del enojo derramó el poco ron que en la copa quedaba y que en su mano aún se encontraba.
- ¡Nunca en mi vida me sentí tan mal como en ese momento!. La sangre me hervía con tanto furor que me hizo levantar, buscar mi arma en donde estaba. La cargué con tantas balas como en ella cabían, el resto en mi bolsillo las llevé. Las manos me temblaban. El corazón latía que se me salía. La respiración no funcionaba, sentí ahogos, me faltó el aire. Fui en el carro a las oficinas del banco. La vi cerrada y llena de personas, tan desesperadas como yo, lanzaban gritos, blasfemaban, juraban contra los dueños. Me puse la pistola en el cinto donde se podía ver sin dificultad. Avancé con paso decidido a hablar con alguien ¡quién sea!, alguien tenía que dar la cara.
- ¡NADIE SALIA! - comenzó a gritar y a sufrir esos momentos -, ¡NADIE ME ATENDIA!, ¡NO ME ESCUCHABAN!, ¡ME DESESPERE, SAQUE LA PISTOLA Y COMENCE A DISPARAR CONTRA EL EDIFICIO, CONTRA LOS QUE NO ME ESCUCHABAN, LOS QUE ME ENGA§ARON, TRAICIONARON Y FUERON CULPABLE DE MI RUINA!... no sé que pasó después pues desperté en la clínica.
En ese instante tenía las manos sobre la cabeza, desconsolado, derramando lágrimas del alma, llenas de hiel, acíbar, melancolía, nostalgia. Sintiendo el amargo sabor que en esos momentos vivió. Luego, calmo y con voz profunda prosiguió:
- ...pero ¿creen que ahí terminaron mis males?. La mujer me recriminó, ¡sí, su querida hermana!, ¡¿por qué te hiciste accionista, ¡ANIMAL!?!, fue de lo poco que me dijo... caí en depresión: el ron fue mi aliado. ¡Un ingeniero, verse en la ruina de la noche a la mañana, en un simple chasquido de dedos...!
Su expresión era cada vez más patética, las muecas del sufrimiento aumentaron los pliegues en el rostro, las manos trémulas se mostraban sobre el pasamanos de la mecedora. Cabizbajo, duró así un largo rato de dos minutos en silencio... Todos hacían silencio, sólo se escuchaba el ¡CRIQ, CRIQ, CRIQ! de la mecedora al ir y venir. Era contemplado con dolor.
Añadió luego menos tenso, pero aún irritado;
- ¡Fácil hubiera sido pegarme un tiro!, ¡fácil hubiera sido arrojarme de un edificio!, ¡dejarme atropellar!, ¡estrellarme en el carro...! pero no podía. Los amigos, pasando el tiempo, se fueron alejando, la familia también: ¡el tiempo se encargó de abrir la puerta a la miseria...!. Dos años duró esa maldita crisis: ¡cuando la miseria entra por la puerta del frente, la felicidad se va por la ventana!.
Divagaba en sus razonamientos y aunque estaba tan borracho como las uvas, se expresaba con cierta lucidez misteriosa, o no tan misteriosa, pues aunque algunas veces recordar es vivir todo depende ¡qué se recuerda!.
- ¡Sí señores!, dos años buscando contratos con el gobierno para construcciones, buscando empleo ¿dónde trabajar? decía yo. El vehículo, al final, lo tuve que usar para conchar. ¡Sí conchar! Mi orgullo me lo tuve que tragar con lo salado de las lagrimas y envuelto en mi dolor... El carro se dañó, problemas con la esposa, los hijos. Ir diariamente donde los corruptos políticos y funcionarios nuestros, sólo decía "siéntese en un momento lo atiendo": el día se tomaban para recibirme; "venga mañana": así me mantenían toda una semana; "ya enviamos el proyecto, depende ahora de la presidencia"... Lo último que me pasó ¡ja!: Uno de los que me consiguió la última contrata, antes de mi desgracia, se me acercó y con aire arrepentido, me imploraba recibiera RD$ 25,000.00. Escúchenlo atentamente y créanlo. "¿Por qué?" pregunté yo asombrado y casi ofendido "no acepto limosnas" agregué; "no don Manuel - decía el -, este dinero es suyo. Me he convertido a evangélico. Necesito deshacer lo malhecho. ¡Un dolor muy hondo en mi alma tengo por haber hecho mal uso de mi posición política para enriquecerme!. Usted fue uno de aquellos a quienes yo golpeé con el mazo de la corrupción". Yo me mantuve quieto hasta que hubo terminado. Asombrado, admirado, desconcertado de como, ¡mientras a mí me quita el sueño los sufrimientos de la miseria a él se lo quitaba los de la corrupción. Simplemente lo eché de mi casa diciéndole "usted no me debe nada, dónelo si quiere, regálelo, pero por mi parte yo no tengo porqué recibirlo, ¡ya estoy pago!"... ¡mi casa será pobre, pero honrada!.
¡CRIQ, CRIQ, CRIQ!
¡Cráquiti!, sonaron los platos pues se ponía ya la mesa. Entró una fuerte brisa húmeda por la ventana, presagiando junto a lo nublado del cielo la lluvia inmediata, y lo fría que será la noche. Ya nuevos potes de ron habían llegado, fueron entregados y servidos. Don Manuel se levantó nuevamente a orinar, al regresar, como cuando iba daba tumbos y con la cara hacía muecas. Tenía al venir con una cara de pocos amigos, se veía cierta agresividad en los ojos, venía con el puño crispado, los labios fuertemente presionados uno contra otro y con voz estertórea dijo:- ¡Ahora ustedes vienen con varias botellas de ron y con una sonrisa a flor de labios! - se mantenía parado y golpeaban las manos el aire -, ¡ahora, luego de dos años de agonía, miseria y sufrimientos, se acercan donde mí a celebrar el primer pago del nuevo contrato que me aprobó el gobierno...!; ¡¿Dónde estaban ustedes cuando los necesité? ¿Dónde estaban ustedes cuando un simple "hola" me hubiera consolado? ¿Dónde estaban cuando sus visitas hubieran reducido la gran pena de la miseria que sentíamos? - los señalaba con acusación, lanzaba espumasos de saliva, nuevamente la ira se había de él apoderado - ¡la fortuna nos vuelve a sonreír, pero no gracias a ustedes!, ¡mi alegría no se basa en su amistad vacía, llena de codicia y ambición!. "En la cárcel y en la cama es donde se conoce a los amigos" así dice un refrán popular y bien dicho. La miseria nos metió en cama y no se acercaron... ¡ni siquiera llamaron!. ¡Váyanse, váyanse!.
Los levantaba y acosaba, parecía que golpearlos quería, ellos se levantaron buscando la puerta de salida temiendo mayor violencia, a la vez les gritaba:
- ¡Si mi miseria la pasé sólo a pesar de ser tan pesada, triste y dolorosa; mi buena fortuna, que no puede haber nada mejor para representar los buenos tiempos, llena de alegrías en soledad la podemos pasar!.
En estas y otras razones se mantuvo hasta que se fueron los parientes bajo la lluvia, ya estando en sus buenas ésta. Los despedía por la ventana con juramentos, blasfemias, improperios y cuánto por la cabeza le pasaba. A través de la ventana entraba con fuerza la lluvia, mojándolo sin piedad, él, inmutable se mantenía dando la merecida despedida a los parientes. Minutos después estaba callado, bebiendo a sorbos de la copita de ron, un cigarrillo en la mano, y despidiendo una humareda que llenaba el aire de un vaho a nicotina, alquitrán y ron.
El sonido de los platos ya no se oía. La comida estaba servida.
El movimiento oscilante de la mecedora producía el sonido acostumbrado:
¡CRIQ, CRIQ, CRIQ...!
Ciudadano ejemplar
Escrito en algún momento del 1995. Publicado sin correcciones... hoy en los últimos días de 2010.
Este documento que presentaremos a continuación, fue descubierto en la celda donde murió un prisionero que fue condenado a cadena perpetua. No se sabe por qué razones lo escribió, ni basado en qué; pero el análisis del mismo nos ha llevado a suponer que su condena tiene algo que ver con el relato. Es decir, que quizás la persona a quién él describe, sea él mismo...
***
Últimamente estoy obsesionado. Mi mente recibe el acoso constante de la rebeldía contra mi persistente idea de olvidar sucesos que no me interesa recordar.
Pero cómo evitarlo, soy un perseguido de la consciencia y mi propósito al escribir la historia de esta persona es que comprendan la obsesión que me acosa.
Imaginen un laberinto donde cualquier senda en el orden izquierda-derecha lleven al caminante a su centro. En él encontrará un animal que le envestirá y en cuya lucha estará la vida. Pero el caso que voy a referir es el de una persona que entró al mismo para perderse, no para encontrar ningún centro o defenderse de ningún animal.
¿Por qué esta necesidad de perderse?, quien sabe. ¿Cómo llegó a este momento en la vida, en que se encontró ante una decisión como tal?, ya lo verán en el desarrollo de esta historia.
Miguel era su nombre, omitiré el apellido por razones obvias.
Llegó una tarde a este barrio y a esta habitación. La compartimos hasta el suceso que es el meollo de este relato.
Corpulento, de caminar desafiante, de pelo crespo, amarillo -el barrio lo bautizó con el apodo de jabao’-. Siempre presto a resolver cualquier problema. Leía en abundancia y su idea fija era ser un ciudadano ejemplar. Y lo era. Se hubiera mantenido como tal de no ser por ...
Una muestra de lo que digo fue aquella ocasión en que, arriesgándose a morir, entró a una guardería infantil -que se consumía por la explosión de un tanque de gas- y salvó, él solo, a 24 niños y 2 enfermeras que se vieron atrapados por las asfixiantes cortinas de fuego. El barrio primero lo premió con su reconocimiento, el pueblo lo hizo su héroe y de ahí en adelante no se hacía nada sin su colaboración.
Sus conversaciones eran lacónicas. Respondía con monosílabos y gravedad. A veces dejaba salir de sus labios una que otra frase sentenciosa que se convertía en máxima o enigma.
Una vez un grupo de señoras, preocupadas por el número de muertes por aborto, se acercaron a nuestra vivienda y le pidieron que las ayudara a colectar firmas y adeptos para condenar y rechazar su legitimación. Contrario a lo que pensaban, se negó y agregó con su acostumbrada gravedad:
“Si no lo legalizan morirán más...”
Todas se miraron asombradas, le discutieron, lo criticaron, más todo esfuerzo de seducirlo a participar fue inútil. No agregó una sola palabra.
En otra ocasión, unos señores discutían sobre temas religiosos y lo llamaron a participar en el debate, preguntándole qué pensaba él sobre los flemáticos evangélicos y los liberales católicos:
Viéndose en una situación embarazosa, pues de ambos lados, y presentes, tenía amigos. A esto, respondió como sigue: “Ambos bandos se esfuerzan en negar sutilezas de Dios, a quien se permiten interpretar según sus conveniencias...”
Ninguno comprendió la respuesta, exigieron de él que abundara, que se explicara. Y a pesar de los reproches que le hicieron, y del hostigamiento con que fue perseguido, no brotó más sonido que el del silencio.
Era una persona, como habrán notado, controversial. Sin embargo, a pesar de lo intelectual que pudiera ser su pensamiento, de lo misterioso de su silencio y de la aparente pobreza de los harapos que lo vestían, era, según la opinión de todos, rico en felicidad, transparente en su manera de actuar y, apasionado con la compañía de los niños. Tenía un corazón inmenso, eso todos lo reconocían y estaban de acuerdo.
Si veía que los niños jugaban, si se iban de paseo, si los veía aburridos; se les integraba con infantil entusiasmo, cuál un guía turístico, los acompañaba con interesantes referencias a los lugares que visitaban; y, con los más divertidos chistes y más ingeniosos cuentos, creaba un ambiente lleno de agradables risas y carcajadas.
¿Cómo podía cambiar de una forma de ser a otra? nunca, nadie lo entendió. No tenían por qué tampoco. Ninguno sospechó que eso pudiera ocurrir en él, total, soy muy discreto, y siendo el único testigo de su extraño comportamiento en soledad, era obvio que esto no trascendiera.
A pesar de ser un enigma me dije que, antes de denunciarlo, descubriría su verdadero secreto. Siempre los hay. Y yo sabía que él guardaba algo oscuro dentro de sí.
***
El lector pensará, que esa maligna serpiente, que repta en nuestro más profundo pensamiento, habitaba en mí, camuflageada sutilmente. No está muy lejos de la verdad quien así piense.
Yo tenía que acabar con esa falsa actuación. Nadie es perfecto, pero su afán me parecía una ironía contra la cual tenía que luchar. Y vi como una obligación destruir a ese monstruo, desenmascarlo.
Al llegar en las noches, aguzaba mis sentidos como radares. Así que en unas escuchaba el sonido, usualmente imperceptible, de las lagrimas que dejaba escapar, rodando sobre sus mejillas; en otras cómo gemía e imploraba entre murmullos sordos no sé qué cosas; en otras veía cómo iba y venía, caminando con impaciencia, en la habitación; y, finalmente, en otras escuchaba cómo giraba y volteaba sobre su cama arropándose y desarropándose con frecuencia irritante. Definitivamente, algo le atormentaba, no dejándole respiro en los momentos de soledad.
Cuando la frecuencia llegó a un máximo, yo mismo me preocupé. Sin embargo, a pesar de intentar ayudarle, con el fin solapado de conocer sus flaquezas, me rechazó siempre. Yo sólo podía admirarme, refunfuñar, enojarme por su engreída autosuficiencia. Me alejé y no intenté socorrerlo más. Pero mi curiosidad aumentaba, decidí investigar más a fondo.
Lo primero que supuse fue que, en efecto, algo muy atroz le había ocurrido, y no en el pasado reciente. Me parecía que el dolor que sufría era como el de quien ve al sol de frente por unos segundos, y luego la vista le molestaba por un buen rato. Así en él se traslucía como esa molestia, que seguramente le había flagelado su mente, en alguna oportunidad en el desarrollo de su vida pasada.
***
Yo despertaba temprano, salía de la habitación, y aguardaba pacientemente fuera de la casucha hasta que él saliera. Y efectivamente, cuando salía con su cara alegre y simpática, saludando a todos, yo aprovechaba y reentraba a la casa.
Nunca encontré la menor pista. Mi búsqueda fue extensa, pero infructuosa.
Una noche conseguía algo. Aunque en principio lo desestimé como una pista real. La situación fue la siguiente:
Estaba yo insomne porque la luz de la luna llena iluminaba intensamente nuestra habitación. Me era dificultoso conciliar el sueño. La noche estaba fría y el cielo se veía transparente, lleno de estrellas, creo que a eso favorecía la casualidad de no haber electricidad. Como no podía dormir, asomé la mirada hacia él. Contrario a mí, él estaba durmiendo, pero con una intranquilidad inquietante. Lo veía cabecear como negando algo, balbuceaba un no “no” susurrante e intermitente. La intensidad del cabeceo aumentaba y su frente se llenaba de un copioso sudor hasta que de repente, levantó su torso mientras gritaba, como si lo estuvieran quemando, en algún lugar del infierno, “¡nunca quise matar a nadie...!”
Escuché, vi y sentí todo esto con descreimiento, como era una pesadilla, no necesariamente tendría relación alguna, con el caso que tenía en estudio. No obstante, pronto cambié de parecer.
Ese día fue la primera vez que despertó, al llegar la mañana, de mal humor, y no escondió sus tristes emociones. Sus ojos se mantuvieron llorosos y, según creo, no salió en todo el día de la habitación.
Me dije, tal vez para hacerme creer que no habría relación, que al final del día volvería a la normalidad. No fue así. El sufrimiento al que estaba sometido, duró los 5 días, que por cierto, fueron los últimos en que lo vi. Cada día amanecía con un temblor senil, que iba en aumento, a cada intervalo de tiempo. Sus ojos, una vez brillantes e intensamente negros, se iban opacando notándose tristes y taciturnos. Su corpulencia disminuyó y el pelo se le derramaba como los pétalos de una flor marchitándose. El rostro, que de manera intrigante, disimulaba, junto con los ojos, su tristeza; estaba desfigurándose y proyectaban la imagen de estar atormentado, aterrado, desesperado. Envejecía extrañamente. Estos días fueron un verdadero suplicio para él. Para mí también, pues sufría como consecuencia, al ser testigo silente de este horroroso espectáculo.
Yo comenzaba a experimentar esa alegría interna que conseguimos cuando logramos algo, ya que poco a poco, y espontáneamente, se desenmascaraba sin mí que era el más interesado en que esto ocurriera. Pero a medida que estas transformaciones ocurrían por el otro lado yo me preocupaba, y llegó a tal extremo, esta preocupación, que decidí procurarle un médico. Pero antes, le dirigí la palabra; aunque convencido de que todo esfuerzo sería en vano. Le inquirí respecto a si no creía que estaba sufriendo de alguna enfermedad peligrosa, porque a juzgar por su estado era recomendable que lo viera un médico lo antes posible... En respuesta a esto, me miró profundamente, como leyéndome el alma --debo aclarar que nunca había sentido esa sensación de desnudez, hasta ese momento--, luego de un momento, en que me sentí muy incómodo, abrió sus labios, que habían envejecido extrañamente y exhibían una encía desdentada -¡una semana atrás era dentadura espléndidamente hermosa!-, decía que abrió sus labios y me dijo:
“La vida es un laberinto en cuyas sendas he entrado con el fin de encontrar la salida. Pero la estrechez de sus callejas y lo intemperado de sus muros, me rechazan, me pierden, me execran, me destruyen...”
Como siempre, no comprendí. Para mí, todo lo que decía era un enigma, que al principio intentaba resolver, pero siempre sin resultados positivos. Mas en esta oportunidad, esas palabras ininteligibles me dieron un mal presagio. Le dije que esperara un momento que saldría a buscarle un médico, que no se moviera, etc.
Así que fui a buscar al médico, y cuando llego con él, se había evaporado. Lo busqué donde podría estar, lo llamé, todo fue infructuoso. Luego, el doctor a quién lo había jalado de una emergencia que tenía, se fue enfadado y muy preocupado por sus propios asuntos. Encaminé al doctor, tratando de explicarle lo que había ocurrido, pero él que había accedido a acompañarme incrédulo, pues mi compañero de habitación, que era su amigo, nunca le mostró un cuadro como el que yo le había relatado, por eso accedió. Entonces ahora yo quedé como un charlatán...
Cuando regresé a la casa, me senté en la cama, y giré mi vista en derredor. Debajo de la mesa, aparentemente soplada por el aire, encontré una libreta con sus hojas revueltas. La levanté y fue grande mi sorpresa cuando leí lo que en ella estaba escrito. Por cierto, es en ella donde estoy escribiendo todo esto.
A continuación les presentaré la carta que allí aparecía, fidedigna, aunque con muchas incoherencias y situaciones extrañas. Como escrita por un demente, paranoico o esquizofrénico. Era otro de los tantos enigmas. Sin embargo, me dieron las pistas que necesitaba para completar mi investigación:
“Un día cualquiera, En un lugar Cualquiera...
Estimado Sr. Interesado:
Hay cosas que intentamos borrar con máscaras, con el olvido o con la evasión al tiempo; pero, a pesar de los intentos, nunca superamos. O tal vez se borren, pero para los ajenos a la situación, es decir para quienes no fueron víctimas ni victimarios.
En mi caso fui victimario. Un criminal. Se manifiesta en mi mente a diario, ahora mismo lo veo, como si fuera en este preciso momento. Los espectros me acechan, me acosan, me aterran.
Podría, en esta especie de confesión referir a cientos de autores y sus frases más usadas para describir mi situación. No creo que sea necesario. Yo lo he vivido en carne propia y bien puedo hasta aconsejarlos, sobre los errores de dichas frases. Yo, el más horripilante, abyecto y vulgar de los hombres. Pero también el más digno de compasión y misericordia...
Al principio pensé que podría escapar al pasado, haciendo obras de bien, educándome, leyendo, actuando en pro de lo bueno. En estos momentos de terror veo, que tal vez, haber reiterado esa actuación me hubiera por lo menos distraído, con otros crímenes, de la situación que estoy sufriendo en este oscuro momento de mi vida.
Me he clavado el cuchillo pues, haciendo el bien, comprendo el mal cometido y lo execro; educándome, he adquirido conciencia de lo ignorante que he sido, y condeno esa ignorancia; leyendo, veo mi caso retratado en innúmeras lecturas con insufrible repetición y, actuando en pro de lo bueno, deduzco que estoy purgando mis negras actuaciones pasadas.
Pero, no soporto el peso del pasado, debe haber alguna manera de borrarlos, pero fueron hecho, estoy condenado. Quisiera retroceder en el tiempo y evitarlos, es imposible, debo vivir con ellos: estoy marcado.
Este pasado, ominoso y abyecto; que quiero borrar y no puedo, se remonta al exacto período de 12 años, que hoy se cumplen.
Yo siempre fui un ciudadano ejemplar. Una tarde, un amigo -no sé cómo lo puedo llamar de esa manera-, me sedujo a ayudarle como ojo avizor. Yo estaba en una situación crítica en ese momento, pero siempre había estado consciente de lo negativo que resultaban los crímenes para la sociedad. Por lo tanto, me negué. Sin embargo, dentro de sus argucias para enrolarme dentro de sus filas, estuvieron argumentos que prefiero reservarme pues mostrarían lo débil que era. Yo mismo me asombró de haber accedido por esos vanos argumentos, pero poco importa ya recordarlos. El hecho es que acordé ayudarlo. Me dijo lugar, momento y plan. Por cierto, eran ese mismo día en un residencial donde las mansiones y el lujo, eran tan comunes como las casuchas y la miseria de nuestro barrio.
Así que fuimos juntos, yo me quedé al acecho, él entró a ejecutar la acción. Y mientras él actuaba, sentí que alguien se acercaba por lo que cuando fui a verificar, esa persona me vio, yo me asusté y corrí a advertirle a mi amigo del peligro inminente que nos amenazaba. Él también venía a alertarme que lo habían descubierto y que había tomado las “precauciones” de lugar, me sugirió que hiciera lo mismo...
Luego, abandonamos la lujosa y flamante mansión que dejamos convertida, lamentablemente en un mausoleo terrible y frío. Nos llevamos, como habíamos convenido, lujo, dinero y joyas; y algo horrible con lo que no habíamos contado, por lo menos yo.
Las armas, ennegrecidas por el acto, las tiramos en alguna de las alcantarillas del sector, y desde entonces he vivido de lo conseguido en el mismo.
Cuando lea esto, seguramente estaré en el cuartel de la policía entregándome. Prefiero estar en la cárcel; nunca será tan malo como vivir libre con el recuerdo de lo que hice.
He vivido una semana tormentosa, no puedo soportar el peso aplastante de mi conciencia...
Sin otro particular,
Miguel M...
Un ciudadano ejemplar
P.D.: Tengo que decirle que todo lo hice simplemente porque yo era un ser humilde, lleno de óxido, anafe y miseria; y vi que la mejoría de mi futuro estaría en los lujos, joyas y dinero que habría en esa casa. Nunca hubiera querido llegar tan lejos como, lo que sea que hice...”
Esta es la comunicación que me dejó, y en la misma, la preocupación que les había referido al principio de esta historia.
Antes de terminar me gustaría agregar que en el periódico apareció, dos semanas después esta relación de hechos, que les he dicho, así como la carta, la cual hice llegar a la policía.
En la nota de prensa se resaltó el hecho de que esta persona era en efecto considerado un ciudadano ejemplar; también, que nunca había cometido infracciones mínimas, que había tenido, por el contrario -el barrio y el pueblo testimoniaron- una vida llena de buenas acciones y amor...
Por todo esto, la fiscalía, por su autoinculpación, pidió cadena perpetua en vez de pena de muerte, que es lo que le hubiera correspondido en situaciones normales...
Este documento que presentaremos a continuación, fue descubierto en la celda donde murió un prisionero que fue condenado a cadena perpetua. No se sabe por qué razones lo escribió, ni basado en qué; pero el análisis del mismo nos ha llevado a suponer que su condena tiene algo que ver con el relato. Es decir, que quizás la persona a quién él describe, sea él mismo...
***
Últimamente estoy obsesionado. Mi mente recibe el acoso constante de la rebeldía contra mi persistente idea de olvidar sucesos que no me interesa recordar.
Pero cómo evitarlo, soy un perseguido de la consciencia y mi propósito al escribir la historia de esta persona es que comprendan la obsesión que me acosa.
Imaginen un laberinto donde cualquier senda en el orden izquierda-derecha lleven al caminante a su centro. En él encontrará un animal que le envestirá y en cuya lucha estará la vida. Pero el caso que voy a referir es el de una persona que entró al mismo para perderse, no para encontrar ningún centro o defenderse de ningún animal.
¿Por qué esta necesidad de perderse?, quien sabe. ¿Cómo llegó a este momento en la vida, en que se encontró ante una decisión como tal?, ya lo verán en el desarrollo de esta historia.
Miguel era su nombre, omitiré el apellido por razones obvias.
Llegó una tarde a este barrio y a esta habitación. La compartimos hasta el suceso que es el meollo de este relato.
Corpulento, de caminar desafiante, de pelo crespo, amarillo -el barrio lo bautizó con el apodo de jabao’-. Siempre presto a resolver cualquier problema. Leía en abundancia y su idea fija era ser un ciudadano ejemplar. Y lo era. Se hubiera mantenido como tal de no ser por ...
Una muestra de lo que digo fue aquella ocasión en que, arriesgándose a morir, entró a una guardería infantil -que se consumía por la explosión de un tanque de gas- y salvó, él solo, a 24 niños y 2 enfermeras que se vieron atrapados por las asfixiantes cortinas de fuego. El barrio primero lo premió con su reconocimiento, el pueblo lo hizo su héroe y de ahí en adelante no se hacía nada sin su colaboración.
Sus conversaciones eran lacónicas. Respondía con monosílabos y gravedad. A veces dejaba salir de sus labios una que otra frase sentenciosa que se convertía en máxima o enigma.
Una vez un grupo de señoras, preocupadas por el número de muertes por aborto, se acercaron a nuestra vivienda y le pidieron que las ayudara a colectar firmas y adeptos para condenar y rechazar su legitimación. Contrario a lo que pensaban, se negó y agregó con su acostumbrada gravedad:
“Si no lo legalizan morirán más...”
Todas se miraron asombradas, le discutieron, lo criticaron, más todo esfuerzo de seducirlo a participar fue inútil. No agregó una sola palabra.
En otra ocasión, unos señores discutían sobre temas religiosos y lo llamaron a participar en el debate, preguntándole qué pensaba él sobre los flemáticos evangélicos y los liberales católicos:
Viéndose en una situación embarazosa, pues de ambos lados, y presentes, tenía amigos. A esto, respondió como sigue: “Ambos bandos se esfuerzan en negar sutilezas de Dios, a quien se permiten interpretar según sus conveniencias...”
Ninguno comprendió la respuesta, exigieron de él que abundara, que se explicara. Y a pesar de los reproches que le hicieron, y del hostigamiento con que fue perseguido, no brotó más sonido que el del silencio.
Era una persona, como habrán notado, controversial. Sin embargo, a pesar de lo intelectual que pudiera ser su pensamiento, de lo misterioso de su silencio y de la aparente pobreza de los harapos que lo vestían, era, según la opinión de todos, rico en felicidad, transparente en su manera de actuar y, apasionado con la compañía de los niños. Tenía un corazón inmenso, eso todos lo reconocían y estaban de acuerdo.
Si veía que los niños jugaban, si se iban de paseo, si los veía aburridos; se les integraba con infantil entusiasmo, cuál un guía turístico, los acompañaba con interesantes referencias a los lugares que visitaban; y, con los más divertidos chistes y más ingeniosos cuentos, creaba un ambiente lleno de agradables risas y carcajadas.
¿Cómo podía cambiar de una forma de ser a otra? nunca, nadie lo entendió. No tenían por qué tampoco. Ninguno sospechó que eso pudiera ocurrir en él, total, soy muy discreto, y siendo el único testigo de su extraño comportamiento en soledad, era obvio que esto no trascendiera.
A pesar de ser un enigma me dije que, antes de denunciarlo, descubriría su verdadero secreto. Siempre los hay. Y yo sabía que él guardaba algo oscuro dentro de sí.
***
El lector pensará, que esa maligna serpiente, que repta en nuestro más profundo pensamiento, habitaba en mí, camuflageada sutilmente. No está muy lejos de la verdad quien así piense.
Yo tenía que acabar con esa falsa actuación. Nadie es perfecto, pero su afán me parecía una ironía contra la cual tenía que luchar. Y vi como una obligación destruir a ese monstruo, desenmascarlo.
Al llegar en las noches, aguzaba mis sentidos como radares. Así que en unas escuchaba el sonido, usualmente imperceptible, de las lagrimas que dejaba escapar, rodando sobre sus mejillas; en otras cómo gemía e imploraba entre murmullos sordos no sé qué cosas; en otras veía cómo iba y venía, caminando con impaciencia, en la habitación; y, finalmente, en otras escuchaba cómo giraba y volteaba sobre su cama arropándose y desarropándose con frecuencia irritante. Definitivamente, algo le atormentaba, no dejándole respiro en los momentos de soledad.
Cuando la frecuencia llegó a un máximo, yo mismo me preocupé. Sin embargo, a pesar de intentar ayudarle, con el fin solapado de conocer sus flaquezas, me rechazó siempre. Yo sólo podía admirarme, refunfuñar, enojarme por su engreída autosuficiencia. Me alejé y no intenté socorrerlo más. Pero mi curiosidad aumentaba, decidí investigar más a fondo.
Lo primero que supuse fue que, en efecto, algo muy atroz le había ocurrido, y no en el pasado reciente. Me parecía que el dolor que sufría era como el de quien ve al sol de frente por unos segundos, y luego la vista le molestaba por un buen rato. Así en él se traslucía como esa molestia, que seguramente le había flagelado su mente, en alguna oportunidad en el desarrollo de su vida pasada.
***
Yo despertaba temprano, salía de la habitación, y aguardaba pacientemente fuera de la casucha hasta que él saliera. Y efectivamente, cuando salía con su cara alegre y simpática, saludando a todos, yo aprovechaba y reentraba a la casa.
Nunca encontré la menor pista. Mi búsqueda fue extensa, pero infructuosa.
Una noche conseguía algo. Aunque en principio lo desestimé como una pista real. La situación fue la siguiente:
Estaba yo insomne porque la luz de la luna llena iluminaba intensamente nuestra habitación. Me era dificultoso conciliar el sueño. La noche estaba fría y el cielo se veía transparente, lleno de estrellas, creo que a eso favorecía la casualidad de no haber electricidad. Como no podía dormir, asomé la mirada hacia él. Contrario a mí, él estaba durmiendo, pero con una intranquilidad inquietante. Lo veía cabecear como negando algo, balbuceaba un no “no” susurrante e intermitente. La intensidad del cabeceo aumentaba y su frente se llenaba de un copioso sudor hasta que de repente, levantó su torso mientras gritaba, como si lo estuvieran quemando, en algún lugar del infierno, “¡nunca quise matar a nadie...!”
Escuché, vi y sentí todo esto con descreimiento, como era una pesadilla, no necesariamente tendría relación alguna, con el caso que tenía en estudio. No obstante, pronto cambié de parecer.
Ese día fue la primera vez que despertó, al llegar la mañana, de mal humor, y no escondió sus tristes emociones. Sus ojos se mantuvieron llorosos y, según creo, no salió en todo el día de la habitación.
Me dije, tal vez para hacerme creer que no habría relación, que al final del día volvería a la normalidad. No fue así. El sufrimiento al que estaba sometido, duró los 5 días, que por cierto, fueron los últimos en que lo vi. Cada día amanecía con un temblor senil, que iba en aumento, a cada intervalo de tiempo. Sus ojos, una vez brillantes e intensamente negros, se iban opacando notándose tristes y taciturnos. Su corpulencia disminuyó y el pelo se le derramaba como los pétalos de una flor marchitándose. El rostro, que de manera intrigante, disimulaba, junto con los ojos, su tristeza; estaba desfigurándose y proyectaban la imagen de estar atormentado, aterrado, desesperado. Envejecía extrañamente. Estos días fueron un verdadero suplicio para él. Para mí también, pues sufría como consecuencia, al ser testigo silente de este horroroso espectáculo.
Yo comenzaba a experimentar esa alegría interna que conseguimos cuando logramos algo, ya que poco a poco, y espontáneamente, se desenmascaraba sin mí que era el más interesado en que esto ocurriera. Pero a medida que estas transformaciones ocurrían por el otro lado yo me preocupaba, y llegó a tal extremo, esta preocupación, que decidí procurarle un médico. Pero antes, le dirigí la palabra; aunque convencido de que todo esfuerzo sería en vano. Le inquirí respecto a si no creía que estaba sufriendo de alguna enfermedad peligrosa, porque a juzgar por su estado era recomendable que lo viera un médico lo antes posible... En respuesta a esto, me miró profundamente, como leyéndome el alma --debo aclarar que nunca había sentido esa sensación de desnudez, hasta ese momento--, luego de un momento, en que me sentí muy incómodo, abrió sus labios, que habían envejecido extrañamente y exhibían una encía desdentada -¡una semana atrás era dentadura espléndidamente hermosa!-, decía que abrió sus labios y me dijo:
“La vida es un laberinto en cuyas sendas he entrado con el fin de encontrar la salida. Pero la estrechez de sus callejas y lo intemperado de sus muros, me rechazan, me pierden, me execran, me destruyen...”
Como siempre, no comprendí. Para mí, todo lo que decía era un enigma, que al principio intentaba resolver, pero siempre sin resultados positivos. Mas en esta oportunidad, esas palabras ininteligibles me dieron un mal presagio. Le dije que esperara un momento que saldría a buscarle un médico, que no se moviera, etc.
Así que fui a buscar al médico, y cuando llego con él, se había evaporado. Lo busqué donde podría estar, lo llamé, todo fue infructuoso. Luego, el doctor a quién lo había jalado de una emergencia que tenía, se fue enfadado y muy preocupado por sus propios asuntos. Encaminé al doctor, tratando de explicarle lo que había ocurrido, pero él que había accedido a acompañarme incrédulo, pues mi compañero de habitación, que era su amigo, nunca le mostró un cuadro como el que yo le había relatado, por eso accedió. Entonces ahora yo quedé como un charlatán...
Cuando regresé a la casa, me senté en la cama, y giré mi vista en derredor. Debajo de la mesa, aparentemente soplada por el aire, encontré una libreta con sus hojas revueltas. La levanté y fue grande mi sorpresa cuando leí lo que en ella estaba escrito. Por cierto, es en ella donde estoy escribiendo todo esto.
A continuación les presentaré la carta que allí aparecía, fidedigna, aunque con muchas incoherencias y situaciones extrañas. Como escrita por un demente, paranoico o esquizofrénico. Era otro de los tantos enigmas. Sin embargo, me dieron las pistas que necesitaba para completar mi investigación:
“Un día cualquiera, En un lugar Cualquiera...
Estimado Sr. Interesado:
Hay cosas que intentamos borrar con máscaras, con el olvido o con la evasión al tiempo; pero, a pesar de los intentos, nunca superamos. O tal vez se borren, pero para los ajenos a la situación, es decir para quienes no fueron víctimas ni victimarios.
En mi caso fui victimario. Un criminal. Se manifiesta en mi mente a diario, ahora mismo lo veo, como si fuera en este preciso momento. Los espectros me acechan, me acosan, me aterran.
Podría, en esta especie de confesión referir a cientos de autores y sus frases más usadas para describir mi situación. No creo que sea necesario. Yo lo he vivido en carne propia y bien puedo hasta aconsejarlos, sobre los errores de dichas frases. Yo, el más horripilante, abyecto y vulgar de los hombres. Pero también el más digno de compasión y misericordia...
Al principio pensé que podría escapar al pasado, haciendo obras de bien, educándome, leyendo, actuando en pro de lo bueno. En estos momentos de terror veo, que tal vez, haber reiterado esa actuación me hubiera por lo menos distraído, con otros crímenes, de la situación que estoy sufriendo en este oscuro momento de mi vida.
Me he clavado el cuchillo pues, haciendo el bien, comprendo el mal cometido y lo execro; educándome, he adquirido conciencia de lo ignorante que he sido, y condeno esa ignorancia; leyendo, veo mi caso retratado en innúmeras lecturas con insufrible repetición y, actuando en pro de lo bueno, deduzco que estoy purgando mis negras actuaciones pasadas.
Pero, no soporto el peso del pasado, debe haber alguna manera de borrarlos, pero fueron hecho, estoy condenado. Quisiera retroceder en el tiempo y evitarlos, es imposible, debo vivir con ellos: estoy marcado.
Este pasado, ominoso y abyecto; que quiero borrar y no puedo, se remonta al exacto período de 12 años, que hoy se cumplen.
Yo siempre fui un ciudadano ejemplar. Una tarde, un amigo -no sé cómo lo puedo llamar de esa manera-, me sedujo a ayudarle como ojo avizor. Yo estaba en una situación crítica en ese momento, pero siempre había estado consciente de lo negativo que resultaban los crímenes para la sociedad. Por lo tanto, me negué. Sin embargo, dentro de sus argucias para enrolarme dentro de sus filas, estuvieron argumentos que prefiero reservarme pues mostrarían lo débil que era. Yo mismo me asombró de haber accedido por esos vanos argumentos, pero poco importa ya recordarlos. El hecho es que acordé ayudarlo. Me dijo lugar, momento y plan. Por cierto, eran ese mismo día en un residencial donde las mansiones y el lujo, eran tan comunes como las casuchas y la miseria de nuestro barrio.
Así que fuimos juntos, yo me quedé al acecho, él entró a ejecutar la acción. Y mientras él actuaba, sentí que alguien se acercaba por lo que cuando fui a verificar, esa persona me vio, yo me asusté y corrí a advertirle a mi amigo del peligro inminente que nos amenazaba. Él también venía a alertarme que lo habían descubierto y que había tomado las “precauciones” de lugar, me sugirió que hiciera lo mismo...
Luego, abandonamos la lujosa y flamante mansión que dejamos convertida, lamentablemente en un mausoleo terrible y frío. Nos llevamos, como habíamos convenido, lujo, dinero y joyas; y algo horrible con lo que no habíamos contado, por lo menos yo.
Las armas, ennegrecidas por el acto, las tiramos en alguna de las alcantarillas del sector, y desde entonces he vivido de lo conseguido en el mismo.
Cuando lea esto, seguramente estaré en el cuartel de la policía entregándome. Prefiero estar en la cárcel; nunca será tan malo como vivir libre con el recuerdo de lo que hice.
He vivido una semana tormentosa, no puedo soportar el peso aplastante de mi conciencia...
Sin otro particular,
Miguel M...
Un ciudadano ejemplar
P.D.: Tengo que decirle que todo lo hice simplemente porque yo era un ser humilde, lleno de óxido, anafe y miseria; y vi que la mejoría de mi futuro estaría en los lujos, joyas y dinero que habría en esa casa. Nunca hubiera querido llegar tan lejos como, lo que sea que hice...”
Esta es la comunicación que me dejó, y en la misma, la preocupación que les había referido al principio de esta historia.
Antes de terminar me gustaría agregar que en el periódico apareció, dos semanas después esta relación de hechos, que les he dicho, así como la carta, la cual hice llegar a la policía.
En la nota de prensa se resaltó el hecho de que esta persona era en efecto considerado un ciudadano ejemplar; también, que nunca había cometido infracciones mínimas, que había tenido, por el contrario -el barrio y el pueblo testimoniaron- una vida llena de buenas acciones y amor...
Por todo esto, la fiscalía, por su autoinculpación, pidió cadena perpetua en vez de pena de muerte, que es lo que le hubiera correspondido en situaciones normales...
El diario de la niña...
Publicado sin correcciones. Escrito a finales del 1995, publicado ahora en los días finales del 2010.
1 de junio
!Hoy es el mejor día de mi vida!
Luego de más de tres semanas de mi hermano Ernesto haberme prometido un perrito, al fin lo ha traído. No quepo en mí de la emoción. Día tras día le recordaba que cumpliera su promesa y él afirmaba que la cumpliría. No le creí hasta hoy.
!Y qué bello que es! excúsenme que no es un él, es una ella. Aún no sabemos qué nombre ponerle; creo que será "Cremita", por su bello color crema y a sugerencia de mi hermano.
Hoy he renacido, pues estaba muy solitaria. Mi hermanita no está, se fue a estudiar al extranjero. !Tanto la quiero! La perrita me ha motivado mucho. A partir de hoy describiré aquí cuánto viera, oyera y pensara de mi perrita. !Es tan mona!
Le he preparado una camita bien confortable. Espero que le guste.
Es una cachorrita que apenas tiene tres semanas de nacida. Me cabe entre las palmas juntas de mis dos manos. Es su color como el de la arena, bueno, un poquito más parda. Sus patitas son blancas, así como su pecho. Hace tan buena armonía el contraste, que de seguro, a todos gustará. Por lo que dice Ernesto, mi hermano, es una mezcla de poodle con pequinés, y dijo que crecería de cuatro a cinco centímetros más.
Le serví en una pequeña cantina leche tibia, parece que le gusta, luego se recostó en la casita que le preparé.
!Qué regalo más especial me han hecho!.
2 de junio
Despertó esta mañana muy tranquila, y con los ojos llorosos. !Pobrecita!, me pregunto si tendrá pesadillas en las noches. La cargué en mis brazos, y es su pelo tan suave. Le pregunté a mi hermano sobre esto y me respondió que tal vez pasaría unos días tranquila hasta que se adapte a nuestro olor, a nuestro calor: a nuestro hogar. Seguramente es cierto pues yo cuando voy de vacaciones a casa de mi abuelita, siempre extraño los primeros días a mami y a todos en casa.
!Pero yo quisiera que salte, brinque y patalee! Tendré que esperar y, mientras tanto, quererla mucho.
Todos aquí están bien contentos. Tanto, que le hacen mimos, la añoñan y le pasan la mano con cariño. ¿Por qué será que damos más afecto a los animales que a nuestros semejantes? He notado esto en muchas ocasiones, !muy extraño, la verdad que sí!.
Le he servido leche tibia, y !la lame con una rapidez!. Parece que hacía mucho que no comía. No comprendo cómo lo hace, pero así es como bebe. Para un ratito, mira a los lados y vuelve a lamer. Luego va tranquilita a la camita que le preparé y duerme, por un ratito. Me pregunto si será así por siempre de tranquila, o si estará enferma.
3 de junio
Hoy veo que camina con timidez fuera de la habitación. Me acerco a ella y retrocede como asustada. La tomo en mis brazos y paso mi mano por su cabecita. !Qué pequeñita que es! !Es tan tierna!. Me lame los dedos y siento una sensación de dulzura !tan agradable!. Me hace esto sentir tan feliz. !Cuánto la quiero, en tan pocos días! Veo que la querré más todavía.
Camina con tanta gracia que el solo verla me emociona tanto que engrifa mi piel.
Hoy ha bebido también su leche tibia. ¿No se cansará de beber siempre lo mismo? Pregunté a mi madre y me dijo que "es una bebé, y los bebés quieren siempre el calor de su madre, beben mucha leche, es natural". Me dijo también que cuando yo era pequeñita, un poquito más grande que Cremita, ella me alimentaba con mucho cuidado y ternura. Dice que yo bebía mucha leche de sus senos, tanto que ella creía que se los iba a vaciar. Yo me pregunto ¿de dónde sale tanta leche? Porque según ella dice mientras más yo mamaba más leche tenía.
Mi madre le cambió el nombre a Cremita, dice que necesita un nombre de humanos. El nombre que le puso fue Kary. Dice ella que lo sacó del libro de un tal Kundera. !Los nombres del libro y del escritor son tan extraños!, lean: "La insoportable levedad del ser", no sé lo que significa pero suena incomprensible para mí.
Me parece que mi mami la quiere mucho pues la carga y acaricia constantemente. ¿No le hará daño tanto cariño? Bueno de lo que estoy segura es que más daño le haría el golpearla. No sé por qué tenemos tanto temor a querer a los humanos, y a los animales le mostramos tanto afecto. Aunque mi mami siempre me abraza y me acaricia con mucho cariño. Me quiere mucho. Katy; el nombre me gusta, llamé a Ernesto a su trabajo. !Trabaja tanto mi hermano! Bueno, le dije el nombre que le pusimos y no se sorprendió, me dijo que le había extrañado que no hubiera pasado antes. Cuando le pregunté el porqué, me dijo que en el libro del señor ese, la perrita que se llamaba, creo que Karenina, había durado !diez años!, que al final tuvo una mala enfermedad y tuvieron que matarla. No recuerdo qué palabra dijo, pero significaba algo así como "matarla para que no sufriera". Eutanasia, creo que era la palabra. Me dijo que mami se emocionó tanto al leer esa parte del libro que lloró.
Cada cual tiene sus razones para tomar decisiones. Y yo que pensaba que había sido bautizada así porque sí. Pero sabiendo ya el significado, y que evoca tanto cariño y ternura, le llamaré con más razón Kary.
4 de junio
Se levantó muy alegre la perrita. Se acercó a mi cama y se sostuvo en sus dos patitas traseras, recostando las delanteras en los bordes de la cama. Quería como que la subiera o le diera cariño o tal vez tenía hambre. Debido a mi confusión hice las tres cosas, y las tres le agradaron.
Cuando estaba sobre mi cama comenzó a jugar. Parece que le gusta mucho estar entre las sábanas. Las mordía, se movía de un lado al otro, saltaba y hasta dijo su primera palabrita !Jáu! La dijo con cierta timidez, pero sonó juguetona. Le comenté esto a mi hermano Ernesto y dijo que Desy el personaje de un libro llamado "La Pasión Turca" de Gala, al oír a su perrito Trajín ladrar la primera quería saber, que habría dicho. Nunca comprendo las extrañas relaciones de ideas que hace mi hermano con sus libros. Mi madre llegó en ese momento y me dijo que no la subiera a la cama, pues luego se acostumbra a estar sobre ella y muerde las sábanas, almohadas, y hasta se haría pupú y pipí. Creo que mi madre tiene razón.
Aún hoy le di su leche tibia.
Ultimamente, se está haciendo pipí en todos lados. Mi hermano me dijo que estuviera con ella todo el tiempo y cuando notara que estaba haciendo sus necesidades, le diera un golpe "suave, pero firme" en su naricita -no entiendo eso de "suave pero firme" pero, qué más da-, y la llevara sobre unos periódicos; así sabría que no nos gusta que lo haga en cualquier sitio, sino sobre ellos.
!Cuánto aprende uno, con un animalito tan pequeño!
5 de junio.
Por ser hoy domingo mi hermano, al ir a caminar por el parque junto a mami, se llevó a Kary. Yo quería acompañarlos pero una amiguita me invitó a la celebración de su cumpleaños, en su casa.
Le había contado a ella qué bonita e inteligente era Kary. Ella por poco hace que se la regalara. Hay veces que se aprovechan de la buena voluntad de una o del amor que se siente por el otro. Me dijo que de cumpleaños le regalara mi perrita. Estoy segurísima de que Kary hubiera estado muy bien en su casa. Sin embargo, yo hubiera estado muy triste. Se lo dije a mi hermano y me dijo "vamos a comprarle un peluchito, igual a Kary". Salimos a buscarlo y créanme, lo encontramos. Tan parecidos eran que de no estar inanimado el peluchito, habría creído que era Kary. Se lo regalé y le gustó mucho. Me dijo que le hubiera gustado mucho Kary, pero que sabía que yo la quería mucho y no maltrataría nuestra amistad por ella -me sentí muy aliviada, pensaba que iba a ser uso de nuestra amistad para martirizarme-. Le dijo a su padre que le comprara una. Me dio mucha pena, !lloró tanto al decirme que su padre le había dicho que "no podían tener un perro en un apartamento"!. Que era muy pequeño el espacio para tener un animal en la casa. Ella le dijo que yo tenía uno y que también vivía en un apartamento; en definitiva, le negó el regalo. Me dio más pena aún porque le regaló un Nintendo.
6 de junio.
Mi hermano me contó cómo le fue en el paseo por el parque mirador, junto a mami y Kary.
Dice él que mucho tiempo han caminado por el parque y nunca nadie, excepto amigos que a veces encontraba, le saludaba. Ahora con la perrita a su lado, caminando a veces, en sus brazos otras, todos lo miraban, le preguntaban por la perrita, la mimaban, la cargaban y era alagado por todos.
A mí se me parece esa situación a cuando una madre anda con su bebé, y él sonríe con su carita tan graciosa, estrujando sus manos o extendiéndolas alegremente y luego pasándola por la cara. Abre su boquita, balbucea y muestra sus dientecitos. ¿A quién no le agrada esta vista? Cuantos están cerca, se aproximan y hacen payaserías o gestos graciosos para mantener la alegría de la criatura, que a la vez es alegría de todos. Esa gente no sabe lo ridícula que se ve haciendo tantos gestos raros, o tal vez lo sabe, porque en cualquier otra situación se sentirían ridículos. De una u otra manera, la gente se hechiza o queda embrujada ante situaciones tan sencillas, que nos hacen sentir humanos y con un gran corazón.
Me siento muy orgullosa de tener un animalito tan gracioso, simpático e inteligente. Parece un peluchito. No sé si es porque yo sea una niña porque a fin de cuentas, a todo lo que digo me responden diciendo "tú no comprendes, eres apenas una niña", como si yo fuera tarada, anormal o no tuviera ojos para ver lo que están haciendo mal o bien. Me parece que todos sienten la misma ternura al ver a nuestra Kary, así como al ver un niñito de mi ejemplo.
Cuenta mi madre que mi hermano le dijo, debido a la experiencia de ayer, sus consideraciones respecto al tener un perro, que era estar en un estado muy interesante. Que ella le preguntó qué quería decir y él le dijo que había leído una novela que se llamaba "El Perfume" de un tal Suskind, no comprendo como se aprende esos nombres. En esa novela el protagonista había matado a veinticinco hermosas y jóvenes doncellas -me huele a cuento de hadas-, había tomado el aroma que despedía cada una de ellas y logró un perfume de una perfección tan grande que "el mundo se rindió a sus pies a rendirle tributos y a amarlo", y que hasta el padre de la última doncella asesinada, por cuya muerte había sufrido mucho, se humilló ante él y que hasta quería adoptarlo como hijo.
Le pregunté a mi madre qué tiene que ver un asesino con nuestra perrita, pues no podía comprenderlo. Ella me dijo que mi hermano no estaba relacionando los asesinatos, pues éstos aunque habían sido horribles, habían sido un medio para llegar a la perfección, sino la situación que se presentó ante los que iban a guillotinarlo, ya que al perfumarse, todo lo que era maldad, afrenta y venganza se convirtió en amor, placer y entrega.
Yo la verdad no comprendí la anécdota, creo que era muy profunda para mí. Me parece, a mi limitado entender, que eso debe tener algo que ver con aquello que siempre dice la gente "el fin justifica los medios". Creo que es un tanto cruel la situación.
El hecho es que mi hermano se sentía perfumado por el magnífico aroma que emitía el perro, ¿a un vaho perruno llamarlo perfume?. Tal vez, lo que quería decir, es que a todos gustaba tanto el perrito que como un buen perfume, embrujaba a quienes le gustaba la ternura de su mirada. Complejo, ¿no?
7 de junio.
Estoy asombrada de cómo se aprende tanto en tan poco tiempo y, siempre y cuando, estamos entusiasmados.
Siempre he oído a Ernesto decir, que nunca se termina de aprender; y de hecho, a medida que vamos aprendiendo y nos admiramos de este aprendizaje, queremos aprender más. También le he oído decir que aprendemos más de quien más admiramos. Creo que mencionó a un autor de donde leyó eso, un griego o romano qué se yo, Séneca tal vez.
Una vez mi madre me leyó un libro de la Biblia, creo que se llama el Eclesiastés. Este libro es un poco depresivo. Parece que el individuo, que se llamaba el predicador, y que mi madre dijo era Salomón, "hombre más sabio -según ella- no ha existido sobre la tierra"; estaba en un estado mental tan malo, que no veía, a pesar de su mucha sabiduría, lo bello que era tener un lorito sobre la mano comiendo alpiste o ver el sol al amanecer o la sonrisa de un niño o las travesuras de una perrita como la mía. Temo hablar de estas cosas, mi madre dice que el estar en contra de lo que ahí dice es blasfemar e ir en contra de la sagrada sabiduría. El predicador dice todo el tiempo "todo es vanidad, vanidad de vanidades". No obstante aquí lo escribo secretamente, pues sólo yo sé que está aquí. Creo que más blasfemia es mantener mi inquietud en mi pecho que escribirlas en éste, mi diario confidente. Así sólo yo la sabré. Pero no sé de qué me preocupo, pues sólo soy una "pequeña niña mocosa", y este hecho me excusa.
Desconocía el verdadero significado de estas ideas hasta que llegó Kary a habitar entre nosotros. Apenas tiene mi querida Kary una semana conmigo y me he llenado de felicidad, he aprendido cosas que de seguro no hubiera aprendido sin ella. Supongo que mientras más felices estamos, más vivimos las cosas que nos ocurren.
8 de junio.
Mañana mi prima, la Dra. Peñalba, me pasará a buscar para llevarme a pasar unos días en su casa. Dejaré a Kary junto a mami. Mi prima tiene un bebé más bello que una rosa bañada de rocío, al salir de su botón, en la mañana. Yo creo que, en verdad, lo uno no es más bello que lo otro. Ambos tienen su belleza, y nos hacen sentir hechizados.
A veces creo que voy a morir del corazón, puesto que éste siempre está embelesado y latiendo, con una dulce prisa, al momento en que tengo estas extrañas ideas o veo esos interesantes sucesos.
Aparte del bebé mi prima tiene una perrita tan graciosa como Kary. Ella le llama Lasie, como la de la película. Aunque creo que desde el punto de vista del tamaño, el nombre le queda grande, desde el punto de vista de la ternura que expresa no sabría decir cuál lo sería más.
Mi prima vive en la playa, el lugar donde más me gusta estar. Se siente una tan libre siendo acariciada por la brisa, rociada por la espuma del mar contra las rocas. Pero me disgusta mucho cuando la arena es levantada en remolinillos por la brisa, pues se me introduce en los ojos, provocándome muchas molestias.
13 de junio.
He llegado temprano de la casa de mi prima. Me dejó antes de ir a su trabajo.
Aunque he llamado desde el día en que me fui a casa de ella para saber como estaba Kary. Por más respuestas agradables que me daban, la sensación de estar lejos de ella no era nada reconfortante. Cuando estamos lejos de las cosas que queremos nos entra una nostalgia, sentimos que nuestro corazón llora. Así me sentí, aún cuando el bebé de mi prima se comportó de manera muy graciosa mientras yo estaba junto a él. La perrita que tienen, es tan graciosa como Kary, yo la cargaba con mucha alegría y la cosquilleaba.
Hoy salí con Kary al parqueo y los niños se acercaban a mí para acariciarla y quererla.
Ya creo que está bueno de tanta leche tibia, se lo dije a Ernesto y estuvo de acuerdo. Salimos en la tarde al super y compramos, entre otras cosas: alimento para cachorros, mi hermano buscó el mejor, Pedigrí, una funda mediana, "para un mes por lo menos"; también tomé una vasija para echar la comida; champú para bañarla y cepillo.
14 de junio.
Carmelo, mi otro hermano, salió hoy con Kary. Tiene él unas formas muy ásperas al querer. Toma a uno y le abraza como un oso. Le estruja a uno la cara, hala las mejillas y besa con fruición. Cuanta brusquedad hay en él.
Asimismo quiere a la perrita, y ella, muy zalamera por cierto, antes que huirle se le acerca y retoza sonriente con él. Es media masoquista ella. Pero no dudamos que tras cada brusco abrazo, Carmelo encierra el más grande amor. Es tan sensible cuando tiene que serlo, y tan irascible en ocasiones. Yo lo quiero mucho también. Pues él salió con ella y duró casi dos horas fuera de la casa. Cuando llegó me contó con mucha alegría, que gracias a Kary fue víctima de tanto aprecio y atención por parte de las vecinitas del área, que de ahora en adelante iba a salir con ella todos los días.
El le llama "imán". Y no crean que es por los individuos éstos del oriente, que se mantenían espiritualmente unidos a su Mahoma. No, es por el gran poder de atracción que tiene. Es acaso posible que una cosita tan pequeñita pueda tener en los demás un efecto tan grande. Kary demuestra que así es.
15 de junio.
Creí que al darle su alimento, debido a lo pequeño de sus dientes, no comería. Me equivoqué. En cada momento me demuestra cuán inteligente es.
El alimento que compramos parece como cereal para perros. Viene en pequeños granos, que creía yo eran muy duros para los dientecitos de Kary. Me equivoqué. Tomó los granitos, que estaban tostaditos, y los comió sin la menor molestia, antes por el contrario, con mucha satisfacción. Le gustó mucho el alimento. Yo probé el alimento. Me gustó.
16 de junio.
Los veterinarios así como los doctores provocan en mí un miedo tan grande. Supongo que así debe sentirse mi padre con respecto al mecánico. Cada vez que él le lleva el carro siempre lo deja. Y lo más penoso del asunto es que le dicen "venga mañana a buscarlo" y así lo mantienen por una semana; !y cuidado!. Luego, cuando por fin se lo entregan, le cobran tanto dinero que para no explotar respira resollando pasándose la mano por su gran calva.
Pero son un mal necesario.
Hoy llevamos a Kary al veterinario. Me da un temor el llevarlo, pero Carmelo me acompañó.
Ellos, los veterinarios, están dizque capacitados para conocer los problemas que tienen. Ernesto me contó que leyendo una novela "De Amor y Otros demonios" de Márquez, un personaje llamado Abrenuncio, hombre muy culto, ateo y doctor; se quejaba porque tenía mucho trabajo cuando un colega inexperto le ponía las manos a un paciente. Estoy de acuerdo que no todos los doctores son unos irresponsables, inexpertos y crueles practicantes. Sin embargo, más bien son la excepción a la regla, que la regla misma.
Una vez donde el veterinario nos preguntaron si queríamos que le inyectaran !siete vacunas!. !Doctor -le pregunté- y ella podría soportar que la puyaran siete veces!. Siempre me pongo en el lado de los sufridos y yo misma no lo resistiría. !Qué doctor es éste!
También me preguntó que si quería cortarle el rabo. Lo miré con toda la rabia que podía. Cortarle el rabo. Me dijo que "les crece mucho el rabo y si no se cuida bien se les enferma". Di un no rotundo a ambas cosas. Y me descontrolé, entrándome ganas de llorar. Mi padre dice que soy una llorona, creo que así es. Pero eso no significa que llore sin motivos. Y es que lloro ante tanta injusticia, crueldad y violencia innecesaria. Si revisamos las estadísticas, y de esto no sé nada, estaría dispuesta a apostar que más personas y animales mueren en manos de un doctor o un veterinarios, por el tratamiento que les llevan, que por muerte natural.
Le dolió mucho la inyección. También le dieron algo a lo que llamaron "vermífugo", para los parásitos. Por último me dieron una bolsita con alimento para cachorros "pruebe este alimento, es bueno y mucho más barato que el que le están dando".
17 de junio
Le eché en su tazón, el contenido de la bolsita que me había dado el veterinario. La probé y me pareció un tanto amarga y con un sabor muy marcado a pollo. No me gustó.
Kary, tampoco aprobó el alimento antes mencionado. No solo no lo probó, sino que mientras estuvo en su plato no se acercó a él. Me pregunto si será que tenemos gustos parecidos, o si es que quienes hacen los alimentos los hacen pensando que quienes lo comerán serán los animales, y que ellos no tienen buen gusto. Pues Kary sí lo tiene, por lo que veo.
Y la prueba de lo malo que era es, que boté el contenido del plato, le eché el que siempre le hemos dado y "voila" vino con rapidez a comer.
18 de junio
Kary está haciéndose pupú donde le viene en gana. Mi madre dice que la quiere mucho, pero que si se mantiene en esas vamos a tener que regalarla. Me puso esto muy triste.
He puesto periódicos en los rincones que acostumbra "regar" y "adornar".
19 de junio
Cada día está más juguetona. Le hemos dado una toalla vieja, le gusta despedazar lo que llegue a sus garras. También tiene una pelotita, con la que juega muy entretenidamente. Ha intentado subirse a las camas saltando, mas no lo ha conseguido, mas si sigue intentando no dudo que lo logre.
20 de junio
Mi padre se está quejando de que Kary recibe más atenciones de mami que el mismo.
Para mi madre, la llegada de Kary a la casa, así como para el resto de nosotros, ha sido fuente de alegría, curiosidad, cariño y entretenimiento.
Espero que nuestra alegría y entusiasmo dure mucho. No sé porque pero he observado que la felicidad dura poco. Cuando más felices estamos, mas cuidado debemos tener. Creo que la felicidad es como una montaña, se va escalando y escalando hasta llegar a la cima. Cuando estamos en la cima, no hay mayor felicidad y como consecuencia tenemos que bajar. No podemos mantenernos en ella por siempre.
No así es la pena y la tristeza. Usualmente estamos al mismo nivel que ellas. Hace unos días criticaba al Eclesiastés de la Biblia, pero comprendo ahora lo que dice. "Todo es vanidad..."
21 de junio
No sé porque existen determinados signos que nos hacen ser más cuidadosos. Los adultos le llaman superstición.
Me he preguntado muchas veces qué relación tiene una constelación, que está muy lejos de nosotros; o un cometa, que pasa cada cierta cantidad de años; o un viernes trece; o que se sienten trece personas en una mesa a comer. Son cosas que no comprendo pero siempre lo relacionan a la mala suerte.
En mi casa no son la excepción. Mi madre, cuando sueña teme el soñar con dientes o bodas. Mi padre, cuando una mariposa parda, de las grandes, entra en la casa y se mantiene dice que algo malo ocurrirá. Mis hermanos, no muestran ese tipo de supersticiones, pero alguna tendrán...
25 de junio
He estado algo enferma últimamente. Me han tenido que alejar en estos días de mi querida Kary. Parece que me provoca alergia. Menos mal que el problema es temporal. Porque si lo que es fuente de alegría, también me causa pena sería muy contradictorio.
Sin embargo, desde lejos la veo, y la noto !tan bella!.
Cuando camina, !camina con un garbo! Me recuerda el caballo "Victoriano" de mi querido tío, en la finca. Siempre anda con unos caballos, dignos de ser cabalgados. El cuello lo mantienen espigado. La cola la levantan con una gracia y una destreza que provocan deleite en todo el que la ve. "!Son caballos de pura sangre!", dice él cada vez que voy.
Pues veo a Katy, moviéndose como un pura sangre. Se contornea al caminar, levanta su rabo con gracia. Su cabeza la eleva pavoneándose, como consciente de que gusta a todos.
Ernesto me ha dicho, en ocasiones en que he salido con él, al ver una chica que camina con tanta gravedad y fantasmosería "mira esa maldita como camina, consciente de que está acabando; lo peor de todo es que tiene razón..."
30 de junio
Al fin ha terminado mi enfermedad. Estas enfermedades respiratorias son muy peligrosas. Pero he salido ilesa.
Kary, cuando me acerco a ella, me va al encuentro. La cargo, la brinco.
Me alegra ver a mi madre cuando la abraza. Escuchando algún merengue que le gusta la lanza al aire o la levanta por agarrando sus bracitos y dejando los piecitos sobre sus piernas. La mueve de un lugar a otro y su lengüita se mueve con gracia. Y da la impresión de que se está riendo.
Ernesto demuestra con ella su afecto bailando los valses mágicos de J. Strauss. El es enfermo con esa música. Oír esa música llena de gracia, glamour y dulzura es sinónimo a decir que está alegre.
Carmelo, le demuestra su entusiasmo, saliendo con ella y mostrándosela a las vecinitas. "Sólo las mujeres bonitas tienen derecho a tocarla". También la manosea por todos lados y se echa sobre su espalda, esperando que le haga cosquillas.
Yo la abrazo, bailo con ella, la manoseo, la alimento, la baño.
Cuando la he estado bañando, para quitarle esa horrible transpiración perruna, ella lo goza y disfruta.
Qué decirles. Hoy me tocó bañarla y no le gustó nada. Recibí tremendo manotazo y una de las unas fue dibujada sobre mi brazo. Pero la bañé.
1 de julio
Hoy llamó el veterinario diciendo que es tiempo de suministrarle la otra vacuna. ¿Por qué será que me atemoriza tanto la idea de llevarla?
Llamé a Ernesto al trabajo y mientras hablaba con él, Kary dio un salto tan alto que subió a los muebles. Le manifesté que ha estado muy alegre hoy. Le dije lo del veterinario. Y me dijo que en un rato venía, que la llevaríamos juntos. Yo sabiendo, que mi hermano no depende de él sino de su trabajo le dije, que si quería yo podría llevarla. Que tenía dinero, pero que cuando llegara me diera el dinero.
El aceptó. Me vestí, y al salir de la casa vi entrar a través de la ventana una mariposa gigante, de esas marrones que les había dicho mi padre considera son de mal agüero. Nunca he creído en supersticiones, pero me llegó a la mente una frase que le gustó mucho a Ernesto, en un momento en que leía "El nuevo viaje a las Alcarrias" del escritor Cela. Le preguntaron "si creía en las supersticiones" y el respondió "no, pero respeto mucho las casualidades".
Llevé a Kary y el veterinario decidió por sí aplicarle cuatro vacunas; no sé por qué lo hizo, pues la vez anterior preguntó antes de aplicarle la primera. Aunque lo llevé a vacunar.
Lloró mucho. Yo lo acompañé. La enfermera me dijo "no te dejes atemorizar por los perros" y le agarró el hocico con fuerza, de donde salió un gemido, que hasta a atravesó el alma. Limpiaron sus orejitas, introduciéndoles un algodón envuelto en una pinza. También gimió. Le aplicaron las vacunas, muy cerca de la cabeza, y esto no sólo hizo que llegara al más alto grado de sufrimiento, sino que se retorció y se escondió debajo de un escritorio que allí había.
Yo estaba fuera de la habitación donde eso ocurrió porque me había apenado mucho, no sólo no poder defenderla, mas la crueldad que exhibían al tratarla.
La vi salir y esconderse debajo del escritorio. La llamé y no respondió. La saqué entonces. Su lengua estaba amoratada, "qué extraño -dije- siempre la ha tenido roja". El médico me dijo que tal vez le faltaba algo de aire y estaba mareada. Que la llevara a mi casa y la pusiera a dormir y descansar.
Cuando llegué a la casa aún estaba comportándose de manera extraña. La solté para que me siguiera, y se quedaba como mareada. Telefoneé al médico y me dijo que "la mantenga tranquilita". !Oh no -dije- no quiero que muera!
La tomé en mis brazos, y me rechazaba, quería estar suelta. Le daba de comer y ni miraba la comida. Se sentó de una manera extraña, pues la parte superior de su cuello, es decir la parte del lomo anterior a la cabeza, estaba extendida, presentando una ligera curva, como si le doliera esa parte del cuerpo y quisiera flexionarla para evitarlo. Entonces su lengua la tenía fuera, estaba completamente morada. Los ojos dilatados, y no me reconocía. En esta situación la encontró mi hermano al entrar.
Yo no sabía que hacer, estaba impotente. Había llamado tres veces al doctor, y las tres veces me había recomendado el permitir que descanse a la perrita. Yo estaba roja, presintiendo lo peor, lloraba por no poder hacer nada para evitar la desgracia.
Cuando mi hermano entró y vio la perrita, la cargó y notó que respiraba con dificultad, que gemía sin defensa, me pregunté y todo le contesté; aunque no sé si me comprendió, pues estaba en medio de una crisis de histeria.
Tan pronto dije lo propio, me dijo que me vistiera, que la llevaríamos urgentemente a donde el "maldito matasanos de M... ése". Llegamos rápido. El veterinario, al verla en brazos de Ernesto, se la quitó urgentemente y la recostó en una mesa pulida, pero dura, sin ningún tipo de confort.
Entonces fue cuando lo más extraño ocurrió. Mientras estaba sobre la mesa, extendida, comenzó a sangrar. Salía un flujo continuo de sangre desde dentro de su cuerpo. Es obvio que no era de su boca, era de más adentro.
Ella comenzó a convulsionar, gemía y se retorcía como si le clavaran algún instrumento punzante. No lo podía soportar. Y nada de lo que hacía el doctor funcionaba.
Desconfío, por la poca habilidad que exhibía, del doctor. Le inyectaron vitamina K, y no se qué gran cantidad de otras. Buscaba todo tipo de ampollas, las abría y llenaba los émbolos de las siringas. De inmediato las inyectaba. Le metió por su boca un tubo para aplicarle oxígeno, le aplicó suero...
Ante nada somos tan impotentes como ante la muerte.
!Kary!, nuestra adoración, nuestra bebé, la fuente de nuestra felicidad, de mí felicidad, murió.
!Cuánto sufrimiento! cuánta pena hay en mi alma. No puedo contenerme. Mi hermano me abraza. El también está sufriendo, pero no lo muestra. Sus ojos lucen llorosos.
Mi madre llega a la casa. Le decimos lo que ha pasado y su llanto es más amargo que el mío. Preguntó a Ernesto "¿cómo fue?, -balbuceó con tristeza- hace un momento que estaba bien..."
Ernesto respondió que "el médico dijo que la habían dejado caer, pero yo le había respondido !que buscara otra excusa, que la perrita estaba muy bien antes de venir; y que si se hubiera caído habría tenido algún golpe que identificara lo que pasó!; !que él y sus asistentes la habían matado con sus vacunas; por qué tenían que inyectarle tanto!; que no era ningún médico para asegurarlo, pero que seguramente cuando limpiaban las orejas, o al inyectarla habían provocado una hemorragia interna..."
Al final mi hermano dijo "por más argumentos que yo tenga, él siempre tendrá la manera de negarlo, gracias a la autoridad que le da su investidura". En definitiva, el médico nos culpó de haberla dejado caer, a pesar de las lógicas razones de Ernesto.
No he podido dormir y me siento hondamente apenada. Luego de la cena, mi padre me vio llorar y me reprochó "si eso es por un perro por lo que lloras tanto, me imagino con un familiar", yo le respondí "puedes tener la seguridad de que lloraré menos...".
12 de julio
El objetivo de este diario, era relatar mis impresiones sobre Kary. Ahora que se fue no tengo más que agregar. En la casa aún ronda su "perfume", me vibra el corazón al evocar sus saltos, su lengüita, sus tímidos ladridos, su alimento, todo.
Seguramente donde está ahora la pasará muy bien, pues mi abuelito la cuidará como yo la cuidé.
Ahora, cada animalito que veo, las aves, los perros, los gatos, me hacen llorar. Estoy nostálgica, la lejanía en que se encuentra Kary me pondrá así. El problema es que no tengo manera de saber de ella. Sólo puedo decir que su convivencia me hizo vivir momentos intensos. Me ha dado nuevos amiguitos. Doña Elvira, que era tan recelosa y me insultaba tanto, ya no lo hace; me invitó a comer brownie en su casa. Mis amigos y amigas, me quieren más; y he salido de la soledad en que estaba antes de conocerla.
Me dijo una amiguita que "no hay mal que por bien no venga". Creo que comparto esa idea. Porque cada vez que caemos en situaciones difíciles, aprendemos que "nada es nada, todo es vanidad de vanidades".
1 de junio
!Hoy es el mejor día de mi vida!
Luego de más de tres semanas de mi hermano Ernesto haberme prometido un perrito, al fin lo ha traído. No quepo en mí de la emoción. Día tras día le recordaba que cumpliera su promesa y él afirmaba que la cumpliría. No le creí hasta hoy.
!Y qué bello que es! excúsenme que no es un él, es una ella. Aún no sabemos qué nombre ponerle; creo que será "Cremita", por su bello color crema y a sugerencia de mi hermano.
Hoy he renacido, pues estaba muy solitaria. Mi hermanita no está, se fue a estudiar al extranjero. !Tanto la quiero! La perrita me ha motivado mucho. A partir de hoy describiré aquí cuánto viera, oyera y pensara de mi perrita. !Es tan mona!
Le he preparado una camita bien confortable. Espero que le guste.
Es una cachorrita que apenas tiene tres semanas de nacida. Me cabe entre las palmas juntas de mis dos manos. Es su color como el de la arena, bueno, un poquito más parda. Sus patitas son blancas, así como su pecho. Hace tan buena armonía el contraste, que de seguro, a todos gustará. Por lo que dice Ernesto, mi hermano, es una mezcla de poodle con pequinés, y dijo que crecería de cuatro a cinco centímetros más.
Le serví en una pequeña cantina leche tibia, parece que le gusta, luego se recostó en la casita que le preparé.
!Qué regalo más especial me han hecho!.
2 de junio
Despertó esta mañana muy tranquila, y con los ojos llorosos. !Pobrecita!, me pregunto si tendrá pesadillas en las noches. La cargué en mis brazos, y es su pelo tan suave. Le pregunté a mi hermano sobre esto y me respondió que tal vez pasaría unos días tranquila hasta que se adapte a nuestro olor, a nuestro calor: a nuestro hogar. Seguramente es cierto pues yo cuando voy de vacaciones a casa de mi abuelita, siempre extraño los primeros días a mami y a todos en casa.
!Pero yo quisiera que salte, brinque y patalee! Tendré que esperar y, mientras tanto, quererla mucho.
Todos aquí están bien contentos. Tanto, que le hacen mimos, la añoñan y le pasan la mano con cariño. ¿Por qué será que damos más afecto a los animales que a nuestros semejantes? He notado esto en muchas ocasiones, !muy extraño, la verdad que sí!.
Le he servido leche tibia, y !la lame con una rapidez!. Parece que hacía mucho que no comía. No comprendo cómo lo hace, pero así es como bebe. Para un ratito, mira a los lados y vuelve a lamer. Luego va tranquilita a la camita que le preparé y duerme, por un ratito. Me pregunto si será así por siempre de tranquila, o si estará enferma.
3 de junio
Hoy veo que camina con timidez fuera de la habitación. Me acerco a ella y retrocede como asustada. La tomo en mis brazos y paso mi mano por su cabecita. !Qué pequeñita que es! !Es tan tierna!. Me lame los dedos y siento una sensación de dulzura !tan agradable!. Me hace esto sentir tan feliz. !Cuánto la quiero, en tan pocos días! Veo que la querré más todavía.
Camina con tanta gracia que el solo verla me emociona tanto que engrifa mi piel.
Hoy ha bebido también su leche tibia. ¿No se cansará de beber siempre lo mismo? Pregunté a mi madre y me dijo que "es una bebé, y los bebés quieren siempre el calor de su madre, beben mucha leche, es natural". Me dijo también que cuando yo era pequeñita, un poquito más grande que Cremita, ella me alimentaba con mucho cuidado y ternura. Dice que yo bebía mucha leche de sus senos, tanto que ella creía que se los iba a vaciar. Yo me pregunto ¿de dónde sale tanta leche? Porque según ella dice mientras más yo mamaba más leche tenía.
Mi madre le cambió el nombre a Cremita, dice que necesita un nombre de humanos. El nombre que le puso fue Kary. Dice ella que lo sacó del libro de un tal Kundera. !Los nombres del libro y del escritor son tan extraños!, lean: "La insoportable levedad del ser", no sé lo que significa pero suena incomprensible para mí.
Me parece que mi mami la quiere mucho pues la carga y acaricia constantemente. ¿No le hará daño tanto cariño? Bueno de lo que estoy segura es que más daño le haría el golpearla. No sé por qué tenemos tanto temor a querer a los humanos, y a los animales le mostramos tanto afecto. Aunque mi mami siempre me abraza y me acaricia con mucho cariño. Me quiere mucho. Katy; el nombre me gusta, llamé a Ernesto a su trabajo. !Trabaja tanto mi hermano! Bueno, le dije el nombre que le pusimos y no se sorprendió, me dijo que le había extrañado que no hubiera pasado antes. Cuando le pregunté el porqué, me dijo que en el libro del señor ese, la perrita que se llamaba, creo que Karenina, había durado !diez años!, que al final tuvo una mala enfermedad y tuvieron que matarla. No recuerdo qué palabra dijo, pero significaba algo así como "matarla para que no sufriera". Eutanasia, creo que era la palabra. Me dijo que mami se emocionó tanto al leer esa parte del libro que lloró.
Cada cual tiene sus razones para tomar decisiones. Y yo que pensaba que había sido bautizada así porque sí. Pero sabiendo ya el significado, y que evoca tanto cariño y ternura, le llamaré con más razón Kary.
4 de junio
Se levantó muy alegre la perrita. Se acercó a mi cama y se sostuvo en sus dos patitas traseras, recostando las delanteras en los bordes de la cama. Quería como que la subiera o le diera cariño o tal vez tenía hambre. Debido a mi confusión hice las tres cosas, y las tres le agradaron.
Cuando estaba sobre mi cama comenzó a jugar. Parece que le gusta mucho estar entre las sábanas. Las mordía, se movía de un lado al otro, saltaba y hasta dijo su primera palabrita !Jáu! La dijo con cierta timidez, pero sonó juguetona. Le comenté esto a mi hermano Ernesto y dijo que Desy el personaje de un libro llamado "La Pasión Turca" de Gala, al oír a su perrito Trajín ladrar la primera quería saber, que habría dicho. Nunca comprendo las extrañas relaciones de ideas que hace mi hermano con sus libros. Mi madre llegó en ese momento y me dijo que no la subiera a la cama, pues luego se acostumbra a estar sobre ella y muerde las sábanas, almohadas, y hasta se haría pupú y pipí. Creo que mi madre tiene razón.
Aún hoy le di su leche tibia.
Ultimamente, se está haciendo pipí en todos lados. Mi hermano me dijo que estuviera con ella todo el tiempo y cuando notara que estaba haciendo sus necesidades, le diera un golpe "suave, pero firme" en su naricita -no entiendo eso de "suave pero firme" pero, qué más da-, y la llevara sobre unos periódicos; así sabría que no nos gusta que lo haga en cualquier sitio, sino sobre ellos.
!Cuánto aprende uno, con un animalito tan pequeño!
5 de junio.
Por ser hoy domingo mi hermano, al ir a caminar por el parque junto a mami, se llevó a Kary. Yo quería acompañarlos pero una amiguita me invitó a la celebración de su cumpleaños, en su casa.
Le había contado a ella qué bonita e inteligente era Kary. Ella por poco hace que se la regalara. Hay veces que se aprovechan de la buena voluntad de una o del amor que se siente por el otro. Me dijo que de cumpleaños le regalara mi perrita. Estoy segurísima de que Kary hubiera estado muy bien en su casa. Sin embargo, yo hubiera estado muy triste. Se lo dije a mi hermano y me dijo "vamos a comprarle un peluchito, igual a Kary". Salimos a buscarlo y créanme, lo encontramos. Tan parecidos eran que de no estar inanimado el peluchito, habría creído que era Kary. Se lo regalé y le gustó mucho. Me dijo que le hubiera gustado mucho Kary, pero que sabía que yo la quería mucho y no maltrataría nuestra amistad por ella -me sentí muy aliviada, pensaba que iba a ser uso de nuestra amistad para martirizarme-. Le dijo a su padre que le comprara una. Me dio mucha pena, !lloró tanto al decirme que su padre le había dicho que "no podían tener un perro en un apartamento"!. Que era muy pequeño el espacio para tener un animal en la casa. Ella le dijo que yo tenía uno y que también vivía en un apartamento; en definitiva, le negó el regalo. Me dio más pena aún porque le regaló un Nintendo.
6 de junio.
Mi hermano me contó cómo le fue en el paseo por el parque mirador, junto a mami y Kary.
Dice él que mucho tiempo han caminado por el parque y nunca nadie, excepto amigos que a veces encontraba, le saludaba. Ahora con la perrita a su lado, caminando a veces, en sus brazos otras, todos lo miraban, le preguntaban por la perrita, la mimaban, la cargaban y era alagado por todos.
A mí se me parece esa situación a cuando una madre anda con su bebé, y él sonríe con su carita tan graciosa, estrujando sus manos o extendiéndolas alegremente y luego pasándola por la cara. Abre su boquita, balbucea y muestra sus dientecitos. ¿A quién no le agrada esta vista? Cuantos están cerca, se aproximan y hacen payaserías o gestos graciosos para mantener la alegría de la criatura, que a la vez es alegría de todos. Esa gente no sabe lo ridícula que se ve haciendo tantos gestos raros, o tal vez lo sabe, porque en cualquier otra situación se sentirían ridículos. De una u otra manera, la gente se hechiza o queda embrujada ante situaciones tan sencillas, que nos hacen sentir humanos y con un gran corazón.
Me siento muy orgullosa de tener un animalito tan gracioso, simpático e inteligente. Parece un peluchito. No sé si es porque yo sea una niña porque a fin de cuentas, a todo lo que digo me responden diciendo "tú no comprendes, eres apenas una niña", como si yo fuera tarada, anormal o no tuviera ojos para ver lo que están haciendo mal o bien. Me parece que todos sienten la misma ternura al ver a nuestra Kary, así como al ver un niñito de mi ejemplo.
Cuenta mi madre que mi hermano le dijo, debido a la experiencia de ayer, sus consideraciones respecto al tener un perro, que era estar en un estado muy interesante. Que ella le preguntó qué quería decir y él le dijo que había leído una novela que se llamaba "El Perfume" de un tal Suskind, no comprendo como se aprende esos nombres. En esa novela el protagonista había matado a veinticinco hermosas y jóvenes doncellas -me huele a cuento de hadas-, había tomado el aroma que despedía cada una de ellas y logró un perfume de una perfección tan grande que "el mundo se rindió a sus pies a rendirle tributos y a amarlo", y que hasta el padre de la última doncella asesinada, por cuya muerte había sufrido mucho, se humilló ante él y que hasta quería adoptarlo como hijo.
Le pregunté a mi madre qué tiene que ver un asesino con nuestra perrita, pues no podía comprenderlo. Ella me dijo que mi hermano no estaba relacionando los asesinatos, pues éstos aunque habían sido horribles, habían sido un medio para llegar a la perfección, sino la situación que se presentó ante los que iban a guillotinarlo, ya que al perfumarse, todo lo que era maldad, afrenta y venganza se convirtió en amor, placer y entrega.
Yo la verdad no comprendí la anécdota, creo que era muy profunda para mí. Me parece, a mi limitado entender, que eso debe tener algo que ver con aquello que siempre dice la gente "el fin justifica los medios". Creo que es un tanto cruel la situación.
El hecho es que mi hermano se sentía perfumado por el magnífico aroma que emitía el perro, ¿a un vaho perruno llamarlo perfume?. Tal vez, lo que quería decir, es que a todos gustaba tanto el perrito que como un buen perfume, embrujaba a quienes le gustaba la ternura de su mirada. Complejo, ¿no?
7 de junio.
Estoy asombrada de cómo se aprende tanto en tan poco tiempo y, siempre y cuando, estamos entusiasmados.
Siempre he oído a Ernesto decir, que nunca se termina de aprender; y de hecho, a medida que vamos aprendiendo y nos admiramos de este aprendizaje, queremos aprender más. También le he oído decir que aprendemos más de quien más admiramos. Creo que mencionó a un autor de donde leyó eso, un griego o romano qué se yo, Séneca tal vez.
Una vez mi madre me leyó un libro de la Biblia, creo que se llama el Eclesiastés. Este libro es un poco depresivo. Parece que el individuo, que se llamaba el predicador, y que mi madre dijo era Salomón, "hombre más sabio -según ella- no ha existido sobre la tierra"; estaba en un estado mental tan malo, que no veía, a pesar de su mucha sabiduría, lo bello que era tener un lorito sobre la mano comiendo alpiste o ver el sol al amanecer o la sonrisa de un niño o las travesuras de una perrita como la mía. Temo hablar de estas cosas, mi madre dice que el estar en contra de lo que ahí dice es blasfemar e ir en contra de la sagrada sabiduría. El predicador dice todo el tiempo "todo es vanidad, vanidad de vanidades". No obstante aquí lo escribo secretamente, pues sólo yo sé que está aquí. Creo que más blasfemia es mantener mi inquietud en mi pecho que escribirlas en éste, mi diario confidente. Así sólo yo la sabré. Pero no sé de qué me preocupo, pues sólo soy una "pequeña niña mocosa", y este hecho me excusa.
Desconocía el verdadero significado de estas ideas hasta que llegó Kary a habitar entre nosotros. Apenas tiene mi querida Kary una semana conmigo y me he llenado de felicidad, he aprendido cosas que de seguro no hubiera aprendido sin ella. Supongo que mientras más felices estamos, más vivimos las cosas que nos ocurren.
8 de junio.
Mañana mi prima, la Dra. Peñalba, me pasará a buscar para llevarme a pasar unos días en su casa. Dejaré a Kary junto a mami. Mi prima tiene un bebé más bello que una rosa bañada de rocío, al salir de su botón, en la mañana. Yo creo que, en verdad, lo uno no es más bello que lo otro. Ambos tienen su belleza, y nos hacen sentir hechizados.
A veces creo que voy a morir del corazón, puesto que éste siempre está embelesado y latiendo, con una dulce prisa, al momento en que tengo estas extrañas ideas o veo esos interesantes sucesos.
Aparte del bebé mi prima tiene una perrita tan graciosa como Kary. Ella le llama Lasie, como la de la película. Aunque creo que desde el punto de vista del tamaño, el nombre le queda grande, desde el punto de vista de la ternura que expresa no sabría decir cuál lo sería más.
Mi prima vive en la playa, el lugar donde más me gusta estar. Se siente una tan libre siendo acariciada por la brisa, rociada por la espuma del mar contra las rocas. Pero me disgusta mucho cuando la arena es levantada en remolinillos por la brisa, pues se me introduce en los ojos, provocándome muchas molestias.
13 de junio.
He llegado temprano de la casa de mi prima. Me dejó antes de ir a su trabajo.
Aunque he llamado desde el día en que me fui a casa de ella para saber como estaba Kary. Por más respuestas agradables que me daban, la sensación de estar lejos de ella no era nada reconfortante. Cuando estamos lejos de las cosas que queremos nos entra una nostalgia, sentimos que nuestro corazón llora. Así me sentí, aún cuando el bebé de mi prima se comportó de manera muy graciosa mientras yo estaba junto a él. La perrita que tienen, es tan graciosa como Kary, yo la cargaba con mucha alegría y la cosquilleaba.
Hoy salí con Kary al parqueo y los niños se acercaban a mí para acariciarla y quererla.
Ya creo que está bueno de tanta leche tibia, se lo dije a Ernesto y estuvo de acuerdo. Salimos en la tarde al super y compramos, entre otras cosas: alimento para cachorros, mi hermano buscó el mejor, Pedigrí, una funda mediana, "para un mes por lo menos"; también tomé una vasija para echar la comida; champú para bañarla y cepillo.
14 de junio.
Carmelo, mi otro hermano, salió hoy con Kary. Tiene él unas formas muy ásperas al querer. Toma a uno y le abraza como un oso. Le estruja a uno la cara, hala las mejillas y besa con fruición. Cuanta brusquedad hay en él.
Asimismo quiere a la perrita, y ella, muy zalamera por cierto, antes que huirle se le acerca y retoza sonriente con él. Es media masoquista ella. Pero no dudamos que tras cada brusco abrazo, Carmelo encierra el más grande amor. Es tan sensible cuando tiene que serlo, y tan irascible en ocasiones. Yo lo quiero mucho también. Pues él salió con ella y duró casi dos horas fuera de la casa. Cuando llegó me contó con mucha alegría, que gracias a Kary fue víctima de tanto aprecio y atención por parte de las vecinitas del área, que de ahora en adelante iba a salir con ella todos los días.
El le llama "imán". Y no crean que es por los individuos éstos del oriente, que se mantenían espiritualmente unidos a su Mahoma. No, es por el gran poder de atracción que tiene. Es acaso posible que una cosita tan pequeñita pueda tener en los demás un efecto tan grande. Kary demuestra que así es.
15 de junio.
Creí que al darle su alimento, debido a lo pequeño de sus dientes, no comería. Me equivoqué. En cada momento me demuestra cuán inteligente es.
El alimento que compramos parece como cereal para perros. Viene en pequeños granos, que creía yo eran muy duros para los dientecitos de Kary. Me equivoqué. Tomó los granitos, que estaban tostaditos, y los comió sin la menor molestia, antes por el contrario, con mucha satisfacción. Le gustó mucho el alimento. Yo probé el alimento. Me gustó.
16 de junio.
Los veterinarios así como los doctores provocan en mí un miedo tan grande. Supongo que así debe sentirse mi padre con respecto al mecánico. Cada vez que él le lleva el carro siempre lo deja. Y lo más penoso del asunto es que le dicen "venga mañana a buscarlo" y así lo mantienen por una semana; !y cuidado!. Luego, cuando por fin se lo entregan, le cobran tanto dinero que para no explotar respira resollando pasándose la mano por su gran calva.
Pero son un mal necesario.
Hoy llevamos a Kary al veterinario. Me da un temor el llevarlo, pero Carmelo me acompañó.
Ellos, los veterinarios, están dizque capacitados para conocer los problemas que tienen. Ernesto me contó que leyendo una novela "De Amor y Otros demonios" de Márquez, un personaje llamado Abrenuncio, hombre muy culto, ateo y doctor; se quejaba porque tenía mucho trabajo cuando un colega inexperto le ponía las manos a un paciente. Estoy de acuerdo que no todos los doctores son unos irresponsables, inexpertos y crueles practicantes. Sin embargo, más bien son la excepción a la regla, que la regla misma.
Una vez donde el veterinario nos preguntaron si queríamos que le inyectaran !siete vacunas!. !Doctor -le pregunté- y ella podría soportar que la puyaran siete veces!. Siempre me pongo en el lado de los sufridos y yo misma no lo resistiría. !Qué doctor es éste!
También me preguntó que si quería cortarle el rabo. Lo miré con toda la rabia que podía. Cortarle el rabo. Me dijo que "les crece mucho el rabo y si no se cuida bien se les enferma". Di un no rotundo a ambas cosas. Y me descontrolé, entrándome ganas de llorar. Mi padre dice que soy una llorona, creo que así es. Pero eso no significa que llore sin motivos. Y es que lloro ante tanta injusticia, crueldad y violencia innecesaria. Si revisamos las estadísticas, y de esto no sé nada, estaría dispuesta a apostar que más personas y animales mueren en manos de un doctor o un veterinarios, por el tratamiento que les llevan, que por muerte natural.
Le dolió mucho la inyección. También le dieron algo a lo que llamaron "vermífugo", para los parásitos. Por último me dieron una bolsita con alimento para cachorros "pruebe este alimento, es bueno y mucho más barato que el que le están dando".
17 de junio
Le eché en su tazón, el contenido de la bolsita que me había dado el veterinario. La probé y me pareció un tanto amarga y con un sabor muy marcado a pollo. No me gustó.
Kary, tampoco aprobó el alimento antes mencionado. No solo no lo probó, sino que mientras estuvo en su plato no se acercó a él. Me pregunto si será que tenemos gustos parecidos, o si es que quienes hacen los alimentos los hacen pensando que quienes lo comerán serán los animales, y que ellos no tienen buen gusto. Pues Kary sí lo tiene, por lo que veo.
Y la prueba de lo malo que era es, que boté el contenido del plato, le eché el que siempre le hemos dado y "voila" vino con rapidez a comer.
18 de junio
Kary está haciéndose pupú donde le viene en gana. Mi madre dice que la quiere mucho, pero que si se mantiene en esas vamos a tener que regalarla. Me puso esto muy triste.
He puesto periódicos en los rincones que acostumbra "regar" y "adornar".
19 de junio
Cada día está más juguetona. Le hemos dado una toalla vieja, le gusta despedazar lo que llegue a sus garras. También tiene una pelotita, con la que juega muy entretenidamente. Ha intentado subirse a las camas saltando, mas no lo ha conseguido, mas si sigue intentando no dudo que lo logre.
20 de junio
Mi padre se está quejando de que Kary recibe más atenciones de mami que el mismo.
Para mi madre, la llegada de Kary a la casa, así como para el resto de nosotros, ha sido fuente de alegría, curiosidad, cariño y entretenimiento.
Espero que nuestra alegría y entusiasmo dure mucho. No sé porque pero he observado que la felicidad dura poco. Cuando más felices estamos, mas cuidado debemos tener. Creo que la felicidad es como una montaña, se va escalando y escalando hasta llegar a la cima. Cuando estamos en la cima, no hay mayor felicidad y como consecuencia tenemos que bajar. No podemos mantenernos en ella por siempre.
No así es la pena y la tristeza. Usualmente estamos al mismo nivel que ellas. Hace unos días criticaba al Eclesiastés de la Biblia, pero comprendo ahora lo que dice. "Todo es vanidad..."
21 de junio
No sé porque existen determinados signos que nos hacen ser más cuidadosos. Los adultos le llaman superstición.
Me he preguntado muchas veces qué relación tiene una constelación, que está muy lejos de nosotros; o un cometa, que pasa cada cierta cantidad de años; o un viernes trece; o que se sienten trece personas en una mesa a comer. Son cosas que no comprendo pero siempre lo relacionan a la mala suerte.
En mi casa no son la excepción. Mi madre, cuando sueña teme el soñar con dientes o bodas. Mi padre, cuando una mariposa parda, de las grandes, entra en la casa y se mantiene dice que algo malo ocurrirá. Mis hermanos, no muestran ese tipo de supersticiones, pero alguna tendrán...
25 de junio
He estado algo enferma últimamente. Me han tenido que alejar en estos días de mi querida Kary. Parece que me provoca alergia. Menos mal que el problema es temporal. Porque si lo que es fuente de alegría, también me causa pena sería muy contradictorio.
Sin embargo, desde lejos la veo, y la noto !tan bella!.
Cuando camina, !camina con un garbo! Me recuerda el caballo "Victoriano" de mi querido tío, en la finca. Siempre anda con unos caballos, dignos de ser cabalgados. El cuello lo mantienen espigado. La cola la levantan con una gracia y una destreza que provocan deleite en todo el que la ve. "!Son caballos de pura sangre!", dice él cada vez que voy.
Pues veo a Katy, moviéndose como un pura sangre. Se contornea al caminar, levanta su rabo con gracia. Su cabeza la eleva pavoneándose, como consciente de que gusta a todos.
Ernesto me ha dicho, en ocasiones en que he salido con él, al ver una chica que camina con tanta gravedad y fantasmosería "mira esa maldita como camina, consciente de que está acabando; lo peor de todo es que tiene razón..."
30 de junio
Al fin ha terminado mi enfermedad. Estas enfermedades respiratorias son muy peligrosas. Pero he salido ilesa.
Kary, cuando me acerco a ella, me va al encuentro. La cargo, la brinco.
Me alegra ver a mi madre cuando la abraza. Escuchando algún merengue que le gusta la lanza al aire o la levanta por agarrando sus bracitos y dejando los piecitos sobre sus piernas. La mueve de un lugar a otro y su lengüita se mueve con gracia. Y da la impresión de que se está riendo.
Ernesto demuestra con ella su afecto bailando los valses mágicos de J. Strauss. El es enfermo con esa música. Oír esa música llena de gracia, glamour y dulzura es sinónimo a decir que está alegre.
Carmelo, le demuestra su entusiasmo, saliendo con ella y mostrándosela a las vecinitas. "Sólo las mujeres bonitas tienen derecho a tocarla". También la manosea por todos lados y se echa sobre su espalda, esperando que le haga cosquillas.
Yo la abrazo, bailo con ella, la manoseo, la alimento, la baño.
Cuando la he estado bañando, para quitarle esa horrible transpiración perruna, ella lo goza y disfruta.
Qué decirles. Hoy me tocó bañarla y no le gustó nada. Recibí tremendo manotazo y una de las unas fue dibujada sobre mi brazo. Pero la bañé.
1 de julio
Hoy llamó el veterinario diciendo que es tiempo de suministrarle la otra vacuna. ¿Por qué será que me atemoriza tanto la idea de llevarla?
Llamé a Ernesto al trabajo y mientras hablaba con él, Kary dio un salto tan alto que subió a los muebles. Le manifesté que ha estado muy alegre hoy. Le dije lo del veterinario. Y me dijo que en un rato venía, que la llevaríamos juntos. Yo sabiendo, que mi hermano no depende de él sino de su trabajo le dije, que si quería yo podría llevarla. Que tenía dinero, pero que cuando llegara me diera el dinero.
El aceptó. Me vestí, y al salir de la casa vi entrar a través de la ventana una mariposa gigante, de esas marrones que les había dicho mi padre considera son de mal agüero. Nunca he creído en supersticiones, pero me llegó a la mente una frase que le gustó mucho a Ernesto, en un momento en que leía "El nuevo viaje a las Alcarrias" del escritor Cela. Le preguntaron "si creía en las supersticiones" y el respondió "no, pero respeto mucho las casualidades".
Llevé a Kary y el veterinario decidió por sí aplicarle cuatro vacunas; no sé por qué lo hizo, pues la vez anterior preguntó antes de aplicarle la primera. Aunque lo llevé a vacunar.
Lloró mucho. Yo lo acompañé. La enfermera me dijo "no te dejes atemorizar por los perros" y le agarró el hocico con fuerza, de donde salió un gemido, que hasta a atravesó el alma. Limpiaron sus orejitas, introduciéndoles un algodón envuelto en una pinza. También gimió. Le aplicaron las vacunas, muy cerca de la cabeza, y esto no sólo hizo que llegara al más alto grado de sufrimiento, sino que se retorció y se escondió debajo de un escritorio que allí había.
Yo estaba fuera de la habitación donde eso ocurrió porque me había apenado mucho, no sólo no poder defenderla, mas la crueldad que exhibían al tratarla.
La vi salir y esconderse debajo del escritorio. La llamé y no respondió. La saqué entonces. Su lengua estaba amoratada, "qué extraño -dije- siempre la ha tenido roja". El médico me dijo que tal vez le faltaba algo de aire y estaba mareada. Que la llevara a mi casa y la pusiera a dormir y descansar.
Cuando llegué a la casa aún estaba comportándose de manera extraña. La solté para que me siguiera, y se quedaba como mareada. Telefoneé al médico y me dijo que "la mantenga tranquilita". !Oh no -dije- no quiero que muera!
La tomé en mis brazos, y me rechazaba, quería estar suelta. Le daba de comer y ni miraba la comida. Se sentó de una manera extraña, pues la parte superior de su cuello, es decir la parte del lomo anterior a la cabeza, estaba extendida, presentando una ligera curva, como si le doliera esa parte del cuerpo y quisiera flexionarla para evitarlo. Entonces su lengua la tenía fuera, estaba completamente morada. Los ojos dilatados, y no me reconocía. En esta situación la encontró mi hermano al entrar.
Yo no sabía que hacer, estaba impotente. Había llamado tres veces al doctor, y las tres veces me había recomendado el permitir que descanse a la perrita. Yo estaba roja, presintiendo lo peor, lloraba por no poder hacer nada para evitar la desgracia.
Cuando mi hermano entró y vio la perrita, la cargó y notó que respiraba con dificultad, que gemía sin defensa, me pregunté y todo le contesté; aunque no sé si me comprendió, pues estaba en medio de una crisis de histeria.
Tan pronto dije lo propio, me dijo que me vistiera, que la llevaríamos urgentemente a donde el "maldito matasanos de M... ése". Llegamos rápido. El veterinario, al verla en brazos de Ernesto, se la quitó urgentemente y la recostó en una mesa pulida, pero dura, sin ningún tipo de confort.
Entonces fue cuando lo más extraño ocurrió. Mientras estaba sobre la mesa, extendida, comenzó a sangrar. Salía un flujo continuo de sangre desde dentro de su cuerpo. Es obvio que no era de su boca, era de más adentro.
Ella comenzó a convulsionar, gemía y se retorcía como si le clavaran algún instrumento punzante. No lo podía soportar. Y nada de lo que hacía el doctor funcionaba.
Desconfío, por la poca habilidad que exhibía, del doctor. Le inyectaron vitamina K, y no se qué gran cantidad de otras. Buscaba todo tipo de ampollas, las abría y llenaba los émbolos de las siringas. De inmediato las inyectaba. Le metió por su boca un tubo para aplicarle oxígeno, le aplicó suero...
Ante nada somos tan impotentes como ante la muerte.
!Kary!, nuestra adoración, nuestra bebé, la fuente de nuestra felicidad, de mí felicidad, murió.
!Cuánto sufrimiento! cuánta pena hay en mi alma. No puedo contenerme. Mi hermano me abraza. El también está sufriendo, pero no lo muestra. Sus ojos lucen llorosos.
Mi madre llega a la casa. Le decimos lo que ha pasado y su llanto es más amargo que el mío. Preguntó a Ernesto "¿cómo fue?, -balbuceó con tristeza- hace un momento que estaba bien..."
Ernesto respondió que "el médico dijo que la habían dejado caer, pero yo le había respondido !que buscara otra excusa, que la perrita estaba muy bien antes de venir; y que si se hubiera caído habría tenido algún golpe que identificara lo que pasó!; !que él y sus asistentes la habían matado con sus vacunas; por qué tenían que inyectarle tanto!; que no era ningún médico para asegurarlo, pero que seguramente cuando limpiaban las orejas, o al inyectarla habían provocado una hemorragia interna..."
Al final mi hermano dijo "por más argumentos que yo tenga, él siempre tendrá la manera de negarlo, gracias a la autoridad que le da su investidura". En definitiva, el médico nos culpó de haberla dejado caer, a pesar de las lógicas razones de Ernesto.
No he podido dormir y me siento hondamente apenada. Luego de la cena, mi padre me vio llorar y me reprochó "si eso es por un perro por lo que lloras tanto, me imagino con un familiar", yo le respondí "puedes tener la seguridad de que lloraré menos...".
12 de julio
El objetivo de este diario, era relatar mis impresiones sobre Kary. Ahora que se fue no tengo más que agregar. En la casa aún ronda su "perfume", me vibra el corazón al evocar sus saltos, su lengüita, sus tímidos ladridos, su alimento, todo.
Seguramente donde está ahora la pasará muy bien, pues mi abuelito la cuidará como yo la cuidé.
Ahora, cada animalito que veo, las aves, los perros, los gatos, me hacen llorar. Estoy nostálgica, la lejanía en que se encuentra Kary me pondrá así. El problema es que no tengo manera de saber de ella. Sólo puedo decir que su convivencia me hizo vivir momentos intensos. Me ha dado nuevos amiguitos. Doña Elvira, que era tan recelosa y me insultaba tanto, ya no lo hace; me invitó a comer brownie en su casa. Mis amigos y amigas, me quieren más; y he salido de la soledad en que estaba antes de conocerla.
Me dijo una amiguita que "no hay mal que por bien no venga". Creo que comparto esa idea. Porque cada vez que caemos en situaciones difíciles, aprendemos que "nada es nada, todo es vanidad de vanidades".
Relatos.
En mi vida he encontrado algún desahogo en los relatos y hasta en algún tipo de poesía. A veces pienso que no dicen nada. O son patéticas... Creo que en todo caso, reflejan mi estado de ánimo en la circunstancia en que fueron escritas, lo que significa, que algo dicen. Así que llegó el momento de dar el paso... las publico y Uds. me dirán sus opiniones, un pacto natural entre escritor-lector.
Creo que cuando escribo me inspiro en situaciones que me impactan principalmente. Leí una vez algún libro de Isabel Allende (¿La casa de los espíritus?, ¿De amor y de sombra?), el bien que hacía escribir en momentos de opresión, de ira, de impotencia.
En efecto, he notado que la ira se disipa a través de la escritura. Uno arranca enojado, despotricando lo que te molesta. Luego ese ejercicio te lleva una cierto tipo de cansancio, donde reflexionas, en lo que eres más considerado, más racional y justo con aquello que te enojó...
Me encanta pensar, pero cuánto cansa. Quizás por eso no escriba tanto... Uno queda exhausto.
En fin, publicaré algunos relatos... ustedes coméntenlos o pregunten, trataré de responder lo mejor que pueda.
Creo que cuando escribo me inspiro en situaciones que me impactan principalmente. Leí una vez algún libro de Isabel Allende (¿La casa de los espíritus?, ¿De amor y de sombra?), el bien que hacía escribir en momentos de opresión, de ira, de impotencia.
En efecto, he notado que la ira se disipa a través de la escritura. Uno arranca enojado, despotricando lo que te molesta. Luego ese ejercicio te lleva una cierto tipo de cansancio, donde reflexionas, en lo que eres más considerado, más racional y justo con aquello que te enojó...
Me encanta pensar, pero cuánto cansa. Quizás por eso no escriba tanto... Uno queda exhausto.
En fin, publicaré algunos relatos... ustedes coméntenlos o pregunten, trataré de responder lo mejor que pueda.
Feliz Navidad 2010
Parecería que los únicos días en que recuerdo mis antiguos Blogs son los de Navidad, pero en todo caso deseo Feliz Navidad a nuestros esperanzados lectores, ávidos de que me decida algún día a escribirles con mayor frecuencia... lo intentaré a partir de ahora.
jueves, abril 23, 2009
Lo último en el cine ®: El "TiVo" llega a la Republica Dominicana- Noticias, Videos y Comentarios de Cine y Television
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Saludos:
Para mayores informaciones sobre los servicios de Sky contactarnos a sky@premiumteleservices.com; llamarnos al 809-483-4177 o visite nuestra página sky.premiumteleservices.com.
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lunes, diciembre 29, 2008
Feliz Navidad!
Se supone que la Navidad es un tiempo de felicidad, amor, intimidad e intercambio, sonrisas, alegría...
Pero yo les deseo a Uds. una Feliz Navidad!
Pero yo les deseo a Uds. una Feliz Navidad!
domingo, marzo 23, 2008
Conociendo la herramienta...
Es impresionante la evolución de las herramientas desarrolladas para mejorar nuestra relación con la web.
Esta es una prueba utilizando el writer. Qué bien.
lunes, diciembre 24, 2007
Feliz Navidad!
Feliz Navidad para todos y les deseo que el nuevo Año 2008 sea próspero, lleno de salud y paz.
martes, octubre 30, 2007
De huracanes, meteoros y otras Emergencias
Recien sufrimos las consecuencias de una nueva tormenta: Noel.
Cada vez que pasa un meteoro de estos tiene impacto fuerte en nuestros ciudadanos, nuestras comunidades, nuestro cultivos.
No acabamos de comprender por qué es tan dificil planificar, es decir ser proactivos no reactivos, e incluso publicar documentación en la prensa o brochures, con información de calidad, regionalizada y según las comunidades; para que los ciudadanos sepan en qué refugios guarecerse, los líderes comunitarios a los que acudirían, entrenados previamente por la defensa civil y disponiendo de medios mínimos de comunicación en caso de calamidades (walkies-talkies).
Es tan dificil o costoso hacerlo? Yo no soy experto, sólo utilizo el sentido común. Pero dijo el famoso filósofo español Ortega y Gasset que "el sentido común, no es el más común de los sentidos". No obstante todas las ciencias se basan en dicho sentido común, que es lo que nos distingue dentro del reino animal de los otros miembros: el razonamiento.
Cada quién es vocero de sus funciones, pero nadie integra nada para hacer nada. Pero no vayamos a pensar que no existe una ley o reglamento para el manejo de las emergencias y las catástrofes... todo está legislado, los incumbentes designados y los recursos "me imagino" que consignados en la ley de presupuesto y gastos públicos.
No es un asunto de hoy, es de ayer. Tenemos siglos afectados por estos fenómenos atmosféricos, cada año y cada mes dentro de la temporada ciclónica. Pero el asunto no se toma con la consciencia que requiere. En lo personal desconozco por qué nadie ha ideado un plan? No lo he visto ni oido, quizás existe. ¿Es muy costoso? Con tanta necesidad de empleos, y de responsabilidad social por parte de nuestras comunidades, no creo que sea tan costoso.
En fin, la situación es que no se sabe por qué nadie predijo los posibles efectos de este reciente fenómeno si ya había un precedente en Puerto Rico desde la pasada semana. Se alega que el fenómeno estaba desorganizado: peor; pues indicaba que había una dispersión general que afectaría toda la isla, ya que no indicaba un rumbo fijo. Y eso que decían que a estos fenómenos los denominaban con nombres femeninos, precisamente por eso, pero este lo tenía masculino.
Creo que lo peor no ha ocurrido, aunque situaciones muy graves ya han acontecido. Somos un país con alto riesgo ante este tipo de fenómenos, pero también riesgos sísmicos que entendemos tiene efectos todavía más contundentes...
Ojalá todas estas pérdidas en vidas humanas y materiales, que se producen ante el paso de fenómenos que se presumen de impacto mínimo, sirvan para que alguien tome consciencia y ayude a prevenir de forma más planificada las acciones que deberían tomarse para reducir el impacto en lo social y económico.
Quizás pueda surgir una nueva ONG, si no es que ya existe especializada en estos temas, para que funcione así como han sido creadas para apoyo a la Institucionalidad, la Justicia, las Elecciones y otras ramas del quehacer cotidiano o periódico.
Cada vez que pasa un meteoro de estos tiene impacto fuerte en nuestros ciudadanos, nuestras comunidades, nuestro cultivos.
No acabamos de comprender por qué es tan dificil planificar, es decir ser proactivos no reactivos, e incluso publicar documentación en la prensa o brochures, con información de calidad, regionalizada y según las comunidades; para que los ciudadanos sepan en qué refugios guarecerse, los líderes comunitarios a los que acudirían, entrenados previamente por la defensa civil y disponiendo de medios mínimos de comunicación en caso de calamidades (walkies-talkies).
Es tan dificil o costoso hacerlo? Yo no soy experto, sólo utilizo el sentido común. Pero dijo el famoso filósofo español Ortega y Gasset que "el sentido común, no es el más común de los sentidos". No obstante todas las ciencias se basan en dicho sentido común, que es lo que nos distingue dentro del reino animal de los otros miembros: el razonamiento.
Cada quién es vocero de sus funciones, pero nadie integra nada para hacer nada. Pero no vayamos a pensar que no existe una ley o reglamento para el manejo de las emergencias y las catástrofes... todo está legislado, los incumbentes designados y los recursos "me imagino" que consignados en la ley de presupuesto y gastos públicos.
No es un asunto de hoy, es de ayer. Tenemos siglos afectados por estos fenómenos atmosféricos, cada año y cada mes dentro de la temporada ciclónica. Pero el asunto no se toma con la consciencia que requiere. En lo personal desconozco por qué nadie ha ideado un plan? No lo he visto ni oido, quizás existe. ¿Es muy costoso? Con tanta necesidad de empleos, y de responsabilidad social por parte de nuestras comunidades, no creo que sea tan costoso.
En fin, la situación es que no se sabe por qué nadie predijo los posibles efectos de este reciente fenómeno si ya había un precedente en Puerto Rico desde la pasada semana. Se alega que el fenómeno estaba desorganizado: peor; pues indicaba que había una dispersión general que afectaría toda la isla, ya que no indicaba un rumbo fijo. Y eso que decían que a estos fenómenos los denominaban con nombres femeninos, precisamente por eso, pero este lo tenía masculino.
Creo que lo peor no ha ocurrido, aunque situaciones muy graves ya han acontecido. Somos un país con alto riesgo ante este tipo de fenómenos, pero también riesgos sísmicos que entendemos tiene efectos todavía más contundentes...
Ojalá todas estas pérdidas en vidas humanas y materiales, que se producen ante el paso de fenómenos que se presumen de impacto mínimo, sirvan para que alguien tome consciencia y ayude a prevenir de forma más planificada las acciones que deberían tomarse para reducir el impacto en lo social y económico.
Quizás pueda surgir una nueva ONG, si no es que ya existe especializada en estos temas, para que funcione así como han sido creadas para apoyo a la Institucionalidad, la Justicia, las Elecciones y otras ramas del quehacer cotidiano o periódico.
viernes, agosto 17, 2007
Poesía!
La poesía es la comprensión del todo ¿cómo vas a comunicársela entonces a quien no entiende más que una parte...?
K. Gibrán!
K. Gibrán!
Pensamiento...
El dolor del amor canta, la tristeza del conocimiento habla, la melancolía del deseo susurra y la angustia de la pobreza llora. Pero hay un dolor más hondo que el amor, más sublime que el conocimiento, más fuerte que el deseo y más amargo que la pobreza. Es mudo y carece de voz, y sus ojos brillan como estrellas....
K. Gibrán!
K. Gibrán!
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