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miércoles, junio 28, 2006

El síndrome de Funes: o del conocimiento y la sabiduría

En estos tiempos en que la tecnología nos provee de medios para obtener información rápida y precisa sobre el mercado, la cultura y la sociedad; muchos paradigmas han sido destruidos, aunque otros han emergido.
El reto que nos impone la globalización está en la capacidad y destreza que mostremos al manejar la información disponible para aumentar nuestra competitividad. Los economistas asumen, para el análisis de competencia perfecta o pura, que la información está dada, y que tanto el productor, como el consumidor, saben donde conseguir o la materia prima o los productos terminados a precios que maximicen sus beneficios o utilidades. Esta asunción hasta hace poco era cuestionable, pero con la información disponible a través del Internet, los precios del mercado mundial influirán ampliamente en los precios locales.
Algún elemento dentro de este contexto me lleva a hacer una relación con el relato “Funes, el memorioso”, de Jorge Luis Borges (1899-1986), que forma parte de su libro Ficciones (1944). En él, Borges describe a –Ireneo Funes—personaje que tras sufrir un accidente pierde la movilidad y, en cambio, adquiere una asombrosa capacidad para recordar, con gran precisión, los detalles de las cosas; tanto fotográfica como cronológicamente. Sin embargo, esa precisión, tanto detalle, lo torturaban pues distraía su atención hacia cosas inútiles. Y tan apenado estaba, que en sus tristes horas de lamentos confiesa “mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras”. Finalmente, a quien fue dicha esta confesión, compadecido, reflexionó: “(..) había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos(..)”
Se me antoja pensar que la sociedad no sólo necesita tener el conocimiento de la existencia de tecnología, de saber dónde encontrar información, de tener localizadas las bibliotecas para el estudio, etc. El reto que nos imponen estos tiempos de globalización y tecnología está en el acceso a información fresca para usarla convenientemente, tanto para el éxito del productor como para beneficio del consumidor, tanto para fomentar la investigación como para el desarrollo de nueva tecnología. No para quedarnos inertes ante la novedad que nos anega, ante las revoluciones que brotan como vapores. Es más bien un llamado de integración para contribuir, con nuestra capacidad, al bienestar de la sociedad. Innecesario es decir que las reglas del juego deben estar claras. Debe haber instituciones bien definidas. Sólo de esta forma, usando el conocimiento positivamente, podremos evitar ser víctimas del llamado “Síndrome de Funes”.